lunes, 2 de diciembre de 2019

Licdo. Antonio J. Saldivia Landaeta Un Tocuyano ..y el mundo de la PALEOGRAFÍA


¿Qué es la paleografía?

Especialista en revision de Documentos
     “La paleografía es la disciplina que estudia la historia de la escritura (y en particular de la escritura a mano) en su diferentes fases, las técnicas empleadas para escribir en distintas épocas, el proceso de construcción de los testimonios escritos y, en fin, los productos mismos de tal proceso, particularmente en su aspecto gráfico, ya se trate de libros, inscripciones, documentos o escritos de naturaleza individual o privada”, Armando Petrucci. 

     Las grafías antiguas y su relación con el estudio de la historia”,  señalo que la paleografía debe ser entendida como la disciplina que estudia las escrituras antiguas, y con la cual se desentrañan no sólo la escritura ajena a nuestro tiempo sino que nos hace asequible el conocimiento para saber cómo se vivía en otra época.

     En palabras según mi criterio “ la paleografía de documentos –en esta ocasión, de los manuscritos novohispanos de índole administrativa, jurídica, política y religiosa–, permiten al investigador de la historia adentrarse y dilucidar ciertas prácticas sociales y culturales de la época virreinal, en otras palabras, al leer lo escrito en el pasado se genera conocimiento que se transforma en ventanas que permiten ver otros periodos y comprender y transformar nuestro presente. Asimismo, reiteró que al plantear la historia y la paleografía para interactuar en el presente y el pasado, se despierta en los estudiantes el interés por conocer cómo se vivió cierto proceso histórico y, sobre todo, descubrir por qué se vive actualmente de determinada manera, puesto que, mediante la historia se intenta explicar el presente”.

    En El Tocuyo tenemos una gran cantidad de manuscritos y varios volúmenes originales del ARCHIVO HISTORICO DEL REGISTRO PUBLICO DE LA CIUDAD, uno de las más antiguos del país  de la época colonial al resguardo del SAREN.

    Para hacer comprensible su contenido, hay que hacerse  una serie de preguntas: ¿Cuándo y dónde se escribió el documento? ¿Quién lo escribió? ¿Por qué se escribió? ¿Para qué se escribió? ¿Cuál es el discurso? Al contestar esas interrogantes –manifestó– se tiene un acercamiento inicial al corpus documental y una primera interpretación
La paleografía debe ser aplicada de manera interdisciplinaria; así, junto con la historia, la antropología, la sociología, la etnología, se tendrá un panorama completo de lo que acaeció en el periodo que se desea comprender.



La transcripción documental y algunas técnica para trabajar 

    El desaliento de algunos investigadores al asumir la tarea de transcripción llega a tal intensidad, que muchos de ellos toman la decisión de desechar la fuente documental que consultan, habida cuenta de no poder acceder a su contenido; dado lo difícil y complejo que pueden resultar muchos manuscritos en términos de su correcta legibilidad. Hay quienes para solventar este escollo no rechazan el documento, sino que vista la imposibilidad de transcribirlo por sí mismos, recurren a la ayuda del especialista paleógrafo o del transcriptor experimentado. Otros investigadores –por fortuna los menos– sencillamente desisten del tema que escogieron inicialmente, y enfilan sus intenciones hacia otra área temática menos problemática y exigente en lo tocante al manejo de los manuscritos; principalmente los de vieja data (siglos XVI y XVII).

   Siendo la necesidad de comunicación algo inherente al ser humano en lo individual y en lo colectivo, parece obvio que se agenciaran por su parte los medios más expeditos para lograr la mayor fluidez en este propósito. Así, el afán de comunicación jalonará siempre el progreso, y el intento es fácil detectarlo: el pápiro, el cálamo y la tinta fueron ayer lo que es hoy el mensaje computarizado, y ambos medios con un mismo fin, según vemos.

  En cualquiera de estos casos, es evidente el cúmulo de problemas que debemos enfrentar y resolver en nuestra tarea de búsqueda de información documental; ya sea para corroborar datos ofrecidos por otros investigadores o para nuestro propio consumo, en la consecución de lo que nos pueda interesar en el desarrollo de nuestro tema de investigación. Ahora, tal conjunto de dificultades no siempre están presentes –con la misma intensidad– en una determinada colección documental que en otra, pues ello variará dependiendo del término cronológico del manuscrito, la escritura empleada, el estado de conservación de los folios y hasta la misma organización y servicio del archivo donde se localiza la fuente.
+  De tal manera que –en términos generales– se pueden estimar estas dificultades en dos tipos, a saber:
 A. Dificultades externas a la escritura.
 B. Dificultades internas a la escritura.

DIFICULTADES EXTERNAS A LA ESCRITURA

     La escritura, considerada quizás el invento más grande del hombre, ha avanzado de manera vertiginosa en lo que concierne a los medios utilizados en su confección y en su difusión; a tal punto que la información escrita se transmite hoy día a velocidades que se miden en millonésimas de segundos entre el ente emisor y el receptor, lo cual no es otra cosa que una demostración palpable del avance científico alcanzado por el hombre en los años recientes. Esencialmente, tal comunicación fue siempre, desde los tiempos remotos, asunto de la mayor importancia, tal cual lo constituye hoy día, con la notable diferencia, comparativamente hablando, de lo complejo y dificultoso que debió resultar para el hombre en ese pasado remoto, el poder perpetuar su memoria con el empleo de signos ideográficos y posteriormente con la invención y adopción de sistemas de escrituras basados en abecedarios.


    Desde tiempos remotos, el hombre procuró perpetuar esa comunicación por vía de la exposición de escenas de caza y de guerra sobre piedra. Los egipcios, expertos en el uso de una extensa simbología, usaron como soportes para dejar memoria de sus vidas una amplia aplicación de jeroglíficos tanto en papiros, como esculpidos o pintados en sus palacios, templos y tumbas. Los romanos, por su parte, hicieron de las tablas de cera, delgadas pieles y el mármol, los materiales sobre los cuales reseñaron sus hechos. Dejando de lado toda consideración sobre el lenguaje escrito que no tenga como soporte el papel, conviene precisar cuáles son los elementos que constituyen lo que he dado en llamar dificultades externas a la escritura. Refieren al estado físico del documento, su debido resguardo y las posibilidades existentes en los repositorios para consultar sin mayores trabas las colecciones de manuscritos que queremos revisar.

