...EN ELLA ENCONTRARAS LA HISTORIA DE UNA CIUDAD EN INVESTIGACIONES PROFESIONALES Y MINUCIOSAS REALIZADAS POR SU CREADOR
LIC. ANTONIO J. SALDIVIA LANDAETA



jueves, 5 de junio de 2014

El centro social y cultural de Damas de El Tocuyo 1927 - 1950


Fue fundado por Isabel de Torrealba, El 13 de noviembre de 1927 el Centro Social de Damas, cuyo objetivo  fundamental era el de impulsar la cultura y llevar a cabo actos filantrópicos en la sociedad tocuyana. y funcionó hasta los  años cincuenta, convirtiéndose en uno de los más importantes centros de  beneficencia y de acción social de la localidad, conformados por las damas de las  familias mas acaudalas de la sociedad tocuyana.

      Primera presidenta: Adelaida  Orellana, vice-presidente Romelia Lozada, otras miembros: Carmen Oberto,  Magdalena Garmendia, Romelia Felice, María Rodríguez, Flor de Mesa Tamayo,  Isabel Teresa Sequera. En 1936, el Centro Social de Damas era presidido por  Emilia de León, primera vicepresidente Blanca de Rodríguez, segunda vicepresidente Mercedes Tamayo, secretaria de actas Lola Morles de Sequera,  secretaria de correspondencias Alcira Guédez, tesorera Chavel Carrillo,  bibliotecaria Rita Guédez.  

Así por ejemplo, en septiembre de 1932, se efectuó una importante velada en el  Teatro Municipal de El Tocuyo a cargo del presbítero Bachiller Juan de Dios  Losada y un concierto a cargo de Carlos Bujanda, José Ángel Rodríguez López  bajo la dirección de Lino Zarate Bracamonte. De esa famosa velada artística  literaria fueron recabados 885 bolívares, que según publicación de la tesorería en  el Período el Arado, se destinarían 500 bolívares a la junta encargada de la  reparación de la Iglesia Inmaculada Concepción y los restantes 385 bolívares para  el desarrollo de dicha sociedad de damas. 

Entre las múltiples actividades llevadas a cabo por esta asociación estaba la  organización de peñas literarias, conciertos, festivales, ferias culturales, donde se  resaltaban –fundamentalmente- las destrezas de la mujer morandina.  No cabe la menor duda de que el centro Social de Damas se convirtió por algunos  años en uno de los medios más importantes de la cultura de la mujer de la élite y  el único capaz de organizar actividades para tales fines. De esa manera, el 25 de  septiembre de 1932, Agustín Gil Gil en el periódico “El Arado, escribió un articulo  titulado “SEMBRANDO IDEAS”, donde le propone al Centro Social organizan una  feria de industrias femeninas regionales

“...en el cual puedan concurrir todas las mujeres del distrito que  elaboren algún producto de posible aprovechamiento comercial tales  como amasijos, pastelería, confitería, frutas en conserva, flores  naturales, de papel, tela y cera, tejidos, bordados, camisas, corbatas,  etc. Conviene que todo se ofrezca en venta a precios regulares para  poder conseguir fines prácticos...” (El Arado N.64.Año 1932)

Agustín Gil Gil, pensaba que la región tenía suficientes productos que podían ser  aprovechadas para la comercialización en otras latitudes nacionales, y que dicho  productos podían explotarse mediante compañías anónimas o con otros nombres.  Pensaba además que, este tipo de mercancías podían llevarse a la capital o al  Táchira por el sur con bastantes posibilidades de éxito. Todas estas ideas fueron  acogidas por el Centro Social de Damas y en dicho proyecto fueron  comprometidos a diversos sectores de la sociedad morandina, pero muy  especialmente a la población femenina.  Seguidamente, el 27 de octubre de ese mismo año, el Centro Social anunció las  bases iniciales para un concurso con el propósito de “...estimular la labor industrial  e intelectual de la mujer tocuyana”. Entre los requisitos estaba el que la obra – industrial o artística- pudiera contribuir con la subsistencia personal o familiar, al  mismo tiempo que enriqueciera el patrimonio artístico y literario venezolano. De  esta forma quedaban contempladas no sólo manufacturas sino también piezas  musicales y creaciones artístico-literarias.

