...EN ELLA ENCONTRARAS LA HISTORIA DE UNA CIUDAD EN INVESTIGACIONES PROFESIONALES Y MINUCIOSAS REALIZADAS POR SU CREADOR
LIC. ANTONIO J. SALDIVIA LANDAETA



lunes, 25 de mayo de 2015

Historia del cultivo y procesamiento de la caña de azúcar y la ciudad de El Tocuyo



     Según la muy autorizada opinión de don Fernando Ortiz, la siguiente es una cronología aproximada del cultivo de caña en América, o más propiamente una vez que fue traída a la Española, hoy República Dominicana.

1. Diciembre de 1493. Introducción y siembra de caña en la Isla Española por Cristóbal Colón en su segundo viaje

2. 1501 más o menos. Se establece el primer cañaveral en dicha Isla por Pedro de Atienza.

3. 1505 ó 1506. Se obtienen los primeros azúcares por Miguel Ballester o Ballestero y por un tal Aguilón.
4. 1511 (o antes). Se produce la primera zafra en un primer trapiche por Gonzalo de Velosa.

5. 1516. Se instaló el primer ingenio por Gonzalo de Velosa y por los hermanos Francisco y Cristóbal Tapia. (Ortiz)

      Hacia 1546, Fernández de Oviedo investigó acerca de la caña de azúcar y escribió que, efectivamente fue Gonzalo de Velosa quien primero "… hizo hacer en esta Isla azúcar” y como temía bastante caña "…hizo un trapiche de caballos en la ribera del río N….”, trayendo conocedores de la fabricación de azúcar desde las Islas Canarias.

    También preguntó Fernández de Oviedo a personas mayores y "de crédito” quienes le dijeron que "…fue un Pedro de Atienza en la ciudad de la Concepción de la Vega… el primero que tuvo cañas de azúcar y quien primero tuvo trapiche fue el alcalde de dicha ciudad un catalán llamado Miguel Ballester…” Velosa, según esta misma fuente, fue quien hizo azúcar dos años después.

    Fernández de Oviedo calculaba que la caña llegó a la Isla Española en los primeros años de la ocupación y que rápidamente su cultivo se incrementó. (Ortiz, op. cit., p. 289). Entre los dueños de ingenios estuvieron dos nietas de Cristóbal Colón y los Welsares que eran dueños o socios. Para ese año existían en la isla veinte "ingenios molientes y corrientes y cuatro trapiches de caballos.


      Un testimonio de no conoció Fernando Ortiz acerca de la existencia y cantidad de ingenios y trapiches en la Española es el que suministra Galeoto Cey:
   "Las cañas de las cuales se hace el azúcar han sido traídas de las Afortunadas y de la Isla de Madera, y hay grandísima cantidad porque en dicha isla hay, como he dicho, más de 40 ingenios o molinos que hacen azúcar tanto de agua como de caballos. a estos los llaman trapiches y a aquellos, ingenios…”


  Así que no cabe duda que debió ser desde la Española, que la caña fue traída a Tierra Firme tal como acertadamente, creemos, lo consideró el Dr Carlos Felice Cardot: "…fue por las costas corianas por donde entraron a Venezuela las primeras semillas de caña. Y sin duda, puede haber sido por obra de Don Juan de Ampíes fundador de Coro, quien ha debido introducirla, pues él anteriormente la cultivaba con éxito en Santo Domingo, hasta el punto que merced a sus esfuerzos, pudo ´enriquecerse´ según rezan documentos de la época.

   De allí pasó su cultivo a El Tocuyo, posiblemente algún tiempo después de la expedición fundadora de 1545, ya que es constante que para 1579, según informe firmado el 28 de enero y comenzada su redacción el 13 de diciembre del año anterior, se habla de los ríos y quebradas que”…pueden haber regadíos para abastecimiento de la tierra y cañaverales de azúcar…; y luego al referirse a los elementos de que derivan el ´trato y contratación de esta tierra´, declara que dichas transacciones, se basen en la cría de ´ganados mayores y menores y labranzas de conucos de maíz, yuca y cañas y algún azúcar…” (Felice Cardot, 1964).

