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domingo, 3 de abril de 2022

Vision de la ciudad de El Tocuyo en el año 1600...segun Fray Pedro Simon

Mapa de Venezuela y la parte sur de Nueva Andalucía, publicado por Henricus Hondius en Ámsterdam (mediados del siglo XVII); es usado aquí con el fin de ilustrar la crónica del fraile



Las «Noticias Historiales de las Conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales», redactadas por fray Pedro Simón y mandadas a publicar en España en 1624, constituyen uno de lo más importantes y curiosos documentos historiográficos del periodo colonial americano.

La obra, de la cual sólo llegó a publicarse su primera parte (que va desde el descubrimiento del Nuevo Mundo, hasta el gobierno de Fernando de Berrío en la Provincia de Guayana, usando como fuente principal el manuscrito bogotano de fray Pedro de Aguado, de 1582) en 1627, es cronológicamente la segunda de su tipo escrita sobre el Nuevo Reino de Granada (actual Colombia) y Venezuela, y la primera publicada sobre esta última; puesto que, debido a la muerte de Simón, los neogranadinos tendrían que esperar varios años más para tener su Historia salida de la imprenta.

Además de temas históricos, el tomo trata, en su primera «noticia historial», varias cuestiones filosóficas, políticas (organización territorial y administrativa de las Indias) y científico-teológicas (como el poblamiento antediluviano de América, o la posible ascendencia púnica -o hebrea- de los indios).

De varias descripciones que da en las siete «noticias historiales», y en la relación de «Pueblos, y otras partes más notables, con sus graduaciones, que se comprenden en este primer tomo, por modo de recapitulación», se puede armar una imagen de los lugares -que él mismo conoció como visitador de la Provincia Franciscana de Santa Cruz de Caracas- que componían la Provincia.

Antes de relacionar las ciudades, es justo incluir un fragmento, del capítulo II de la segunda noticia historial, en el cual el franciscano juzga que la pobreza de los habitantes españoles de Venezuela es un castigo de Dios, debido a los abusos cometidos por los primeros conquistadores. Cumple como su visión general de la Provincia, y de sus recién nacidos pueblos:

«Parece que nunca le ha cubierto pelo a esta Provincia de Venezuela, la llaga, o cicatriz con que a los principios comenzó a poblarse, haciendo esclavos a sus naturales: pues siendo la mayor parte de ella tan fértil como es, tan llena de ganados, y de tantos, y tan buenos puertos abiertos todo el año: tantas y tan buenas minas de oro, y otros metales; tanta cría de árboles de cacao; gran suma de algodonares; todas las ciudades, y españoles que viven en ellas, son de tan cortos, y tasados caudales, que apenas alcanzan a dar de comer a sus dueños; de que podemos entender obra esto algún secreto juicio de Dios, que va castigando las injusticias que en sus principios hicieron a los indios: […]».

Hemos respetado la sintaxis y gramática original del texto, solamente modernizando la ortografía, y corrigiendo las numerosas erratas.

«Tras esta ciudad se pobló la de El Tocuyo, que está en cincuenta y nueve grados y cincuenta minutos de longitud, y siete grados de latitud al norte, ochenta y cinco leguas de la de Coro al sur: es provincia de indios, poblóla el Capitán Carvajal, del Licenciado Tolosa, como dejamos dicho; tierra muy caliente por la mayor parte, aunque tiene pedazos de fría, y bien templada, pero en toda ella se da buen trigo, en especial en el valle de Quíbor, con grandes crías de ganado de mayor, y menor. En las tierras frías goza de muy buenas aguas, falta de oro, abundante de algodón, y de todas frutas de la tierra, y de algunas de Castilla. Hízola famosa el haber muerto la gente de ella, al tirano Lope de Aguirre. Gobiérnase por dos Alcaldes Ordinarios, dos de la Hermandad, y Regidores Perpetuos, sujeta al Gobernador de Venezuela, que tiene de ordinario puesto en ella un Teniente. Tiene un convento de nuestro Padre San Francisco, y otro de Santo Domingo, Cura, y Vicario, y algunos clérigos».

Del capítulo XIX de la quinta noticia:

«[…] Son abundantes estas dos ciudades, Tocuyo y Barquisimeto (que en todo corren casi igual fortuna) de todas frutas de la tierra, y en especial El Tocuyo de las de España, como son uvas, melones, higos, granadas, y toda hortaliza; mucho, y muy buen trigo, en especial en los valles de Quíbor, que está cinco leguas de la ciudad, se puede dar trigo, por ser tierra calidísima, y haberse visto en pocas, o ningunas partes darse en tierras tan calientes: pero a mí me pareció, ser la causa de cogerse tanto, y tan bueno aquí, el regarse las sementeras, con una quebrada de una buena molada de agua, que baja de las cumbres de una serranía, que por bajar algo fresca, y regarse de noche, refresca, y sazona la tierra, dándole el temple que pide el trigo, contra el que naturalmente tiene la tierra, que de suyo solo es apta para dar sus frutos naturales, como son plátanos, guayabas, mameyes, y otros. Da también mucho y muy buen arroz; el trigo con tanta abundancia, que del de los dos valles dichos, se sustentan las ciudades de El Tocuyo, Barquisimeto, Carora, la laguna de Maracaibo, Coro, y embarcan buena parte de harinas de ello, a las ciudades de Santo Domingo, y Cartagena.

