...EN ELLA ENCONTRARAS LA HISTORIA DE UNA CIUDAD EN INVESTIGACIONES PROFESIONALES Y MINUCIOSAS REALIZADAS POR SU CREADOR
LIC. ANTONIO J. SALDIVIA LANDAETA



lunes, 28 de julio de 2014

Jose de la Cruz Limardo,, Pintor, miniaturista y médico en El Tocuyo

      
      Hijo de Jacinta Antonia Villanueva y Antonio José Limardo, ebanista de origen florentino que hizo trabajos para la Catedral, el Ayuntamiento, el Convento de Carmelitas y el Tribunal del Real Consulado de Caracas. Los primeros estudios de José de la Cruz los realiza en casa de la madre de José Manuel Zerazo. A los siete años, en 1794, entra en el colegio seminario que dirigía fray Francisco Andújar donde se distingue en dibujo. Limardo recuerda en sus Memorias que se ocupaba de copiar planos de casas que incluso llegaron a construirse, "me ensayé en el dibujo de arquitectura y quedó en mí con esto despierto el genio para este bello arte" (1949, p. 393). Camino a su colegio Limardo recuerda que pasaba por las "casas de los pintores", en el barrio de San Pablo, en la actual esquina de La Gorda: allí conoce al maestro Antonio José Landaeta, a su hermano, al maestro Juan José, al célebre Marcos [Pompa], a Maximiano Ochoa y a Ramón Zurita a quienes ayudó a preparar colores. Limardo asiste al maestro Landaeta en las pinturas de las Monjas Concepciones y San Pablo.

    En 1799 estudia latín como discípulo del vicerrector interino del Seminario, el Dr. José Antonio Montenegro, a quien solía "llevarle frutas pintadas del natural, pájaros en actitud de picar frutas, flores y además alguna lámina o cuadro sacado de las actuales traducciones de Virgilio u Horacio", como un cuadro de Títiro y Melibeo "según los pinta con sus ganados Virgilio en su égloga" (op. cit., p. 394). Escenas de gusto clásico como éstas sólo han sido encontradas en decoraciones murales como las realizadas en la Casa de Boves en Villa de Cura (Edo. Aragua), a finales del siglo XVIII. También realiza como parte de sus trabajos por esos años dibujos para bordados de trajes en muselina, sedas y paños de lana (op. cit., p. 396). En mayo de 1803 entra al curso de filosofía en la Universidad de Caracas, estudia física y matemáticas con instrumentos y dibuja un plano de Caracas que se adelanta al que realizará José Juan Franco para el Cabildo en 1811. Mientras sigue su carrera, Limardo entra con la ayuda del presbítero José Cecilio Ávila a la Academia de Dibujo de Onofre Padroni, "romano de mucha moral y de suma destreza y gusto en la pintura", a quien pagaba seis pesos mensuales. Al poco tiempo, Padroni lo deja continuar sin cobrarle y lo toma como ayudante en pinturas y dibujos. Ambos pintaron las casas de Urbina y del marqués del Toro. Posiblemente también sería llamado a pintar zócalos estarcidos en compañía de sus maestros los Landaeta y Padroni. Entre los condiscípulos de Padroni, Limardo menciona a Juan Lovera.


     Después de cerrarse la Academia, hacia 1805, Limardo sigue sus trabajos, ensaya el retrato en miniatura sobre marfil entre 1806 y 1810, copia el que el maestro Landaeta había realizado del padre Pedro Palacios y Sojo y realiza otros como el de la esposa de Isidoro Quintero, Miguel Barrera, y, en 1807, el de Mr. Punet, un comerciante de Saint Thomas (islas Vírgenes), y hace de memoria uno de Mr. Denker, un célebre flautista, también comerciante de la isla antillana. En 1808, también de memoria, retrata en una caja de rapé al gobernador de Curazao, lord Coburn, a quien había conocido en Maiquetía (Edo. Vargas). Limardo recibe el grado de filosofía el 20 de julio de 1807 y se matricula en medicina, carrera que concluye en mayo de 1810. Ese mes Limardo parte hacia Barquisimeto a encargarse de negocios familiares, pero los avances de Domingo Monteverde, ya en marzo de 1812, lo hacen retirarse a El Tocuyo. En diciembre va a Caracas y se une a las tropas de José Félix Ribas como edecán. Llega a ser secretario de Tomás Lander en Caracas. 
    
      En mayo de 1814 se embarca hacia Curazao, donde ejerce la medicina y realiza varios retratos, entre ellos el de Merced Jugo, Juanita Carvelo, Marthey Rap, la esposa de Juan Elizondo, Dolores Freites y los de algunas damas inglesas, entre ellos la Coronela y Miss Graen, a quien da clases de dibujo. En sus Memorias comenta que desde 1815 le habían sido ofrecidos salvoconductos que no había aceptado, pero la Gazeta de Caracas del 2 de agosto de ese año publica una carta que le envía a Lorenzo Lasa donde habla contra los "fanáticos republicanos" agregando su deseo de regresar. Sin embargo, Limardo sigue hacia Santo Domingo el 25 de noviembre, después que Curazao pasa a manos de los holandeses, allí realiza dibujos de plantas, que regala a Carlos Bertero y recibe el título de médico que no había podido formalizar en Caracas por los avatares de la guerra. Limardo ejerce en Santiago de los Caballeros, luego pasa a Jacmel y Los Cayos en 1821. En Jacmel retrata a Ignacio Ramón Briceño Méndez y, en Los Cayos, a Madama Núñez y a Ignacio Requena y su esposa en miniaturas para medallones. Limardo regresa al país en junio de 1822, llega a Maracaibo, se dirige a Escuque (Edo. Trujillo) y luego a Guanare. En El Tocuyo realiza algunos retratos. En 1829 acompaña a Agustín Codazzi por algunos pueblos y, en enero de 1834, se encuentra en Caracas y se ofrece como médico en la calle del Triunfo, 181 (Gaceta de Venezuela, 7 de junio de 1834).

      Limardo estrecha su amistad con el entonces presidente de la República, José María Vargas, su antiguo condiscípulo, pero después de la Revolución de las Reformas en 1835 que expulsa a Vargas del poder, regresa a Carora. Limardo herborizó muestras, como la Bignonia ophtalmica, que enviaba a Vargas, ya en Caracas, después de su breve exilio en Saint Thomas (islas Vírgenes). También clasifica y estudia especies como la Cinchona tocuyensis. En 1838 descubrió restos de un cuadrúpedo aparentemente antediluviano y envía a Vargas un diente. Hacia 1843 (dos años después de la muerte de Lovera), Limardo escribe sus Memorias. Jose de la Cruz Limardo fallece el 23 de mayo de 1851, en la ciudad que lo acogió El Tocuyo,

 Desafortunadamente ninguna de sus obras ha sido identificada o encontrada, pero el legado escrito de Limardo es de gran trascendencia para reconstruir la actividad artística venezolana de comienzos del siglo XIX.

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