    El aserto de Felice es bastante verosímil pues Ampíes llegó a Venezuela, a Coro propiamente, el 24 de febrero de 1529 y murió a principios de 1533, noticia tomada por Juan Friede de un documento donde la Real Hacienda declara que Ampíes murió "hace quince días” (Friede, 1961, p. 589, llamada 45)
En cambio no puede ser verdad una información de Tomás Polanco Martínez que hace venir de Caracas, Valles de Aragua y riberas del lago de Valencia, la caña de azúcar a El Tocuyo. (Polanco, 1960, p. 127)

     La caña de azúcar, su cultivo y explotación se extendió por todo el país: en una relación geográfica firmada por Diego Gibaja en 1603, se mencionan ingenios en varias ciudades de Venezuela: Caracas, Barquisimeto, Tocuyo, Carora, Coro, San Cristóbal; se dice que en Valencia había trapiches, que en Mérida se producía azúcar y en Gibraltar "se daba caña de azúcar” (Relaciones Geográficas de Venezuela, 1964)

    Para este año se exportaron 139 arrobas de azúcar a 30 reales cada una para un total de 4170 reales y, dice Arcila Farías que "La producción de azúcar fue pequeña en todo tiempo, pero cubría el consumo del país y ocasionalmente se exportaban muy escasas cantidades al precio sumamente elevado de 30 reales a arroba”, lo que fue igual en el siglo XVIII. Aguardiente de Caña

    El cultivo de la caña en proporción abundante y la producción de azúcar en cantidades más o menos suficientes, impulsó la destilación de aguardientes de caña que las autoridades coloniales según parece, no permitieron que circulara libremente. Por ejemplo, Ermila Troconis de Veracochea, cita un acuerdo del capitán Francisco González de Figueredo quien en su visita a El Tocuyo el 18 de enero de 1689, entre otras cosas mandaba lo siguiente: "Otro sí: Se ha de servir Vuestra Señoría mandar que se saque aguardiente de la tierra ni se venda por estar prohibido y por lo… (ilegible en el texto) de ella y que es causa con el consumo de dulce (léase ‘papelón’) en sacarlo, en que falta del todo para el abasto de la ciudad” (Troconis, 1984, p. 432)



    El respecto escribió Polanco Martínez, aunque lamentablemente no precisa la fecha de la prohibición: "Muy desde el principio había quedado prohibida en Tierra Firme la destilación y venta de la popular bebida alcohólica, no por medida de higiene pública, sino por habérsele concedido un monopolio en la materia a los comerciantes de las Islas Canarias, de cuya procedencia era todo el aguardiente y la mayor parte del vino que se consumía por acá. Dichos licores isleños gozaban, además, de una rebaja de 5% en los derechos de almojarifazgo…” 

   Agrega Polanco que el aguardiente canario era hecho de uvas mientras que el criollo, o "aguardiente de la tierra”, se sacaba de la caña de azúcar y gozaba de la mayor aceptación de los consumidores venezolanos”. (Polanco, op. cit., I, p. 317) 

    Como parte de este privilegio del comercio canario, en 1703 llegaron a Venezuela, procedentes de las islas Canarias dos barcos con 137 pipas de aguardiente y 173 de vino de las cuales, seguramente se exportaron a Santo Domingo dos de aguardiente y cuatro de vino (Arcila Farías, 1973, I, p.215) En varios números del "Boletín del Archivo General de la Nación” se encuentra información de esta importación de aguardientes extranjeros en fechas que van de 1723 a 1817. Las anotamos en orden cronológico: 

1.- 07.04.1723. De Barbados, 765 frascos de aguardiente.
 2.- 27.07.1723. De Curazao, 4 frasqueras de aguardiente
3.- 07.08.1723. De Curazao, 86 frasqueras de aguardiente
 4.- 09.09.1723. De Curazao, 22 frasqueras de aguardiente.
5.- 05.12.1723. Simón de Fuentes pagó 28.506 maravedíes de almojarifazgo por entrada a Cumaná de diversas mercancías, incluidas 45 frasqueras de aguardiente.
6.- 13.12.1723. De Curazao, 3 pipas de aguardiente
 7.- 01.04.1789. En la Sección Intendencia y Real Hacienda, tomo LVI, N° 98, folio 275, se encuentra un índice de la representación que sobre la introducción en Cumaná de aguardiente de las colonias extranjeras, dirige la Junta Superior de Real Hacienda al Excm. Sr. D. Francisco de Saavedra y documentos relativos al asunto.
8.- 04.03.1817. En la sección Reales Ordenes, AGN, tomo XIX, folio 37 se encuentra una concesión otorgada en Madrid "a Don Basilio Bayón, Capitán de Reales Guardias Españolas”, con "permiso para despachar desde Santander u otro puesto habilitado a los de Veracruz y La Guaira, 300 toneladas de vinos, aguardientes y demás efectos españoles”. 

