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martes, 22 de noviembre de 2022

Una nueva integrante; Dama, en la Celebre GALERIA DE TOCUYANOS ILUSTRE DE EL TOCUYO Doña Elena Rodriguez de Gamendia

 

 ✅ EXALTADO EL RETRATO A EL SITIAL DE TOCUYANOS INMORTALES Y GALERIA DE MERITORIOS E ILUSTRES TOCUYANOS ; A LA EXCELENTE PEDAGOGA MUSICAL 📍 

📍 Doña Elena Sofia Rodriguez de Garmendia , plataforma digital y virtual creada para resaltar y mantener lo que a otrora era la galerfia de Tocuytanos ilustres

✅ Doña Elena Rodriguez de Garmendia ahora una tocuyana ilustre : 

  📌 Nació en El Tocuyo, el 21 de marzo de 1930, hija de Doña Rita Tamayo y del gran músico tocuyano; Don José Ángel Rodriguez López, estudio primaria en El Tocuyo su ciudad natal, en  el célebre Colegio de las hermanas Salesianas, para luego continúa sus estudios viajando a Barquisimeto, donde curso estudio, primer años hasta tercer año,  en el famoso Colegio Inmaculada Concepción de esa ciudad.


   Se inicia en la música desde muy niña de la mano de su madre, Doña Rita Tamayo y de su padre, el gran músico tocuyano José Ángel Rodriguez López, el cual en su misma casona colonial, donde habitaban era un centro de aprendizaje musical y de grandes veladas poéticas y musicales, su padre fue un gran destacado director de Orquestal  donde  organizó la gran y célebre famosa orquesta Aurora primera orquesta de puras niña,  que el le daba clase y la niña Elena.


   De allí desarrollan el interés por la musica; el hogar de la familia Rodriguez Tamayo ; donde nació,  era un epicentro musical; y  la musica ha tenido un culto permanente, se recuerda esos encuentro musicales donde se daban cita destacados musico de Caracas, como los maestros Antonio Este vez y Atilio Ferrero, y Candes artistas regionales, como Napoleón Sanchez Duque, Rafael Miguel Lopez, Antonio Carrillo y Carlos Bujanda Yepez entre otros , el cal dejo esa llama encendida con vibrante luz,  en sus hijos y nietos, ejemplo como lo fue esta excelente profesora Doña Elena Sofia.


  Contrae matrimonio, un año después del terremoto, en 1951 con Arnaldo Santiago Garmendia Gimenez ,en la ciudad El Tocuyo el cual procrearon 5 hijos : Arnaldo José, Maria Helena, Maria Sofia, Rafael Emilio y Maria Luisa. 


  En el año 1970, se incorpora y se coloca al frente del Kinder musical, fundado por su madre Doña Rita , dando parte de su vida a la educación musical de niños y niñas en materias como ,rítmica solfeo y teoría de la musica , e enseñanza de instrumento complementario como flauta dulce logrando la permanencia de dicha institución tocuyana. 


 Realizo estudios de enseñanza y educación musical ; en la capital de la república de Venezuela donde asistió a importante Cursos, asesoría e institutos Universitarios de Musica; como el Instituto Universitario de Musica, de la excelente Profesora Larense oriunda de Sanare y, Maria Luisa Ortiz De Stopello, pedagoga musical, graduada en Ginebra (Suiza) y directora del Instituto de Rítmica Dalcroze, para niñas y niños ,


  Otros importantes curso fueron, con el acreditado Profesor y musicólogo francés Edgar Willems  sobré  "Principios de la Educación Musical " 


Se especializó en acreditados talleres sobre educación musical del niño y niña y adolescente en el METODO SUSUKY Y KODALY, con unos resultados excelente para el desarrollo musica de nuestra ciudad de El Tocuyo , cuando El KINDER Musical es instalado en la Casa de la Cultura Jose Angel Rodriguez Lopez de El Tocuyo 


   Su dedicación a esta institución fue extensa y larga, pasaron por esta muchos niños y niña de nuestra ciudad, bajo la enseñanza de esta abnegada dama tocuyana, donde impartía la cátedra de ; Solfeo, rítmica y enseñanza de instrumento complementarios. 