    Vale decir, todos aquellos aspectos relacionados con el correcto resguardo de la fuente, en procura de ofrecer el mejor servicio a quien consulta. Es lógico pensar que luego de tantos años de haber sido producidos, los manuscritos antiguos se resientan y muestren, muchos de ellos, evidencias palpables del rigor del paso del tiempo, al observarse el estado material lamentable en el cual se encuentran; circunstancia esta que tiene como elemento catalizador el poco o ningún cuidado que los responsables de la custodia y preservación de estos papeles han demostrado, para la debida salvaguarda de estas colecciones. Manuscritos de los siglos XVI y XVII muestran tales signos de apolillamiento, al extremo de que valiosas piezas como el primer Libro de Actas del Cabildo de Caracas (años 1573-1602) deja ver un tremendo agujero al centro de sus folios, imagen más que demostrativa de cómo se fue dejando “para después” la solución al avance de este terrible flagelo documental. Obviamente, esta es una tremenda dificultad al momento de intentar la lectura y debida transcripción de un escrito como ese u otro en similar estado; dificultad que como podemos apreciar nada tiene que ver con la escritura allí elaborada, pues más bien forma parte de esos aspectos relacionados con el estado material del soporte de esa escritura.

    En ese mismo orden, cabe mencionar que al igual de lo pernicioso que resulta el trabajo de estos agentes animales al corroer con su acción depredadora al documento, también es de suma gravedad el resultado que en muchos manuscritos antiguos ha dejado el empleo de tintas con alto grado de acidez o alcalinidad, que al correr del tiempo han vulnerado fatalmente la consistencia del papel, dejando como resultado grandes “quemaduras” sobre este soporte y en consecuencia sobre lo escrito en él; al extremo de que solamente es posible observar grandes manchas oscuras en muchos renglones escritos, con mayor presencia en aquellas letras que presentan rasgos gruesos.

Documental durante el extenso período de dominación monárquica en América, e inmediatamente caeremos en cuenta de la diversidad de modos de escribir que coexistieron; aún tratándose de la utilización de tipos únicos de escritura, que como bien sabemos fueron tres: cortesana, procesal e itálica con las variantes correspondientes a cada una de ellas.

       De igual consideración y por tanto con la misma dificultad para su correcta lectura, en el traspaso de la tinta de un folio hacia otro, bien tratándose del anverso hacia el reverso, o de una página hacia otra, con la consecuencia de que los trazos de las letras de lo escrito en un lado, se confunden con los trazos de las grafías elaboradas en el otro lado. En sentido contrario, aunque también resulta un obstáculo para la debida comprensión de lo que está escrito, nos encontramos con grafías por demás débiles en su confección, entendiendo por ello la presencia de escrituras sumamente borrosas, huidas, de poca firmeza en su trazado, dado que para su elaboración probablemente se utilizaron tintas cuyos ingredientes carecían de la debida calidad de impresión, y por lo tanto no representaba ninguna garantía de perdurabilidad.

      También las roturas y mutilaciones de los documentos, hecha de manera intencionada o no, constituyen serios problemas para el transcriptor dado que ello no permite la comprensión cabal del texto, más aún si del legajo o expediente se han extraído o extraviado partes contentivas de información importante, como por ejemplo la fecha del escrito, firmas y nombres de personas o lugares, que probablemente no logremos ubicar en otra parte del texto. Queda a criterio del investigador, para solventar un tanto esta carencia, andar con mucho cuidado en el movedizo terreno de la especulación, pero siempre con las debidas advertencias del caso.


DIFICULTADES INTERNAS A LA ESCRITURA

 El producto del acto de escribir está constituido por una especie de tarjeta de presentación, que refleja la característica resaltante de individualidad que identifica a la persona generadora del escrito. Salvo en los casos de aquellas escrituras sometidas a pautas precisas y únicas para su elaboración, lo que las hace siempre iguales aún en los casos de ser facturadas por personas distintas, ha de tenerse presente que este acto es muy personal y por tanto con peculiaridades muy propias de quien lo realiza.

Visto así, el análisis al cual deben ser sometidas estas grafías distintas para su debida comprensión y consecuente lectura, debe basarse principalmente en el estudio de las particularidades de cada caso, de cada escrito, pues sus características son únicas y dicen bastante del tipo de letra empleada, ya angulosa, ya redonda, de la firmeza del instrumento de escribir sobre el papel y de la dirección que se le imprime al manuscrito. A los efectos de esta valoración, y antes de exponer cuáles son las dificultades internas a la escritura, conviene señalar el significado de tres elementos que se aplican en la técnica paleográfica y que forman parte de su terminología:

  • Caja del renglón
  • Ducto 
  • Canon.

       Caja del Renglón
    Está constituida por dos líneas paralelas imaginarias, dentro de las cuales discurre la escritura. La aplicación de este medio de análisis nos permite precisar la dimensión de las letras, en el entendido de poder apreciar así, de una parte, la diferenciación de ellas entre minúsculas y mayúsculas, y de otra parte distinguir más efectivamente los trazos correspondientes de una o varias letras en específico. De este modo, será posible ver más claramente todos aquellos aspectos relacionados con la morfología de las letras, ligazón entre palabras y dirección de los rasgos ascendentes, descendentes o envolventes cuando estos afectan alguna palabra o palabras que se encuentren en los renglones precedentes o siguientes. Es decir, en muchos casos la lectura del manuscrito se torna mucho más difícil, si el ejecutante hizo uso de una escritura sobrecargada de trazos y rasgos a veces superfluos, que sólo con la suficiente paciencia podemos abordar con éxito su correcta lectura.