Entre otras actividades, el Centro Social de Damas de El Tocuyo, realizaba una  fiesta anual para los niños pobres- generalmente en diciembre- agasajando a no  menos de 300 de ellos. En la realizada el 25 de diciembre de 1932, las palabras  de clausura estuvieron a cargo del poeta Roberto Montesinos y de cuyo discurso  mostramos el siguiente fragmento:

...pobres madres y pobres hijos de un desequilibrio social,  incomprensibles en las democracias suramericanas y solamente  marcado en el brutal egoísmo de torpes sobrevivencia enfrentadas con cráneos sin ideales y corazones sin nobles sentimientos...el hijo;  misteriosa interrogación que contada por Guillermo Valencia, en un  nido de amor será paloma y en un hueco de dolor serás serpiente...y  para vosotros, oh niño!, el cuento de hadas, la canción de cuna y el   beso de vuestra madre en la frente como lucero en el agua dormida.(El  Arado 5 de enero de 1933).



  No cabe la menor duda que el Centro Social de Damas desplazó en importancia  por un tiempo al Club Concordia, debido a las múltiples actividades a fin de  rescatar fondos para actividades de beneficencia y para funcionamiento propio. Si  bien dicho centro estaba conformado en su mayoría por mujeres , y por tanto, ser  visto como una organización elitista, pero no por ello podemos negar que las  iniciativas surgidas en el seno de la misma tendieran a beneficiar a otros sectores  de la población y que en la actualidad sean sólo una historia.

Biografia de Don Arturo Tamayo

Don Arturo Tamayo Yepez

  Arturo Tamayo, nació el 31 de octubre de 1887, junto a su hermano, Miguel José,  fue de los mas importantes promotores del desarrollo cultural y económico de El  Tocuyo de las primeras décadas del siglo pasado, hijo de El connotado y pudiente comerciante Don Migue Tamayo fundador de la  famosa Casa Mercantil "LA TORCAZ" ubicada en El Tocuyo.
  Estudió en el afamado colegio la Concordia de el maetro Egidio Montesino Canelon y se  graduó en 1900. No pudo seguir estudiando por debilidad en la vista desde  nacimiento. Fue presidente de la Junta pro fundación del Colegio Federal en 1924. 


   Miembro fundador y presidente del Club Concordia en 1919 y del cuarto  centenario de la fundación de El Tocuyo en 1945, cofundador de la Cruz Roja, del  Colegio María Auxiliadora, Centro Cultural Doctor Egidio Montesinos Agüero,  miembro fundador del Rotary Club y la Sociedad Bolivariana, promotor del béisbol  en El Tocuyo, fundador del periódico La Torcaz en 1905, del reconocido comercio  con el mismo nombre, fundado por su padre en 1879. Escribió en El Propulsor, El  Tocuyo, El Arado, El Impulso, El Heraldo, El Cojo Ilustrado. 

   Tras la muerte de  Gómez, en 1936, fue presidente de la Asociación de Comercio de El Tocuyo.  Junto a su hermano Miguel José fue regente del Banco de Venezuela y administro  el establecimiento La Torcaz, que funcionó hasta 1950. Además de La Torcaz, los  hermanos Arturo y José Miguel fueron dueños de Almacenes Americano (Sucursal), farmacia La Nueva, botiquín de la Planta de Hielo.