    Esta extraordinaria mujer tocuyana de estirpe musical de familia, durante 40 años como docente, hasta su retiro; al descanso merecido por su edad avanzada, en la Ciudad de El Tocuyo, en su apacible casona en la calle Montesino de esa ciudad, hasta su sensible y sentido por todos los que todos sus alumnos  lloraron por su fallecimiento el dia 24 de Abril del año 2015 a los 85 años de edad.


Reseña : Licdo.Mg.Antonio J. Saldivia Landaeta®


Año: 2022

domingo, 3 de abril de 2022

Vision de la ciudad de El Tocuyo en el año 1600...segun Fray Pedro Simon

Mapa de Venezuela y la parte sur de Nueva Andalucía, publicado por Henricus Hondius en Ámsterdam (mediados del siglo XVII); es usado aquí con el fin de ilustrar la crónica del fraile



Las «Noticias Historiales de las Conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales», redactadas por fray Pedro Simón y mandadas a publicar en España en 1624, constituyen uno de lo más importantes y curiosos documentos historiográficos del periodo colonial americano.

La obra, de la cual sólo llegó a publicarse su primera parte (que va desde el descubrimiento del Nuevo Mundo, hasta el gobierno de Fernando de Berrío en la Provincia de Guayana, usando como fuente principal el manuscrito bogotano de fray Pedro de Aguado, de 1582) en 1627, es cronológicamente la segunda de su tipo escrita sobre el Nuevo Reino de Granada (actual Colombia) y Venezuela, y la primera publicada sobre esta última; puesto que, debido a la muerte de Simón, los neogranadinos tendrían que esperar varios años más para tener su Historia salida de la imprenta.

Además de temas históricos, el tomo trata, en su primera «noticia historial», varias cuestiones filosóficas, políticas (organización territorial y administrativa de las Indias) y científico-teológicas (como el poblamiento antediluviano de América, o la posible ascendencia púnica -o hebrea- de los indios).

De varias descripciones que da en las siete «noticias historiales», y en la relación de «Pueblos, y otras partes más notables, con sus graduaciones, que se comprenden en este primer tomo, por modo de recapitulación», se puede armar una imagen de los lugares -que él mismo conoció como visitador de la Provincia Franciscana de Santa Cruz de Caracas- que componían la Provincia.

Antes de relacionar las ciudades, es justo incluir un fragmento, del capítulo II de la segunda noticia historial, en el cual el franciscano juzga que la pobreza de los habitantes españoles de Venezuela es un castigo de Dios, debido a los abusos cometidos por los primeros conquistadores. Cumple como su visión general de la Provincia, y de sus recién nacidos pueblos:

«Parece que nunca le ha cubierto pelo a esta Provincia de Venezuela, la llaga, o cicatriz con que a los principios comenzó a poblarse, haciendo esclavos a sus naturales: pues siendo la mayor parte de ella tan fértil como es, tan llena de ganados, y de tantos, y tan buenos puertos abiertos todo el año: tantas y tan buenas minas de oro, y otros metales; tanta cría de árboles de cacao; gran suma de algodonares; todas las ciudades, y españoles que viven en ellas, son de tan cortos, y tasados caudales, que apenas alcanzan a dar de comer a sus dueños; de que podemos entender obra esto algún secreto juicio de Dios, que va castigando las injusticias que en sus principios hicieron a los indios: […]».

Hemos respetado la sintaxis y gramática original del texto, solamente modernizando la ortografía, y corrigiendo las numerosas erratas.

«Tras esta ciudad se pobló la de El Tocuyo, que está en cincuenta y nueve grados y cincuenta minutos de longitud, y siete grados de latitud al norte, ochenta y cinco leguas de la de Coro al sur: es provincia de indios, poblóla el Capitán Carvajal, del Licenciado Tolosa, como dejamos dicho; tierra muy caliente por la mayor parte, aunque tiene pedazos de fría, y bien templada, pero en toda ella se da buen trigo, en especial en el valle de Quíbor, con grandes crías de ganado de mayor, y menor. En las tierras frías goza de muy buenas aguas, falta de oro, abundante de algodón, y de todas frutas de la tierra, y de algunas de Castilla. Hízola famosa el haber muerto la gente de ella, al tirano Lope de Aguirre. Gobiérnase por dos Alcaldes Ordinarios, dos de la Hermandad, y Regidores Perpetuos, sujeta al Gobernador de Venezuela, que tiene de ordinario puesto en ella un Teniente. Tiene un convento de nuestro Padre San Francisco, y otro de Santo Domingo, Cura, y Vicario, y algunos clérigos».