     
    En términos resumidos, de acuerdo con su dimensión o tamaño, encontramos que las letras están clasificadas en mayúsculas y minúsculas, entendiendo que las primeras son aquellas que conservan una misma altura con respecto a la caja del renglón, siendo su uso arbitrario en muchos documentos, al no sujetarse su aplicación a reglas fijas: “...En cuanto a su empleo, este se reserva, si nos atenemos a las actuales normas de ortografía al inicio de un escrito o después de un punto que cierre una oración, inclusive, tras el uso de los signos de interrogación o admiración. En los documentos antiguos donde no encontramos fijadas tales normas, las letras mayúsculas asumen generalmente la función de siglas; esto es la palabra o palabras consignadas sólo con su letra inicial, pero es de advertir, además, que este tipo de letras suelen aparecer caprichosamente en medio de una dicción dando lugar a confusiones, sobre todo en el modelo de letra procesal, cuya modalidad consiste en anular las diferencias arriba indicadas de los grafismos...”1

    En cuanto a las letras minúsculas, se les reconoce como bien sabemos por ser de menor entidad o tamaño que las mayúsculas. Estas letras poseen dos formas básicas: cortas y largas, siendo las primeras las que constituyen el llamado “cuerpo de la escritura”, el cual queda conformado por las letras que son trazadas dentro de las dos líneas paralelas imaginarias que forman la caja del renglón, por lo cual normalmente ninguno de sus trazos sobresale de esa dirección. Estas minúsculas cortas son las vocales a, e, i, o, u y las consonantes m, n, r, s, v, x.


     En cuanto a las formas de las letras estas dependerán totalmente, como es obvio suponer, del esmero o descuido que el ejecutante haya puesto en su elaboración. Igualmente se supone que este acto tiene como finalidad la de que se pueda leer lo que está escrito, mas pareciera no ser así en todos los casos, puesto que son innumerables los folios manuscritos donde se aprecia que la intención del que escribió hubiese sido la de presentar un escrito enrevesado, muy complejo y por tanto lleno de dificultades para su debida lectura. De acuerdo con el trazado de las letras, estas recibían el nombre de sentadas o redondas cuando su reproducción dejaba ver el mayor cuidado y atención, teniendo estos caracteres cierto grado de belleza y limpieza de lo escrito. En cambio, aquellas escrituras hechas descuidadamente, denotan apresuramiento en quienes las ejecutaron, siendo su característica resaltante el alto grado de cursividad aplicado, sobre estos dos tipos de letras, dice Agustín Millares Carlo que las primeras ”...corresponden a los códices o libros manuscritos, en tanto que las últimas son propias de documentos que se caracterizan por prevalecer en ellos los enlaces de letras...”, y agrega el citado autor: ”...que las influencias de un modelo escritural sobre otro, dio como resultado una escritura mixta que se le da el nombre de semicursiva, que también fue profusamente empleada en la producción de fuentes históricas”2.

    Respecto a las minúsculas largas, se denominan así porque sus trazos ascendentes o descendentes sobresalen de la caja del renglón, dándose el caso de letras de este tipo que pueden presentar en su elaboración ambos trazos, como es el caso de la letra f y a veces de la letra h. Se consideran en el grupo de las altas a las letras h, d, t, l, f, en tanto que las bajas son: y, p, f, z.

      Ducto:
  cuyo significado literalmente es el de guía o dirección. Así entendido, es claro que tal palabra también implica intencionalidad, propósito, es decir, hacia dónde se dirige la acción, que en nuestro caso alude al hecho de la elaboración de la escritura. Como componente de la terminología paleográfica, el ducto significa la manera particular que cada persona da a su propia escritura, es decir, sus peculiaridades, en el entendido de cómo se dirige su propia manera de escribir, la cual es una y única, asaz personal, y en cualquier caso, distinta en muchos aspectos con la producida por manos diferentes:

   Ello constituye una identificación particularísima, donde los giros, rasgos envolventes, trazos ascendentes y descendentes y tamaño de las letras, adquieren una facturación muy propia de quien elabora el escrito, se trata, en resumen: “...del carácter peculiar que cada persona da a sus escritos, que no es otra cosa que la morfología que tiene cada escritura, se pueden encontrar escrituras donde abundan los rasgueos iniciales o finales en cada renglón, otras cuyos elementos son menudos y apretados, también con sus letras muy inclinadas y por último, grafismos que no guardan un paralelismo uniforme dentro de la caja del renglón al acusar en su ejecución una asimetría degenerativa de los caracteres del alfabeto...”3.

   Tanto el término Ducto como el de Caja del Renglón, son expresiones técnicas usadas en Paleografía para precisar – según hemos visto – el movimiento, volumen y firmeza de cada escritura personalizada. Esto es, que lo tenue o fuerte de los rasgos y el uso de elementos decorativos o sin valor, se apreciarán mejor si tomamos en cuenta los términos ya enunciados.


    Canon :
    En la paleografía técnica se utiliza la expresión Canon para significar la existencia de una escritura que para su elaboración se siguieron pautas o normas precisas. De allí que cuando se emplea el término “escritura canonizada” se hace para señalar la presencia de un modelo escritural o modelos escriturales, que aún siendo ejecutados por manos diferentes expresan en la confección de sus grafismos similitudes notables. Se trata de seguir patrones únicos en la ejecución de lo escrito, es decir, siempre se empleará el mismo trazo para un determinado grafismo, lo que haría que el diseño de la letra conserve la misma relación modular (proporción entre altura y anchura), su firmeza y dirección. Generalmente, son tipos de escrituras muy bien cuidadas, resultantes de un tra bajo hecho con esmero, y sin apresuramiento; salvo en aquellos casos donde es observable el paso degenerativo de un modelo hacia otro, como ocurre en el tránsito de la escritura cortesana hacia la escritura procesal. Expuestos resumidamente estos tres elementos de análisis que forman parte de la terminología paleográfica, conviene ahora hacer referencia a lo que en su conjunto he denominado dificultades internas a la escritura, que en esencia representan los obstáculos más comunes que debemos solventar para lograr una efectiva lectura y consecuente transcripción de los documentos que consultamos. Tales dificultades internas se pueden apreciar en unos escritos más que en otros y ello obedecerá, sin dudas, al carácter particular que se imprimió a cada ejecución.
   De allí que podamos ver documentos donde abundan los enlaces indebidos entre palabras, lo que a su vez suprime el abuso en el empleo de abreviaturas; así como también habrá otros manuscritos donde serán escasos esos enlaces indebidos, pero en una elaboración donde se notará el empleo de rasgos inútiles, sin valor alguno, dentro de la escritura.