   Ya para 1936, existe una oficina del Banco Agrícola y Pecuario (B.A.P) en El Tocuyo para otorgar  créditos blandos a los agricultores. Esta agencia estuvo presidida en los primeros  años por los hermanos Arturo y Miguel José Tamayo. (RPT. Tercer, folio 77). Fue  diputado a la Asamblea Legislativa y dos veces presidente del concejo municipal.  Murió en un accidente automovilístico, en la vía a Barquisimeto, el 3 de mayo de  1950.

                                                                                   Copilacion: Lic. Antonio Saldivia Landaeta

miércoles, 4 de junio de 2014

FELICE ...Un emigrante Italiano que viajo en el vapor "Auriga" y su llegada a El Tocuyo

 Felice DiGilio, conocido popularmente como "FELICHE" es un comerciante italiano que llegó a esta ciudad el 30 de agosto de 1952. Dos años después del terremoto del 03 de agosto de 1950, sismo que destruyó a esta ciudad colonial.

Se embarca en Nápoles y después de 18 largos días de travesía, llega al Puerto de la Guaira a bordo de del vapor Auriga, junto a más de 1200 paisanos que llegaron a América con la esperanza de un futuro mejor. 
Deja en Bari a su esposa Nicolina y deja un mundo de recuerdos en su natal tierra.

Como todos los inmigrantes italianos se dedicaron a producir bienes y servicios, aquí fueron herreros, soldadores, carpinteros, barberos y constructores. Felice no escapó a esta inclinación y llega a El Tocuyo de la mano del constructor que estaba edificando la quinta de Augusto Anzola. Luego se va a Barquisimeto y trabaja en múltiple ocupaciones, trabaja en la compañía Deyca, una constructora que levantaba los puentes en los llanos de Portuguesa. Después trabaja en la construcción del hospital central de Barquisimeto y también labora como barbero en la barbería Roma de la avenida 20 de Barquisimeto, esta fue su primera profesión en su lejana tierra italiana.

Se viene a El Tocuyo y se traslada a Guarico, allí administra al restorán Cantinguara, que está ubicado cerca de la plaza Bolívar de esa población. Sus primeros clientes fueron unos paisanos que llegaron de Barquisimeto, le piden comida y Felice les dice que sólo tiene un hervido muy bueno de gallina criolla, por cierto esta le costó Bs. 2. Llevó tanta candela el hervido que casi se seca y solo le alcanzó para un servicio, quedó tan concentrado y sabroso que quieren repetir la consumición, con la mala suerte que se secó la olla y no había más. Dice Feliche, menos mal que sabía cocinar espaguetis y con ellos resolví la situación.
No es común en Venezuela el consumo de carne de caballo, en un accidente local atropellan a un caballo y este muere, el cura de la iglesia, un italiano de nombre Macario le dice a Feliche, amigo no podemos perder esa carne, ¿porque no cortamos un pierna y la preparas en tu restorán? Dicho y hecho, Feliche preparó la pierna en invito a las autoridades del pueblo a un almuerzo. Después del almuerzo y a la hora del brindis les pregunta a los comensales que como les pareció la carne, respondieron muy buena la ternera. La sorpresa fue cuando Feliche les dice que comieron carne de caballo, algunas caras se arrugaron, medio bravos, pero algunos de ellos dijeron, bueno no importa si la próxima vez también la prepara Feliche. Asunto resuelto.
Se radicó en El Tocuyo y administró la cantina del club Concordia, allí tiene que haber bregado con los guapos de la ciudad, Diógenes Suárez, Rafael Soto, Jesús Martínez, los hermanos París, los Peralta y los Benítez, entre otros. Compra la alcabala a Cristóbal Torres, la remodela y convierte este sitio en una atracción turística de la ciudad. Este centro fue luego adquirido por Maurito Padrón quien lo administró hasta su retirada a España.
Felice y su esposa Nicolina 