    Estas 8 informaciones son una muestra de la importante actividad importadora de la provincia de Venezuela de aguardientes extranjeros que, como lo pruebe la documentación relacionada, si en un principio la protegió en detrimento de la destilación de "aguardientes de la tierra”, posteriormente derivó hacia la prohibición en razón de proteger la producción nacional de la cual, con los impuestos debidos, harían entrar al fisco real, ingresos seguramente mayores que los del almojarifazgo. 

   Volviendo atrás, la protección a los licores canarios y la persecución contra los "aguardientes de la tierra” más bien fomentaron su producción clandestina. Así lo registra Arcila: 

     "La elaboración clandestina [para las primeras décadas del siglo XVIII], de aguardiente en la provincia aumentó con prejuicio de las Rentas. En la Guaira se fabricaba un aguardiente de caña llamado tabire, que se hacía en alambiques clandestinos, y cuyo empleo se generalizó tanto que llegó a extinguir casi totalmente el trato con la Nueva Andalucía, pues eludía el pago de los derechos de introducción, fletes, alcabalas y otros impuestos, lo que permitía venderlo a precio muy bajo” (Arcila, op.cit., I, p. 220


   Por supuesto que Olavarriaga hace mención de todas las diligencias gubernamentales, para impedir la producción y consumo de estos aguardientes criollos pero comenta que las mismas más bien han producido ciertos daños como, por ejemplo, la adquisición de aguardientes de trigo de los holandeses a precios menores y dejar que las ganancias que pudieron quedarse en la provincia aprovechen a los holandeses y franceses que venden licores de contrabando a los venezolanos. 

     Acerca de los trapiches que existían para la época en Venezuela dice haberlos en Araure, Tocuyo, Carora y de Caracas y su jurisdicción escribe: "…tienen también diferentes trapiches y terreno suficiente para alargar los que tienen hechos que dieran grandísima abundancia de azúcar, pero se mantienen hoy en lo necesario que gasta la jurisdicción”. (Op. cit., p. 59) 

    Así a la luz de los comentarios que anteceden acerca de la elaboración de azúcar y, consecuentemente, la destilación de aguardiente de caña sin la aceptación legal por parte de las autoridades, no por razones higiénicas como lo comenta Polanco Martínez, sino para proteger el monopolio concedido a comerciantes canarios, cabe imaginar cuanto más estrictos serían las autoridades civiles en relación con la posibilidad de consumo de los zumos producido por el cocuy aunque éstos, en términos económicos, no afectaran mayormente el comercio licorero canario, pero en este caso de la ingesta de la penca del cocuy asado por parte de los indios naturales que la consumían, otro poder gravitaba sobre ellos: el de los frailes y curas que veían en estas prácticas ancestrales la influencia de los demonios sobre el alma inocente de los aborígenes que ellos intentaban ganar para las filas de la "civilizada” cristiandad. 

    Pero los criterios políticos se modifican de acuerdo con las circunstancias que los originan. Polanco Martínez dice que "…ya para los albores de la centuria decimoctava esa situación de privilegio [del comercio canario], debía encontrarse muy atenuada, si no desaparecida del todo, pues está probado que funcionaban alambiques en el valle de Caracas y otros sitios para esa época…” y para 1750, se registra que existían solamente en la jurisdicción de Nueva Segovia unos 63 trapiches en muchos de los cuales se producía aguardiente, registrándose que se produjeron 110.000 pesos anuales en aguardiente y, no sabemos si para esa misma época, se creó un impuesto llamado tafia , del que posteriormente habló Depons, que se aplicaba tanto el aguardiente de caña, a otros licores y a los guarapos de papelón. 

   Así las cosas, consta que hacia 1776 se cobraban oficialmente impuestos y el aguardiente era un ramo importante de las rentas que los municipios remataban con el fin de reunir dinero, no de manera mensual sino la totalidad de un determinado ramo. 