 Esencialmente, se pueden agrupar estas dificultades en:

 A. Exagerada presencia de abreviaturas.
 B. Enlaces indebidos entre palabras.
 C. Utilización de rasgos inútiles.
 D. Elaboración exagerada de las grafías (trazado exagerado de las letras).
 E. Similitud en el trazado de letras de distintos tipos. Cada uno de estos cinco puntos, representan particularmente una dificultad a superar en la tarea de transcripción, la cual se agudizará si dentro del escrito

miércoles, 13 de noviembre de 2019

Alcides Losada …UN TOCUYANO …POETA,PERIODISTA Y REVOLUCIONARIO

ALCIDES LOSADA

     Hijo de Bartolomé Losada … Alcides losada nace en El Tocuyo en el año de 1894 fue el mayor de los dos  hermanos : Hedilio y Alcides y siendo hijo naturales le dio el apellido .

     Alcides y su hermano Hedilio  llamado “Los hermanos armoniosos” por su finura en las letras poética y muy unidos n todo lo que hacían; Formaron parte de esa época estelar de desarrollo socio cultural y de auge económico y  de la cultura tocuyana, fueron miembros fundadores junto a Pío Tamayo, Roberto Montesinos, Ernesto Nordohof y Rafael Guédez del famoso centro literario denominado; "El Tonel de Diógenes", en 1917.
   Todos compartieron la efervescencia juvenil que los hizo destacar en los años 20 del siglo pasado. Sin duda el mayor aporte que los hermanos Losada dejaron a su ciudad natal fue la creación del periódico "El Tocuyo", que ha sido uno de los de mayor duración y regularidad de los que se hayan publicado en esta ciudad. Allí fungiendo como directores y redactores, y dieron cabida a la más amplia y diversidad de escritores dentro y fuera de El Tocuyo.

   "El Tocuyo" representó, sin la menor duda, en sus casi ocho años de permanencia (1921 - 29), la expresión escrita más importante de la región.
   Con apenas 17 años (1911)  Alcides Losada trabajan en un Periódico en Carora y en 1913 dirigen "El Propulsor" órgano informativo y de promoción del prosapio y selecto centro social llamado “Club Recreativo y progresista” evocando las ideas del positivismo muy en boga para a época y era el  encargado de "La Imprenta Colmenares".

      En 1915, los dos hermanos Losada dirigen, junto a Carlos Zavarce, la revista "Cirano", que salía quincenalmente en Barquisimeto.
 
       Luego vendría "El Tocuyo" pero las labores de este periódico no imposibilitaría continuar con el trabajo por otros medios: en la revista "Juventud", en el "Diario de Carora", "El Impulso" de Barquisimeto, entre otros. Junto a "El Tocuyo", "La Quincena Literaria" serían las obras de mayor trascendencia de los Losada. "La Quincena Literaria", cuya primera etapa nace en 1925, expuso lo más exquisito de la poesía tocuyana y de la región.

      Alcides Losada se convirtió en el cronista de El Tocuyo en los años 20, no solo por sus escritos en los que analizaba y diagnosticaba la situación de la ciudad de la época sino por el tratamiento de la historia, vertidas en sus ensayos y poemas. De los contemporáneos de Pío Tamayo, sin duda Alcides es el más parecido, fue un hombre vibrante, audaz, inquieto, extrovertido, difícilmente se producía algún acto público en cualquier orden, desde una reunión social en las más distinguidas casas de familias de la época, en los clubes sociales, en las actividades benéficas y hasta en una pelea de gallos, donde no estuviera presente. Por ello, al igual que Pío, no pudo soportar las injusticias de la época, lo que lo hizo ponerse en rebeldía en la revolución de Gabaldón en 1929.

     Sobre la personalidad de Alcides, nuestro más grande poeta, Andrés Eloy Blanco, dijo lo siguiente: Alcides era un punto de equilibrio entre el poeta y el paladín. Pero su equilibrio no significa estática. Era la inquietud metida en la serenidad. Aquel es la dedicación más completa que pueda darse a la belleza, al valor y a la preocupación. Y su muerte fue la plenitud. Se marchó dejándonos una palabra de aliento en nombre de la vida (Obras Completas, 1983, p. 416).

   A principios de 1929, supuestamente por problemas financieros, Alcides deja de publicar el periódico "El Tocuyo"; sin embargo, la verdadera causa, parece ser, la decisión tomada de participar activamente en la rebelión encabezada por el General Gabaldón, desde las tierras de Portuguesa, en abril de ese mismo año, pretendiendo tomar El Tocuyo para luego seguir a Barquisimeto. Esta no triunfó, pero luego lo harían en Guanare y durante meses fueron perseguidos en las montañas de Biscucuy. Allí, su inspiración creativa no dejó de funcionar pues en los albores del combate crea el periódico "La Libertad en Marcha". En dicho órgano, expresa las razones de la rebelión: No somos hombres de guerra, amantes del derramamiento de sangre de nuestros Hermanos, ni mucho menos ambiciosos del poder (...)

    Somos una agrupación de hombres de trabajo y estudio, que hasta ayer permaneció ajenos a todo debate y actividad política, pero que al fin, ante la necesidad suprema de la libertad y la prosperidad de la patria arruinada, pasamos a enarbolar la bandera de la rebelión y salir a buscar en el campo de batalla lo que no pudimos obtener en las heroicas batallas del civismo.