Sus conocimientos de carne los adquiere en esta ciudad, funda la carnicería el Mamón, importante centro expendedor de la carne, allí se relaciona con el pueblo en general. Es comentario general del pueblo, que la mejor carne la vende Feliche y es muy barata. Aunque no todo fue así de fácil en sus comienzos no sabía distinguir una falda de una muchacho y así por el estilo, pero aprendió también esta profesión.
Su esposa Nicolina lo acompaña en toda esta vida y orgullosa dice: tenemos 4 hijos, dos varones y dos hembras y todos nacieron en el hospital de El Tocuyo. Somos abuelos de una gran cantidad nietos todos tocuyanos, según sus palabras.
Todos conocen a Feliche y saben de su gran corazón y la gran solidaridad que siempre lo ha animado. Estos son algunos ejemplos que recuerda Feliche con mucho orgullo:
Surtió de carne al JARDIN DE INFANCIA, por más de 1 año, en un momento de crisis de este centro educativo. Los directivos en un acto de reconocimiento lo nombran padrino de una promoción, recuerda Feliche con orgullo que hace poco tiempo y después de tantos años llegó un ciudadano y le dice bendición padrino, Feliche pegunta ¿y porque?, el ciudadano responde Ud., fue mi padrino en el Jardín de Infancia. Naguará dice Feliche, como buen tocuyano.

Igualmente por más de 1 año ayudó al Asilo San Antonio con huesos y carne para los viejitos que allí viven. Las monjas cada vez que lo veían le decían, Feliche son muchas las bendiciones y rezos que todos los días le dedicamos. Dice Feliche, yo creo que ya tengo bastantes rezos adelantados.
Son tantas las obras sociales que realizó en la ciudad; es nombrado padrino de una promoción en la escuela República Dominicana, le hizo un regalo a cada uno de los 40 integrantes, es invitado al acto y recibió tantos aplausos que Feliche pregunta, ¿a quien aplauden? Los maestros le dicen a Ud. Feliche, se atragantó del susto y le costó mucho decir algunas palabras en el acto.
Quizás muchas personas no saben que fue uno de los principales promotores de la TV en El Tocuyo. Junto a Isabelino Rodríguez y Angelito Padrón patrocinaron la compra de una antena repetidora en Quíbor, esta fue ubicada en el cerro la antena, de esa manera los tocuyanos pudimos disfrutar el mundial de fútbol España 82, llegó la señal de RCTV y todos gozamos ese mundial que para suerte de Feliche Italia quedó campeón y Paolo Rossi fue el mejor goleador del torneo con 6 tantos.
Fue proveedor por más de 35 años de la Fuerzas Armadas Nacionales, guarda como un tesoro los reconocimientos recibidos.

Por coincidencias de la vida, compra la casa de Augusto Anzola, casa que ayudó a construir y la transforma en el primer centro comercial y de oficinas de la ciudad, allí nace el centro Comercial Franca.

Autor ; Prof. Gustavo R. Guzmán

El Telemaco y la emigracion Canaria a Venezuela

EL viajes del "Telémaco"  es el único del que existen algunas fotos como testimonio gráfico y también es conocido por las décimas que sobre su viaje escribió el poeta Manuel Navarro Rolo, nacido en 1907 en Valle del Gran Rey (Isla de Gomera) y  que fue uno de los 171 pasajeros que el 9 de agosto de 1950 se embarcaron en Valle Gran Rey en el citado barco, estas cincuenta décimas forman un  poema épico de una parte de nuestra historia por muchos olvidada. De las cincuenta décimas solo voy a poner tres de ellas bastante significativas

En Taganana embarcó
el Piloto sin ultraje,
el que en este mismo viaje
su nombre inmortalizó,
por lo bien que se portó
demostrando su aptitud.
Náutico de pulcritud
no serás puesto en olvido,
Martín Pérez fue nacido
en el Puerto de la Cruz .

El Piloto no tenía,
ya que tanto fue su empeñó,
del terreno más pequeño
datos de la Geografía,
carta de mar no traía
este joven navegante,
sin tener un comprobante
latitud en que se encontraba
porque el barco no llevaba
corredera ni sextante.