Del capítulo XIX de la quinta noticia:

«[…] Son abundantes estas dos ciudades, Tocuyo y Barquisimeto (que en todo corren casi igual fortuna) de todas frutas de la tierra, y en especial El Tocuyo de las de España, como son uvas, melones, higos, granadas, y toda hortaliza; mucho, y muy buen trigo, en especial en los valles de Quíbor, que está cinco leguas de la ciudad, se puede dar trigo, por ser tierra calidísima, y haberse visto en pocas, o ningunas partes darse en tierras tan calientes: pero a mí me pareció, ser la causa de cogerse tanto, y tan bueno aquí, el regarse las sementeras, con una quebrada de una buena molada de agua, que baja de las cumbres de una serranía, que por bajar algo fresca, y regarse de noche, refresca, y sazona la tierra, dándole el temple que pide el trigo, contra el que naturalmente tiene la tierra, que de suyo solo es apta para dar sus frutos naturales, como son plátanos, guayabas, mameyes, y otros. Da también mucho y muy buen arroz; el trigo con tanta abundancia, que del de los dos valles dichos, se sustentan las ciudades de El Tocuyo, Barquisimeto, Carora, la laguna de Maracaibo, Coro, y embarcan buena parte de harinas de ello, a las ciudades de Santo Domingo, y Cartagena.

Muchas naciones de indios que están entre estos pueblos dichos (como son cunariguas, atariguas, coyones, quíbores, barquisimetos, y otros), no vivían en casas, ni pueblos (ni hoy viven muchos de ellos, como yo los he visto) sino quince días debajo de un árbol, y otros quince en otro, durmiendo en chinchorros; no siembran, porque su sustento es frutos de la tierra, que siempre los hay, en especial datos, caza de conejos, y venados, que los asan, metiendolos enteros en un hoyo con su pellejo, y pelo, habiéndoles quitado solo las tripas: calientan primero el hoyo muy bien, con leña, o paja, y sacándoles las brasas, o ceniza, meten el venado, y tapan muy bien con hojas de vihao [sic], y dentro de dos horas lo vuelven a sacar, aunque con su mismo pelo, muy bien sazonado, y entonces se lo quitan, y comen el pellejo con la carne. En estos mismos hoyos calientes meten unos troncos verdes de unas matas de cocuiza, que es casi lo mismo, que merguei [sic], habiéndole cortado lo largo de las hojas, y después de bien sazonado con el calor, chupan aquéllos troncos, y les sacan el jugo, que no es poco el que tienen, con un sabor de arrope, o mala miel de cañas, que es también purgativo, en especial, para los que no están hechos a ello. Críanse hierbas tan venenosas, aún dentro de los patios de las casas, y en las calles, que en veinte y cuatro horas despachan de esta vida a quien se las dan: pero también hay muchas suertes de contrahierbas, con que se repara esto.