     Junto a Gabaldón, Alcides es hecho preso y llevado al Castillo de Puerto Cabello donde permanecería hasta su muerte, producida el 12 de Agosto de 1931, su cadáver por miedo a la propagación de la tifoidea es lanzado al Mar Caribe. La cárcel, tampoco terminó con sus ímpetus literarios. "El toque de Ave María", "El toque de Animas", "La Boina del Estudiante", son solo una demostración de ello. Este último, tal como él mismo lo dice "...es un canto de la nueva era, canto a la libertad"

HEDILIO LOSADA …UN TOCUYANO CON “Alma y Corazon”

       Hijo de Bartolomé Losada …Hedilio nace un diciembe del año 1894 y lamentablemente su ciclo vital fue muy corto, a aun habiendo sido hijo natural les dio su apellido y su afecto paterno. Su madre fue , Eva Dolores Sánchez,  humilde maestra oriunda de Sanare que por años se dedicó a la enseñanza primaria tanto en su ciudad natal como El Tocuyo.

      Hedilio y su hermano Alcides llamado “Los hermanos armoniosos” por su finura en las letras poética y muy unidos n todo lo que hacían; Formaron parte de esa época estelar de desarrollo socio cultural y de auge económico y  de la cultura tocuyana, fueron miembros fundadores junto a Pío Tamayo, Roberto Montesinos, Ernesto Nordohof y Rafael Guédez del famoso centro literario denominado; "El Tonel de Diógenes", en 1917.
       Todos compartieron la efervescencia juvenil que los hizo destacar en los años 20 del siglo pasado. Sin duda el mayor aporte que los hermanos Losada dejaron a su ciudad natal fue la creación del periódico "El Tocuyo", que ha sido uno de los de mayor duración y regularidad de los que se hayan publicado en esta ciudad. Allí fungiendo como directores y redactores, y dieron cabida a la más amplia y diversidad de escritores dentro y fuera de El Tocuyo.
   "El Tocuyo" representó, sin la menor duda, en sus casi ocho años de permanencia (1921 - 29), la expresión escrita más importante de la región.

      Con apenas 17 años (1911) El y su hermano Alcides Losada trabajan en un Periódico en Carora y en 1913 dirigen "El Propulsor" órgano informativo y de promoción del prosapio y selecto centro social llamado “Club Recreativo y progresista” evocando las ideas del positivismo muy en boga para a época y era el  encargado de "La Imprenta Colmenares".
En 1914, con el libro "Alma y Corazón", se hacen ya poetas reconocidos. En 1915, los dos hermanos Losada dirigen, junto a Carlos Zavarce, la revista "Cirano", que salía quincenalmente en Barquisimeto.
      En este mismo año Hedilio Losada escribe un ensayo noveloide titulado "Martin" y un libro de poemas "Las Mujeres y el Amor". En 1917, Alcides junto a Roberto Montesinos redacta la revista "Renacimiento" que dirigía Pío Tamayo.

       Luego vendría "El Tocuyo" pero las labores de este periódico no imposibilitaría continuar con el trabajo por otros medios: en la revista "Juventud", en el "Diario de Carora", "El Impulso" de Barquisimeto, entre otros. Junto a "El Tocuyo", "La Quincena Literaria" serían las obras de mayor trascendencia de los Losada. "La Quincena Literaria", cuya primera etapa nace en 1925, expuso lo más exquisito de la poesía tocuyana y de la región.

Hedilio Losada, quien utilizaba el seudónimo de Yo - duro en sus artículos en el periódico "El Tocuyo", fue un poeta romántico, el amor y la mujer eran los temas centrales de su poesía. Pero también hizo gala del humorismo y de los ensayos  satíricos.

    Además escribió varias obras de teatro. Lamentablemente desde muy joven la debilidad de su corazón venía produciéndose profundos quebrantos de salud, que lo llevaron a la muerte el 17 de Octubre de 1926. Apenas tenía 31 años de edad, pues había nacido en diciembre de 1894. Una de sus últimas "aventuras", fue en semana santa, junto a su hermano, su primo Elías Losada corrales y Roberto Montesinos por vías de Sanare y Cubiro buscando sus orígenes y los destinos del fundador de Caracas Diego Losada.

     Nuestro gran poeta y gran periodista y visionario muere a temprana edad con tan solo 31 años en la ciudad Natal de El tocuyo …y fue enterrado con todos los honores y un gran discurso de s padre Don Bartolome Losada ..Sus resto reposan en el cementerio municipal de El Tocuyo …

sábado, 12 de octubre de 2019

Agustil Gil Gil Periodista y un gran tocuyano Don Francisco Suares y Don Arturo Tamayo Yepes fue la junta que organizo,selecciono y logro la creación de la célebre GALERÍA DE TOCUYANOS ILUSTRES 1945

   

  Una de las grandes  iniciativas de la  junta pro–celebración del Cuatricentenario de la ciudad en el año 1945 y su Presidente J. R. Colmenares fue la de crear en esta, Galería de Tocuyanos ilustres y meritorios.
    Con el fin de resaltar la obra de algunos eminentes hombres de esta tierra, citamos parte de las declaraciones suministradas por el Presidente de la Junta Pro–Tocuyo con motivo de las fiestas de la ciudad, aparecidas en la monografía de El Tocuyo en sus 400 años de su fundación:
   
 - "En medio de las muchas festividades no parece de justicia el que se dedique un día, que podría llamarse “Día del Homenaje”, para rendir admiración a los muchos tocuyanos ilustres ya desaparecidos.
Vale destacar que allí funcionó por más de 60 años la administración local de este Municipio; siendo este uno de las sedes de casas Municipales más hermosas del país.
Así lo reseña:
Y muy bien quedará en la sala del Consejo Municipal o la Casa de Cultura que recientemente y con gran acierto acaban de decretar el Ejecutivo Federal, se organizase una Galería de Tocuyanos Ilustres y Meritorios. Sería un claro exponente de Justicia y un elocuente ejemplo para las generaciones presentes y venideras".
   