Puso rumbo al Occidente,
es que creía palpable
más los vientos favorables
para ir al Continente

hallar brisas competentes,
nunca procela intención;
creyendo una aberración,
se promovieron disputas,
por ser aquélla la ruta
del Almirante Colón.


También Angel Suarez Padilla escribió un libro sobre este viaje, en su portada se puede ver una de las fotos de la travesía en que se ver lo hacinados que iban los pasajeros
Para conocer un poco como fue este viaje nada mejor que conocer una parte de la entrevista que realizó Daniel Millet a José Chinea, otro de los pasajeros del "Telémaco"

¿Por qué se fue a Venezuela?
- Vivía en Valle Gran Rey. Tenía 31 años. En las calles se escuchaba que se estaba organizando un viaje para Venezuela. En aquel tiempo la vida era imposible en Canarias. Sólo salías adelante si tenías un terrenito donde sembrar y cuidar animales. Encima, había circunstancias que lo complicaban todo. Yo estuve siete años, desde los 18, en el Ejército y el bando franquista me llamó para ir al frente en la Guerra Civil. Estuve en el Ebro. Fue muy duro. Uno pisaba sobre los muertos. Entré muchas veces en combate.

¿Cómo era aquella Canarias?
Daba miedo. La juventud ahora no podría imaginar cómo era aquello. En mi familia escapábamos más o menos porque teníamos unos terrenitos. Se trabajaba de sol a sol y casi todo el mundo estaba relacionado con la agricultura, la ganadería o la pesca. Yo mismo bajaba a la costa en busca de pescado. La comida se daba por raciones. Me acuerdo que los cereales venían de Argentina y se pasaba hambre. Luego me casé y no había forma de mantener a toda una familia. Por eso me embarqué en el Telémaco.

¿Cómo lograron que el Telémaco eludiera los controles?
El alcalde, Salvador Casanova, estaba puesto por Franco, pero él colaboró y un hermano, Jaime, fue uno de los organizadores. Es que en el pueblo éramos una familia y nos ayudábamos unos a otros. En el pueblo lo sabía todo el mundo, pero nadie dijo nada por temor a que se enterara la Guardia Civil. Se dio la casualidad de que el gobernador civil estaba esos días en La Gomera preparando una visita de Franco. Pero Salvador, que sabía lo que estábamos tramando, se lo llevó a comer a Arure para evitar que nos viera. En Valle Gran Rey estaba fondeado un barco de guerra. Nosotros nos hicimos a la mar y esperamos a ver cómo el de guerra pasaba para San Sebastián. Por silbos nos avisábamos de que venía la Guardia Civil o algo iba mal. Los guardias no se enteraban, aunque decían que ya había empezado la telefonía sin hilo.

¿Cuánto pagó?
5.000 pesetas. Era mucho dinero teniendo en cuenta que al día lo más que se ganaba eran siete. Me las prestó un hermano. El que no tenía dinero ponía una vaca, un cochino, papas o lo que fuera. A los animales los mataban allí mismo, en el muelle, y se subían a bordo. Yo embarqué en San Sebastián el 5 de agosto de 1950. Me acuerdo perfectamente. Estaba en casa y me fueron a avisar de que salía el barco. Con la misma, me fui para allá. Sólo llevaba una maletita con unos andrajitos: un pantalón, una muda y más nada. Apenas me dio tiempo de despedirme. Dejé a mi mujer con una hija de dos años. El barco siguió camino cogiendo gente de Agulo, Valle Gran Rey o Hermigua. Y a continuación se fue a Taganana, Tenerife, a buscar al capitán. El capitán quería meter a más gente, pero llegan a dejarlo y no llegamos a Venezuela. Iba tan lleno el barco que te asomabas en la cubierta con un cacharrito y cogías agua. El capitán volvió a tierra y no lo vimos más.