El temple de los sitios de estos dos pueblos, Barquisimeto, y Tocuyo, es muy caliente, por estar en tierras bajas, aunque todas estas provincias, tienen también tierras frías, que son las serranías: de manera que de dos a dos leguas, y de tres a tres, atravesandolas este, oeste, se van encontrando tierras calientes, templadas y frías: porque cuanto más las sierras (que son las mismas que corren del sur al norte mil y doscientas leguas largas, desde el Canal de Magallanes hasta este Mar del Norte, que rematan en Santa Marta, Coro, y las demás partes de esta costa) se van entrando con sus levantadas cumbres, a la media región de aire, son más frías, y algunas tanto, que están siempre cubiertas de nieve, como las de Mérida: de donde como se va bajando a los valles calientes, se hayan tierras templadísimas, y bien dispuesta para toda suerte de granos, frutas, y ganados, como aquí se crían. La ciudad de El Tocuyo a permanecido hasta hoy, en el mismo sitio que tuvo sus principios, en una sabana, a los márgenes de un abundante río, de muy buena agua, y fría, por bajar de lo alto de las sierras, que no es poco regalo en temple tan caliente: pero el ganado de cabras, y vacas de leche, que andaba junto a la ciudad, apartándose el arcabuco, comía fruto de espinos, volviendo a la ciudad de su estiércol, se fueron sembrando, y naciendo tantas malezas de ellos, y tan crecidos, que ahogaban las casas, de manera que de pueblo sano, que fue a sus principios, se vino a ser tan enfermizo, que ni los hombres hallaban salud, ni se podían criar más, que hasta uno, o dos años: con que se determinó un Gobernador, llamado Alonso Suárez del Castillo, en el año de mil y seiscientos y dos [1602], pidiéndolo los vecinos, a mudarlo al valle de Quíbor, cinco leguas al este, esta más cerca de Barquisimeto. Tomó para esto posesión en el sitio más acomodado; plantó rollo con final determinación de que se hiciera la transmigración: la cual no pudiéndose hacer aquel año, por haber sido estéril. Uno de los Alcaldes, que no gustaba de que se hiciera, juntó doscientos indios con que hizo limpiar de aquella maleza de espinos, y arcabuco media legua alrededor del pueblo, en especial por el lado que ventan las brisas, que comenzandole a bañar con esto, sin estorbo, quedó el pueblo con la misma salud de antes tenía, de fuerte que no fue necesario mudarlo. Está ochenta y cinco leguas de la ciudad de Coro, al sudeste; diez de la de Barquisimeto, al poniente. […]; hay en ambas conventos de nuestra sagrada religión, de la santa Provincia de Caracas; y en El Tocuyo lo hay también de Santo Domingo.

sábado, 12 de octubre de 2019

Agustil Gil Gil Periodista y un gran tocuyano Don Francisco Suares y Don Arturo Tamayo Yepes fue la junta que organizo,selecciono y logro la creación de la célebre GALERÍA DE TOCUYANOS ILUSTRES 1945

   

  Una de las grandes  iniciativas de la  junta pro–celebración del Cuatricentenario de la ciudad en el año 1945 y su Presidente J. R. Colmenares fue la de crear en esta, Galería de Tocuyanos ilustres y meritorios.
    Con el fin de resaltar la obra de algunos eminentes hombres de esta tierra, citamos parte de las declaraciones suministradas por el Presidente de la Junta Pro–Tocuyo con motivo de las fiestas de la ciudad, aparecidas en la monografía de El Tocuyo en sus 400 años de su fundación:
   
 - "En medio de las muchas festividades no parece de justicia el que se dedique un día, que podría llamarse “Día del Homenaje”, para rendir admiración a los muchos tocuyanos ilustres ya desaparecidos.
Vale destacar que allí funcionó por más de 60 años la administración local de este Municipio; siendo este uno de las sedes de casas Municipales más hermosas del país.
Así lo reseña:
Y muy bien quedará en la sala del Consejo Municipal o la Casa de Cultura que recientemente y con gran acierto acaban de decretar el Ejecutivo Federal, se organizase una Galería de Tocuyanos Ilustres y Meritorios. Sería un claro exponente de Justicia y un elocuente ejemplo para las generaciones presentes y venideras".
   
    De los cuales después de aceptado el pedimento, se procedió a nombrar una comisión que se encargara del Estudio de los eminentes hombres tocuyanos que pertenecerían a tan importante galería. Dicha Comisión fue presidida por los señores Agustín Gíl Gíl, Francisco Suárez y Arturo Tamayo el cual elaboró un informe que presentaría a la Junta dando los nombres de los seleccionados para tan relevante posición.