    De los cuales después de aceptado el pedimento, se procedió a nombrar una comisión que se encargara del Estudio de los eminentes hombres tocuyanos que pertenecerían a tan importante galería. Dicha Comisión fue presidida por los señores Agustín Gíl Gíl, Francisco Suárez y Arturo Tamayo el cual elaboró un informe que presentaría a la Junta dando los nombres de los seleccionados para tan relevante posición.

El informe los transcribimos completo seguidamente:
Informe de la Comisión
El Tocuyo, 15 de Noviembre de 1945
    
Señor
Presidente de la Junta Pro–Tocuyo
Ciudad.
Los suscritos, integrantes de la Comisión encargada de hacer el estudio y de seleccionar a aquellos Tocuyanos que por sus obras sean dignos de figurar en la Galería de Tocuyanos Ilustres, rendimos nuestro informe en los siguientes términos:
A continuación damos a usted la nómina de los Tocuyanos que a nuestro Juicio deben ser llevados a la dicha Galería. Pudiera ser, por supuesto, que en esa lista se haya podido omitir el nombre de algún otro de tan iguales méritos como el de los aludidos. En tal caso, desde ahora advertimos que tal omisión deben interpretarse como un olvido involuntario, y, para ese caso, nos tranquiliza el pensar que un mañana muy próxima, cuando ya esa galería esté bajo el cuidado y vigencia del Ilustre Consejo Municipal, podrá haber oportunidad para enmendar cualquier falla. La lista a que hemos hecho mención es la siguiente:

Coronel Pedro Montesinos

General Trinidad Morán

Don Egidio Montesinos Canelón

Licenciado José María Lucena

Dr. Espíritu Santo Gíl

Dr. Gabriel Gíl

Dr. José Gíl Fortoul

Dr. Lisandro Alvarado

Pbro. Dr. José María Pérez Limardo

Dr. Egidio Montesinos Agüero

Dr. Carlos Yépez Borges

Dr. José María Rodríguez Garmendia

Dr. Juan de Jesús Rodríguez

Dr. Pedro Montesinos Agüero

Dr. Federico Yépez Peraza

Dr. Carlos Alberto Pérez

Dr. Hilario Luna y Luna

Dr. Jesús María Garmendia

Dr. Ricardo Ovidio Limardo

Dr. Cruz Limardo

Don Tomás Gíl de Yépez

Don Saturno Rodríguez

Don Pío Tamayo

Don Alcides Lozada

Dr. Juvenal Anzola

Dr. Juan Pablo Tamayo

     Luego de la celebración del Cuatricentenario de la ciudad y la inauguración de la galería de tocuyanos ilustres en este majestuoso edificio, en el año 1946 se le concede como nueva sede del Colegio Federal de El Tocuyo (hoy Liceo Eduardo Blanco) hasta 1967 que pasa a su nueva sede.

viernes, 4 de octubre de 2019

Ezequiel Gimenez “mano´quiel “el ultimo representante de la escuela pitorica iconográfica religiosa larense


 
Don Ezequiel Gimenez "Mano´quiel"
     Ezequiel Giménez y su obra pictórica constituye un punto de transición entre lo que había sido la iconografía religiosa inciada en la colonia siglo XVII y la escuela paisajista que se inició en los años veinte del siglo pasado, de la cual su propio hijo (Che María) sería uno de los máximos representantes.
    Ezequiel Giménez es sin duda uno de los exponentes más importante de la iconografía religiosa, que tuvo en el famoso “Pintor de El Tocuyo” (finales del siglo XVII y principio del XVIII) como principal antecesor. Ezequiel Giménez, desde la segunda década del siglo XX hasta llegado los años cuarenta, es el artista que más destaca, hasta que surgen los representantes de lo que hemos llamado la “generación del cuatricentenario” (1945): Armando Torrez Villegas,Octavio Alvarado, José María Giménez, Trino Orozco y Ángel Hurtado.
 A este Artista  le tocó desarrollar su actividad en un contexto en el que aún no se valoraba el arte pictórico. Ezequiel Giménez fue además de pintor, escultor, usó el yeso, la madera, el vidrio, mosaico, entre otros elementos. En donde, además, ofrecía los servicios como 266 decorador de interiores y fabricante de los primeros avisos luminosos, de lápidas mortuorias, así como uno de los iniciadores del grabado en vidrio.
    Compartió estas décadas iníciales del siglo XX con Octavio Alvarado, Jesús Maria Galeno y Pablo Vielma. Sobre estos dos últimos, a pesar de los esfuerzos realizados, es muy poco lo que hemos podido conseguir y que nos de pista sobre sus desempeños posteriores, sólo sabemos que eran ya pintores destacados en los años 20..

  “Mano´ quiel” Giménez, como popularmente se conoce en el medio artístico; nació en Quibor, posiblemente en 1889 (ya que en el acta de su defunción, en 1952, se afirma que tenía 63 años), sin embargo, su vida y su carrera artística la desarrolló entre El Tocuyo y Agua Clara – vía Sanare. En 1916, conoce a Rafael Monasterio, quien se encontraba en El Tocuyo llevado por el poeta Pío Tamayo, desde entonces comenzaría entre ambos pintores una profunda relación de amistad.

     En algunos periódicos locales de la época,  reseña que Ezequiel Giménez realizó trabajos de restauración en el interior de las iglesias, no solamente en El Tocuyo sino también en las poblaciones vecinas. Igualmente, su delicada y perfecta obra pictórica, de las cuales hoy muy pocas se conocen, quedaron esparcidas en diversos lugares, una de las más conocidas, “El Purgatorio”, elaborada en los años veinte, estuvo primero en la Iglesia de Humocaro Alto, según los testimonios orales, este cuadro estuvo luego en el Templo San Francisco de El Tocuyo, hasta el terremoto de 1950, hoy se encuentra nuevamente en la Iglesia de Humocaro Alto.
 “Mano´quiel”, era hijo de María de los Ángeles Giménez y tuvo entre sus hermanos al conocido músico Altidoro Giménez, quien, además, también incursionó en los trabajos de la escultura y la pintura y fue un renombrado comerciante de Quíbor y El Tocuyo. Don Ezequiel muere el 27 de mayo de 1952, dejando como viuda a Sofía de Giménez y como hijos a José María (Che María), Marcial y a Dilia.
Copilacion: Licdo Antonio J. Saldivia