¿Iba con algún permiso?
Ni yo ni nadie. Íbamos sin nada.
¿Cómo fueron los primeros días?
Íbamos tranquilos. Había agua, alimentos y esperanza. Hubo hasta parrandas. Recuerdo que uno de los temas que sonó fue Allá en el rancho grande y canciones así, de la época. Yo no tocaba ningún instrumento ni cantaba. La tranquilidad permaneció hasta que se terminó el combustible No duró muchos días. Entonces, tuvimos que ir a vela, como Cristóbal Colón. Luego vino el temporal. Fue terrible. Perdimos todo lo que había en cubierta: agua, papas, gofio, carne... Las barricas del agua se soltaron pues estaban causando problemas. Se terminaron rompiendo. Recuerdo que había un pastor, Isidoro, que lo pasó especialmente mal. Estaba todo el rato mareado. En la bodega se refugiaron los que cabían, que no eran todos. Pero luego se fueron sumando los que caían a ella por el temporal. No vi nunca nada igual. El huracán llegó por la noche y duró hasta la mañana. Olas, truenos, relámpagos, lluvia... La gente, abajo, pegaba la boca a la madera para coger algo de agua.

¿Dónde estaba usted?
Lo pasé en cubierta. Me ofrecí voluntario a colaborar. No podía estar de pie, porque si no terminaba en el agua. Aguantaba los cabos, retiraba obstáculos, echaba una mano en lo que fuera... Mira que pasamos hambre después. Comíamos gofio que había quedado con gusanos. Hubo gente que mezcló el gofio con agua salada. Yo no tuve esa necesidad porque como iba de ayudante de la tripulación me tocaba un poco más de ración de agua que los pasajeros.

En medio de todo apareció un petrolero español. ¿Les ayudaron?
Sí, el Campante, pero se apartaba cuando nosotros nos intentábamos acercar. Nos dijeron por megafonía que no nos acercáramos y nos indicaron dónde estábamos. Después de la tormenta, quedamos a la deriva. Nos dijeron que fuéramos a Barbados porque era la tierra más cercana. Pero, algunos dijeron que a Barbados no porque eran islas inglesas y nos devolverían a España. La otra opción era Martinica. Hubo una sublevación. Pero, uno de los momentos cumbres se produjo cuando vimos tierra y llegamos a Martinica. Estábamos desesperados y aquello fue tremendo. Nos dieron comida y nos trataron muy bien. Era la primera vez que muchos veíamos a negros. Y se volcaron con nosotros.

¿Cómo los recibieron en Venezuela?
A todos los que llegábamos nos acusaban de comunistas. Eso se los había dicho Franco. En el fondo, no les faltaba algo de razón, porque la mayoría huía de alguna manera de la dictadura. México, tenía simpatías con los republicanos españoles y llegó a reclamarnos. A Venezuela no le quedó más remedio que aceptarnos. Algunos, al llegar a La Guaria, saltaron al puerto para escapar de las autoridades. Muchos volvieron. Nos habían aconsejado que no nos fugáramos. Sólo detuvieron y metieron en la cárcel de Caracas a los marineros. Yo escapé porque a pesar de que les había ayudado, no formaba parte de la tripulación. Me llevaron como a los demás a la isla de Orchila, donde guardaban el ganado en cuarentena.