El informe los transcribimos completo seguidamente:
Informe de la Comisión
El Tocuyo, 15 de Noviembre de 1945
    
Señor
Presidente de la Junta Pro–Tocuyo
Ciudad.
Los suscritos, integrantes de la Comisión encargada de hacer el estudio y de seleccionar a aquellos Tocuyanos que por sus obras sean dignos de figurar en la Galería de Tocuyanos Ilustres, rendimos nuestro informe en los siguientes términos:
A continuación damos a usted la nómina de los Tocuyanos que a nuestro Juicio deben ser llevados a la dicha Galería. Pudiera ser, por supuesto, que en esa lista se haya podido omitir el nombre de algún otro de tan iguales méritos como el de los aludidos. En tal caso, desde ahora advertimos que tal omisión deben interpretarse como un olvido involuntario, y, para ese caso, nos tranquiliza el pensar que un mañana muy próxima, cuando ya esa galería esté bajo el cuidado y vigencia del Ilustre Consejo Municipal, podrá haber oportunidad para enmendar cualquier falla. La lista a que hemos hecho mención es la siguiente:

Coronel Pedro Montesinos

General Trinidad Morán

Don Egidio Montesinos Canelón

Licenciado José María Lucena

Dr. Espíritu Santo Gíl

Dr. Gabriel Gíl

Dr. José Gíl Fortoul

Dr. Lisandro Alvarado

Pbro. Dr. José María Pérez Limardo

Dr. Egidio Montesinos Agüero

Dr. Carlos Yépez Borges

Dr. José María Rodríguez Garmendia

Dr. Juan de Jesús Rodríguez

Dr. Pedro Montesinos Agüero

Dr. Federico Yépez Peraza

Dr. Carlos Alberto Pérez

Dr. Hilario Luna y Luna

Dr. Jesús María Garmendia

Dr. Ricardo Ovidio Limardo

Dr. Cruz Limardo

Don Tomás Gíl de Yépez

Don Saturno Rodríguez

Don Pío Tamayo

Don Alcides Lozada

Dr. Juvenal Anzola

Dr. Juan Pablo Tamayo

     Luego de la celebración del Cuatricentenario de la ciudad y la inauguración de la galería de tocuyanos ilustres en este majestuoso edificio, en el año 1946 se le concede como nueva sede del Colegio Federal de El Tocuyo (hoy Liceo Eduardo Blanco) hasta 1967 que pasa a su nueva sede.

viernes, 1 de agosto de 2014

El Tumulto de la "PLEBE" en El Tocuyo 1744, primer movimiento pro independecia en Venezuela



    Esta insurrección en el que participó un heterogéneo grupo de habitantes de la ciudad de El Tocuyo, integrado tanto por gente del común (Mulatos)   como por influyentes vecinos, algunos de ellos miembros del cabildo local  (mestizos hijos de Portugueses).
   Estalló el 11 de mayo de 1744 en desobediencia a la orden dada por el gobernador Gabriel de Zuloaga de reunir 200 soldados españoles y 150 indios flecheros con destino a la defensa de Puerto Cabello. Los amotinados alegaban que no marcharían a dicho puerto por las condiciones de insalubridad allí reinantes y por el temor de tener que someterse a la tutela de la Compañía Guipuzcoana.


     La ciudad y los alrededores permanecieron bajo control de los rebeldes durante varios meses, pues aún para diciembre de ese año, Zuloaga informaba al Rey que no había hecho nada al respecto temiendo el maltrato de cualquier comisionado que enviara, y porque la situación de peligro que aún reinaba en el mar Caribe le impedía movilizar tropas hacia El Tocuyo.

    Este movimiento que estalló en 1744 en El Tocuyo, en el que los habitantes de esta localidad manifestaron su rechazo a los vascos y a la Compañía Guipuzcoana. Esto como reacción a la orden dada por el gobernador y el capitán general de la provincia de Venezuela, para reunir un contingente de hombres armados con destino a Puerto Cabello, plaza cuya vigilancia y defensa convenía mantener bajo control de los españoles luego del ataque lanzado por los ingleses en 1743.