jueves, 3 de octubre de 2019

Silueta de una gran mujer tocuyana Hortencia Garcia Yepez de Borges

      
 Hortencia Garcia Yepez de Borges
     Hortensia García Yépez, mujer benevolente por las causas sociales, es reconocida por su capacidad creativa, siendo permanente colaboradora de las páginas literarias de la prensa de la época, utilizando el seudónimo de Diana. También compuso varios valses, como el que le hizo a la Reina de Carnaval en 1917, otro fue el titulado “A los Pies del Ídolo”, con letra del poeta Hedilio Losada. Otro lo tituló “Senda de Luz” con motivo de la graduación de bachiller de Francisco Tamayo (del que fue madre de crianza), en el Colegio de “San José” de Los Teques, en 1922, y también escribe poemas como: “La Lira, la rosa y el amor” y “El Triunfo del Amor”. 
   Se desempeñó como administradora de la hacienda San Isidro de su propiedad. Hortensia García Yépez fue la mayor del matrimonio de Manuel García Yánez y Elena Yépez Piñero. Su abuela Francisca “Pancha Yánez”, fue admiradora del general José Manuel Hernández. Cursó estudios en el internado 264 del Colegio “San José de Tarbes” de Caracas, donde aprendería sobre la cultura greco-latina y de los más destacados escritores del siglo XIX y principios del XX, además de los idiomas francés y español. Junto a los conocimientos de bordado, música, literatura, pintura, artes culinarias, organizaba con frecuencia las llamadas “veladas literarias”, en donde hacía de libretista, directora, coreógrafa, y hasta de actriz, si el caso lo ameritaba. Establecida en su ciudad natal se dedicó a las actividades hogareñas y le sobraba tiempo para dedicarse a la pintura de bodegones y aguamarinas. 

      En cuanto a la música, destacó en la ejecución del piano, aprendido en el colegio de Caracas, teniendo como maestro a José Antonio Montesinos, hijo de Egidio Montesinos. Conocimiento que amplió con las clases que le diera un artista del teclado, y así afinó su sensibilidad e inspiración para la composición de piezas musicales, especialmente en “valses” y “bambucos”. Al regresar a El Tocuyo se casa con Carlos Yépez Borges, abogado dueño de la conocida hacienda “San Pablo”, en la otra banda del río. No tuvo hijos, pero crió a varios, entre ellos a su primo Francisco Tamayo Yépez.    

       Al morir su esposo, su hijo de crianza se la lleva a Caracas, donde muere en 1969. De ella dice Francisco Tamayo (Citado por Luis Rafael Yépez: …que prodigaba infinito caudal de ternura, el inagotable tesoro de sus cariño y de sus desvelos. Pocas madres han sabido responsabilizarse de manera tan cabal hasta tocar los límites del sacrificio. Pocas mujeres han sabido como ella, llegar a la abnegación total, a la entrega absoluta y noble y al ejercicio de criar, orientar y formar niños, de estimular jóvenes y de amar hasta donde no es posible más a quienes tuvimos el orgullo de tenerla como madre. (El Impulso, 20/02/ 2009). Según el profesor Yépez:” físicamente era una mujer normal de tez blanca, cabello negro, cara ovalada, con una melancolía en su mirar. De gran calor humano, trato delicado y una sensibilidad manifiesta para las artes”. 265 Pero a la par de la compositora existía la escritora, que publicaba sus artículos en el semanario que dirigía el bachiller Agustín Gil Gil, con el seudónimo de “Diana”. Al respecto opina Francisco Tamayo: “en sus artículos de elegante prosa atacaba los convencionalismos y las trabas que mantenían estancado el cabal desenvolvimiento intelectual y social de la mujer en nuestro ambiente, y propugnaba el incremento de la cultura, el deporte y el arte como vehículo de superación”. (Idem). 
      Cuando Carlos Yépez Borges vendió la Hacienda “San Pablo”, se residenció definitivamente en El Tocuyo. Después compró la hacienda “San Isidro” a su hermano, por parte de padre, Jesús Yépez Garmendia. Hortensia con su responsabilidad de esposa se marchó a la hacienda, donde pasaba temporadas y también su hijo de crianzaFrancisco . Muerto Yépez Borges, Francisco Tamayo , ya establecido en Caracas, visitaba con frecuencia a su prima madre, hasta que un día decidió llevársela a su casa y la hacienda fue vendida donde allí murió 

jueves, 1 de agosto de 2019

LA RECONSTRUCCIÓN DE EL TOCUYO tras el terremoto Por José María Giménez

Jose Maria Gimenez
    Desconcertado por los contratiempos volví a El Tocuyo y cuando recorrí sus calles las encontré diferentes a las de mi infancia y con muy pocos amigos a los que dejé en mi ausencia. 
Encontré a El Tocuyo convertido en un hervidero de polémicas opiniones con respecto al destino de la ciudad.
     Unos aconsejaban mudar la urbe de su primitivo asiento y reedificarla al norte de la Quebrada de Barrera, para conservar las ruinas como atracción turística, en una burda imitación de Pompeya.
Las personas cuyas casas no sufrieron mayores daños alegaban que era un crimen destruir la ciudad porque la mayor parte de la población tenía muchas casas habitables.

     Y los viejos apegados a la tradición con criterio conservador opinaban que arrasar la ciudad era un atentado contra su fisonomía colonial que era el más caro orgullo de los tocuyanos.
Pero el Gobierno no atendió los razonamientos de la ciudadanía y decidió proceder de acuerdo con las recomendaciones de expertos urbanistas traídos de Caracas, quienes después de una serie de estudios planificaron construir una ciudad moderna y de estructuras antisísmicas por las características de la zona.