¿Cómo lo pasaron en Orchila?
Allí había que comer en la costa: lapas, burgados, pescado... Así escapamos. No nos tenían encerrados. Es que no hacía falta que nos vigilaran; no había por donde escapar. Dormíamos donde ponían al ganado, en el suelo y sobre paja. A parte, una vez en semana venía un barco a traernos comida. No estábamos sólo los del Telémaco. Había canarios de otros barcos que habían llegado poco antes que nosotros. Seríamos más de trescientos o cuatrocientos de todas las Islas. Recuerdo a los palmeros del Anita o a los grancanarios del Doramas. Estábamos repartidos en distintos pabellones, todos con las mismas ropas con las que habíamos partido. En mi barco nadie se quedó desnudo, pero por respeto a la muchacha, a Teresa, la única mujer a bordo. Estuvimos allí más o menos un mes. Un día nos vinieron a visitar del gobierno venezolano y nos preguntaron a qué nos dedicábamos. Buscaban agricultores. Entonces fue cuando nos llevaron al Trompillo, al que llamaban hotel de emigrantes, que eran en verdad barracones, para que nos arreglaran los papeles. Y de ahí pasamos a cortar caña a la Central Matilde.
Cuentan que no se adaptaron a las técnicas de corta caña.
Es el trabajo más malo que he hecho en mi vida. No duré más de una semana. Encima de las duras condiciones, nos cobraban tres bolívares diarios por la comida. Nos pagaban una miseria. Hubo un momento en que nos dieron un dinero y cada uno se fue a donde quiso. Yo me fui a Caracas, luego a La Guaira a dar con un concuño mío. Él me consiguió un trabajo en un bar. En el mismo bar dormía y comía. Estuve quince días sin cobrar una perra. Me quedé dos o tres meses y empezaron a pagarme. Entonces, me fui a dar a Caracas con un hermano mío, Antonio, que también vino en el barco y que no aguantó ni un sólo día en la Central Matilde. Él pobre Antonio ya falleció.

¿Qué hizo entonces en Caracas?
Allí me asenté. Me puse a trabajar en una estación de servicio hasta que volví a Canarias. Vine en el 55 en un barco italiano. Regresé al poco a Venezuela, pero ya con mi señora. Ya ahí sí tenía permisos y hasta pasaporte. Dejé aquí a una hija con mi cuñada. En esa segunda ocasión, estuve hasta el 68, trabajando siempre en la estación de servicio. Lo intenté también durante un año en Uruguay, pero allá se ganaba poco. Volví a Venezuela, donde no nos fue mal, cogí unas perritas, me vine para Tenerife, compré un taxi y hasta que me jubilé.

¿Mantiene contacto con los otros supervivientes?
No. Bueno, el otro día llamé a uno que era marino, pero estaba enfermo. Vive por Tíncer, aquí en Tenerife. Ya no quedamos muchos. Cada uno se buscó la vida por su cuenta. Ninguno se hizo millonario, que sepa. Éramos trabajadores. Se ganaba poco, pero los ahorritos se incrementaban cuando volvías por el valor del bolívar. Tuve dos hijos más en Venezuela.

¿Cómo ve la llegada actual de africanos a Canarias en idénticas circunstancias a aquellas?
No critico que vengan ellos. Ahora están mal y hacen lo mismo que hicimos nosotros. Es que a Venezuela fueron barcos y barcos con canarios, todos cargados hasta los topes.


Casa comercial Blohm y sus relacion con El Tocuyo




El comercio con Alemania fue uno de los más prósperos de Venezuela entre los años treinta del siglo XIX y la década previa a la Primera Guerra Mundial. Entre 1837 y finales del siglo XIX, el incremento del valor de ese intercambio superó largamente el 1.000%. 

    Por lo mismo no sorprende que los comerciantes de esa procedencia figuraran entre las firmas más importantes. La firma de los Blohm, o las Casas Blohm, como también se les conocía, alcanzó gran proyección bajo distintas razones sociales desde los inicios de la República. 

  El primer Blohm, Georg Friedrich, se estableció en La Guaira en 1834, después de unos años de actividad en Ciudad Bolívar en sociedad con Juan B. Dalla Costa. Nativo de Hamburgo,y en Barquisimeto en 1890. Blohm había adquirido experiencia mercantil en la isla de Saint Thomas, la cual tenía una intensa relación comercial con Venezuela. En La Guaira instaló una firma bajo la razón social Overmann, Blohm & amp; Cía.


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