    Carlos Bujanda Yépez, cita, de un informe del cabildo tocuyano del 30 de julio de 1766, lo siguiente:
 "En todas las vegas que ofrece el dicho río Tocuyo que coje de distancia en esta jurisdicción desde su nacimiento hasta el sitio llamado Maracas, como 18 leguas, hay fundadas haciendas que vulgarmente se llaman trapiches, en donde se fabrican azúcares, papelones, omelotes, que fue el fruto con que principalmente se fundó esta ciudad con el que se hallaba abundante de todo, porque no fabricándose dichos dulces en otras ciudades de esta provincia, ocurrían a ésta a comprarlos a 10 pesos carga de papelones y a 6 pesos de arroba de azúcar, en cuya posesión estuvo esta ciudad más de cien años después de su fundación; pero el día de hoy como se han construido haciendas de dichos trapiches o ingenios en todas Ciudades y Villas de esta provincia, han tomado tal decadencia en su estimación dichos frutos que ha muchos años que la carga de papelón vale 4 ó 5 pesos y la arroba de azúcar 3 o 2 reales, lo que ha atrasado mucho a esta ciudad poniéndola en una gran miseria”.



   Ermila Troconis, por su parte, registró que según los Libros de Real Hacienda del Tocuyo, en el año 1787, de los impuestos cobrados, uno de ellos lo constituyó el de aguardiente de caña que fue rematado el 29 de octubre por José Manuel de Vargas por 600 pesos de los cuales pagó de contado 200 de ellos. (Troconis, ibid., p. 34) 

    Ya para finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, el aguardiente era un rubro impositivo del cual los municipios obtenían considerables ingresos. En su sesión del 21 de octubre de 1810, el Real Consulado dispuso en el 3er puesto de su agenda lo siguiente: "Que se imponga la contribución temporal de un peso sobre cada barril de aguardiente de uva, de caña y demás licores espirituosos que se introduzcan y se elaboren o destilen en el país, y cuatro reales sobre cada barril de vino, entendiéndose que lo de unos y otros se introduzcan en botellas, u otras vasijas, será proporcionalmente sujeto a la misma contribución, declarándose al mismo tiempo en beneficio de nuestra agricultura libre de todo derecho en su extracción [léase exportación] los aguardientes y licores que se elaboren en el país” (Real Consulado, 1964, p.176)

   Y al contrario de lo que sucedía en los siglos XVI, XVII y parte del XVIII, prohibiendo la producción de aguardiente de caña en Venezuela como medida de protección a bebidas alcohólicas extranjeras, el 9 de octubre de 1818, acordó el Real Consulado lo siguiente: "Que siendo perjudicial [al] fomento y consumo del aguardiente ron del país, el que se introduce de colonias extranjeras, debe prohibirse estrechamente su entrada porque no es justo se consuma este artículo extranjero habiendo en la abundancia de la tierra, este régimen siguen ellos con nosotros para proteger este ramo de cultivo e industria y nosotros no debemos desechar un medio que sobre ser justo es de utilidad” (Id., p.45) 

 

1 comentario:

  1. FELICITACIÓNES SR. ANTONIO JOSÉ SADIVIA. MUY BUEN TRABAJO HISTORIOGRÁFICO PARA LA HISTORIA DEL CULTIVO DE LA CAÑA DE AZÚCAR EN AMERIA. SOY PERUANO DE LA CIUDAD DE TRUJILLO EJERZO LA PROFESIÓN DE AGRÓNOMO Y SIEMBRO CAÑA DE AZÚCAR.

    ESTOY ESCRIBIENDO UN LIBRO SOBRE EL VÍNCULO Y MAYORAZGO DE CHICLÍN QUE SE SUSTENTO EN HACIENDAS DEDICADAS A PRODUCIR AZÚCAR DE CAÑA EN EL VALLE DE CHICAMA EN LA JURISDICCIÓN DE TRUJILLO.
    LOS DATOS QUE UDTED APORTA ME HAN SERVIDO PARA TENER UNA IDEA MÁS COMPLETA DE LO ACONTECIDO EN AMÉRICA VIRREINAL.
    MUCHAS GRACIAS.

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