     Una protesta unánime surgió de las viejas generaciones que estaban dispuestas a reconstruir sus casas a expensas de su dinero.
El Gobierno creó una Junta Pro-Reconstrucción de El Tocuyo, la cual se encargó de administrar los considerables recursos aportados por Institutos Oficiales, empresas privadas y hasta donaciones que llegaron de los países vecinos.
     El Ministerio de Obras Públicas empezó a enviar tractores, grúas, palas mecánicas, etc. para los movimientos de tierra y empezaron la triste faena demoledora.

     Al empezar a derribar las casas se presentaron escenas impresionantes porque muchas familias eran obligadas a desalojar sus ruinosas viviendas que todavía utilizaban y salían llorando porque no tenían otro techo para guarecerse.
    Los tractores arrasaban cuanto encontraban a su paso y caravanas de camiones transportaban los escombros de la ciudad hacia un sitio llamado Las Llanadas.
Aquel movimiento de maquinarias hacía un ruido ensordecedor que aturdía a la gente.
       De inmediato el Gobierno empezó a construir barracas provisionales en las afueras de la ciudad para reubicar a los afectados por la tragedia, eran manzanas de viviendas contiguas con techos de láminas de zinc y armazones de tirantes de madera.

      A manera de que fueron construidas se ocuparon con los más urgidos de alojamiento. Al principio reinó una satisfactoria tranquilidad pero finalmente sus ocupantes se encontraban incómodos con el hacinamiento y empezaron a quejarse de tal incomodidad.

     Diariamente se formaban riñas entre los vecinos por los más insulsos motivos y los hombres nos hacíamos de la vista gorda porque para nosotros el caso tenía un aspecto diferente.
El terremoto había destruido nuestras fuentes de trabajo y la ociosidad nos inducía al consumo del licor.
      Por las noches nos reuníamos a tomar aguardiente en cualquier barraca vecina hasta el amanecer, pero un día nos informaron que el único edificio que había resistido a la sacudida del terremoto sin dañarse era el Club Concordia.
     El Comando de la Guardia Nacional instaló en el patio interior una enorme carpa de lona para los recursos de emergencia.
Se propagó la noticia y muchas personas sin ser miembros del Club empezaron a visitarlo con anuencia de la Directiva y al cabo de algún tiempo lo convertimos en lugar de tertulias donde pasábamos cordiales momentos improvisando sarcásticos epigramas, mordaces chistes y hasta coplas salpicadas de vulgaridades y ofensas.
     Yo fui el principal timonel de aquellas reuniones con las que tratábamos de mitigar la angustia en que vivíamos, los demás fueron los doctores José Rafael y Crispiniano Colmenares Peraza, Jesús María Montesinos, Carlos Rivero Carrasco, Chucito Colmenares, Jesús Morillo Díaz, Raúl Colmenares y José González.
      Muchos de ellos recuerdan con cariño aquellos simpáticos momentos y recitan de memoria los versos que improvisábamos en la euforia de la bohemia saboreando la nostalgia del pasado.
Nuestra asistencia nocturna era puntual y nos divertíamos hasta la hora de regresar a nuestras barracas.
     Un día se apareció José González llorando como un niño y nos participó que al día siguiente sería demolido el Templo de la Concepción y aquella noticia enardeció los ánimos de los presentes porque se trataba de la joya colonial más querida de la ciudad.
Para calmarnos nos informó que los ingenieros habían realizado un levantamiento de sus estructuras para reconstruir el Templo exactamente igual.
     Al calor de nuestro disgusto constituimos un Comité de Amigos de la Tradición de El Tocuyo presidido por José González que era el más ferviente celoso del patrimonio de la ciudad.
Nos trasladamos a la Iglesia, amarramos un cabestro del badajo de la campana mayor de la torre y pasamos tocando dobles, desde el suelo, en señal de duelo que significaba la desaparición del Templo Matriz.
     Era impresionante el tañer de la campana que repercutía en los ámbitos lejanos y las mujeres se ponían a llorar desconsoladamente.
     Al día siguiente, antes de la demolición de la Iglesia, hice un dibujo del Templo en ruinas y lo pegamos en la portada de un Libro de Actas que compramos para hacerlo firmar por los testigos presenciales del memorable acontecimiento, y al amanecer lo entregamos al Presidente del Concejo para que fuese conservado en los Archivos Municipales, el cual lamentablemente desapareció misteriosamente.
     Un grupo de bomberos llegó al Templo con sus equipos de trabajo y exigió a los curiosos retirarse para evitar tragedias.
    La multitud se divertía con las maniobras espectaculares de los bomberos saltando sobre las paredes ruinosas y amarrando cuerdas de acero en las cúpulas que al ser tiradas por los tractores caían al suelo como gigantescos pedazos de queso.

DESPUÉS DEL SISMO

Dedicado al Dr. Juan Ramón Barrios, con 
motivo de su sentido Vals “Pueblito Colonial”

El sol horrorizado en las colinas
se asoma a ver el trágico escenario,
es un montón de escombros y de ruinas
de un histórico pueblo centenario.

El río con sus corrientes cristalinas
corre igual por su cauce milenario
pues huyeron las pardas golondrinas
que rondaban tus viejos campanarios.

Pero a pesar de todo tú no has muerto,
surge del melancólico desierto
el brote azul de nuevas ilusiones.

Y tienes que vivir mientras exista
el alma soñadora de este artista
que te arrulla con versos y canciones.
El Tocuyo, 1951

Aquella sucesión de acontecimientos adversos torpedearon el rumbo normal de mi vida y me dejaron un trauma psíquico que me afectó por muchos años. A pesar de que fueron restableciéndose las actividades de la ciudad, yo persistía vagabundeando como sonámbulo por los arrabales y fraternizaba con gente desconocida.
Me entregué a la bebida diaria irresponsablemente con el consiguiente sufrimiento de mi familia, sobre todo de mi esposa que asumía los deberes hogareños.
Ella soportaba en silencio mi reprochable conducta y trataba de disimular mi consuetudinaria bohemia.
A su familia le molestó tanto mi degenerada actitud que llegó el momento que fue aconsejada de que me planteara el divorcio porque me consideraban un caso perdido.
Por fortuna y para bien de nuestros hijos, esperó resignada mi regeneración.