      En tal sentido, el 1 de mayo de 1744, Félix Alonso González de Yepes, maestre de campo y sargento, convocó a todos los habitantes de El Tocuyo, entre los que los que se encontraban tanto “nobles” como “plebeyos”, para comunicarles la decisión del gobernador, según la cual debían reunirse 200 soldados españoles y 150 indios flecheros que partían en 2 grupos, el primero en una semana, al mando del propio González de Yépez, y el otro, en un mes, comandado por el alcalde ordinario que estuviera ejerciendo las funciones de sargento mayor. El día 11 se reunió el primer grupo de hombres en la plaza mayor, se entregaron las armas correspondientes, se pasó revista a la tropa y se ordenó la marcha. Sin embargo, cuando los contingentes estaban listos para partir se escucho una voz que pronto fue acompañada por otras, que se negaban a cumplir la orden. Asimismo, los alzados apuntaron con sus armas a las autoridades y con un disparo avisaron a otros hombres que llegaron de los alrededores armados con espadas “espadas, chafarotes y rejones”. En términos generales, los alzados alegaban que no convenía la marcha a Puerto Cabello por ser un lugar muy malsano en el que era fácil perder la vida a causa de las “calenturas”, y por el temor de tener que someterse a la tutela de los vascos y de la Compañía Guipuzcoana, empresa cuyo control sobre ese puerto era evidente.


     A pesar de la intervención de las autoridades civiles y eclesiásticas aconsejando a los sublevados el cumplimiento de la orden del gobernador, estos no escuchaban razones. Por el contrario el paso siguiente que dieron los amotinados fue tomar las armas que estaban depositadas en el cuartel general de la ciudad y establecer su centro de operaciones en Guajirita, a 1 legua de El Tocuyo. Tenían prohibida la salida de cualquier persona hacia Caracas, vigilaban constantemente el movimiento de las autoridades y habían privado del gobierno a los tenientes justicias mayores. En pocos días los hombres de armas llegaron a 2.000 entre indios, mestizos, mulatos, zambos y negros. El día 14, los notables de la ciudad informaron de la situación al gobernador, aclarándole que el movimiento había partido de la “plebe”. No obstante, esta explicación no convenció del todo a Zuloaga, pues era evidente la vinculación y simpatía que tenían los notables con los sublevados. Prueba de esto, es que al llegar a El Tocuyo el comerciante Juan Ignacio Álvarez Cienfuegos, hombre muy relacionado con la Compañía Guipuzcoana, y por tanto sospechoso de ser un juez comisionado enviado por el gobernador, la gente más influyente de la ciudad se reunió en la residencia de González de Yépez y acordó expulsarlo.


Tras su expulsión, Álvarez Cienfuegos informó de lo ocurrido al gobernador, señalándole la clara participación de los capitulares y de otros vecinos en el motín, a pesar de que figuraran como cabecillas gente del común:

Pedro de la Cruz, un mulato de más de 50 años, acompañado por sus hijos y sobrinos; Onofre y su hermano “jamuguero”, también con sus hijos; Gregorio Rodríguez, un “mulato zapatero” de 55 años; José Ignacio de Silva, un mestizo; José Nicolás de Lucena, teniente de caballería de infantería, entre otros. Dadas la magnitud de la rebelión y la diversidad de grupos participantes en la misma, la situación estuvo fuera del control de las autoridades por varios meses.

    En tal sentido, todavía para el 22 de diciembre de ese año, el gobernador informaba al rey de los hechos, explicándole que no había intervenido ni pacífica ni violentamente, primero porque temía que cualquier enviado suyo pudiera ser maltratado, y luego, porque una acción armada dejaría desprotegidas las principales plazas de la provincia, decisión no recomendable ante el peligro que aún representaba los ingleses en el mar Caribe. En definitiva, aunque se desconoce como terminaron las acciones, es lógico suponer que la actitud prudente y tolerante adoptada por el gobernador, contribuyó a calmar a los sublevados y llevarlos a que poco a poco se fueran dispersando al quedar sin efecto la orden de marchar a Puerto Cabello.

    Por otra parte, pese a que la Rebelión de El Tocuyo no representó una amenaza real para la corona española, demostró la debilidad que tenía la misma para ejercer el control sobre sus posesiones ultramarinas, lo que expresará en otras rebeliones, y en el propio proceso independentista.