Muchas naciones de indios que están entre estos pueblos dichos (como son cunariguas, atariguas, coyones, quíbores, barquisimetos, y otros), no vivían en casas, ni pueblos (ni hoy viven muchos de ellos, como yo los he visto) sino quince días debajo de un árbol, y otros quince en otro, durmiendo en chinchorros; no siembran, porque su sustento es frutos de la tierra, que siempre los hay, en especial datos, caza de conejos, y venados, que los asan, metiendolos enteros en un hoyo con su pellejo, y pelo, habiéndoles quitado solo las tripas: calientan primero el hoyo muy bien, con leña, o paja, y sacándoles las brasas, o ceniza, meten el venado, y tapan muy bien con hojas de vihao [sic], y dentro de dos horas lo vuelven a sacar, aunque con su mismo pelo, muy bien sazonado, y entonces se lo quitan, y comen el pellejo con la carne. En estos mismos hoyos calientes meten unos troncos verdes de unas matas de cocuiza, que es casi lo mismo, que merguei [sic], habiéndole cortado lo largo de las hojas, y después de bien sazonado con el calor, chupan aquéllos troncos, y les sacan el jugo, que no es poco el que tienen, con un sabor de arrope, o mala miel de cañas, que es también purgativo, en especial, para los que no están hechos a ello. Críanse hierbas tan venenosas, aún dentro de los patios de las casas, y en las calles, que en veinte y cuatro horas despachan de esta vida a quien se las dan: pero también hay muchas suertes de contrahierbas, con que se repara esto.

El temple de los sitios de estos dos pueblos, Barquisimeto, y Tocuyo, es muy caliente, por estar en tierras bajas, aunque todas estas provincias, tienen también tierras frías, que son las serranías: de manera que de dos a dos leguas, y de tres a tres, atravesandolas este, oeste, se van encontrando tierras calientes, templadas y frías: porque cuanto más las sierras (que son las mismas que corren del sur al norte mil y doscientas leguas largas, desde el Canal de Magallanes hasta este Mar del Norte, que rematan en Santa Marta, Coro, y las demás partes de esta costa) se van entrando con sus levantadas cumbres, a la media región de aire, son más frías, y algunas tanto, que están siempre cubiertas de nieve, como las de Mérida: de donde como se va bajando a los valles calientes, se hayan tierras templadísimas, y bien dispuesta para toda suerte de granos, frutas, y ganados, como aquí se crían. La ciudad de El Tocuyo a permanecido hasta hoy, en el mismo sitio que tuvo sus principios, en una sabana, a los márgenes de un abundante río, de muy buena agua, y fría, por bajar de lo alto de las sierras, que no es poco regalo en temple tan caliente: pero el ganado de cabras, y vacas de leche, que andaba junto a la ciudad, apartándose el arcabuco, comía fruto de espinos, volviendo a la ciudad de su estiércol, se fueron sembrando, y naciendo tantas malezas de ellos, y tan crecidos, que ahogaban las casas, de manera que de pueblo sano, que fue a sus principios, se vino a ser tan enfermizo, que ni los hombres hallaban salud, ni se podían criar más, que hasta uno, o dos años: con que se determinó un Gobernador, llamado Alonso Suárez del Castillo, en el año de mil y seiscientos y dos [1602], pidiéndolo los vecinos, a mudarlo al valle de Quíbor, cinco leguas al este, esta más cerca de Barquisimeto. Tomó para esto posesión en el sitio más acomodado; plantó rollo con final determinación de que se hiciera la transmigración: la cual no pudiéndose hacer aquel año, por haber sido estéril. Uno de los Alcaldes, que no gustaba de que se hiciera, juntó doscientos indios con que hizo limpiar de aquella maleza de espinos, y arcabuco media legua alrededor del pueblo, en especial por el lado que ventan las brisas, que comenzandole a bañar con esto, sin estorbo, quedó el pueblo con la misma salud de antes tenía, de fuerte que no fue necesario mudarlo. Está ochenta y cinco leguas de la ciudad de Coro, al sudeste; diez de la de Barquisimeto, al poniente. […]; hay en ambas conventos de nuestra sagrada religión, de la santa Provincia de Caracas; y en El Tocuyo lo hay también de Santo Domingo.

domingo, 2 de febrero de 2020

Feria de Industrias Femeninas Regionales en El Tocuyo 1932; propuesta de eminente periodista Agustín Gil Gil

Agustin Gil Gil
PERIODISTA 
    Un 25 de septiembre de 1932, Agustín Gil Gil   periodista político y de gran representación de la    sociedad tocuyano ,muy poco nombrado y que fe miembro de varias comisiones y organizaciones municipales como la junta pro-celebración de cuatricentenario de la ciudad y de tambien la camara municipal; publico en el periódico “El Arado, escribió un articulo titulado “SEMBRANDO IDEAS”, donde le propone al Centro Social organizan una feria de industrias femeninas regionales. 

“...en el cual puedan concurrir todas las mujeres del distrito que elaboren algún producto de posible aprovechamiento comercial tales como amasijos, pastelería, confitería, frutas en conserva, flores naturales, de papel, tela y cera, tejidos, bordados, camisas, corbatas, etc. Conviene que todo se ofrezca en venta a precios regulares para poder conseguir fines prácticos...” 
(El Arado N.64.Año 1932) Periódico redactado en El Tocuyo

    Agustín Gil Gil, pensaba que la región tenía suficientes productos que podían ser aprovechadas para la comercialización en otras latitudes nacionales, y que dicho productos podían explotarse mediante compañías anónimas o con otros nombres.

      Pensaba además que, este tipo de mercancías podían llevarse a la capital o al Táchira por el sur con bastantes posibilidades de éxito. Todas estas ideas  tomadas por intuciones municipales locales y en especial  por el Centro Social de Damas que para esa fecha tenia un sentido de pertenencia y arraigo por novedosos proyecto de desarrollo local; y de u
na vez  dicho proyecto fueron comprometidos a diversos sectores de la sociedad morandina, pero muy especialmente a la población femenina.

lunes, 2 de diciembre de 2019

Licdo. Antonio J. Saldivia Landaeta; Un Tocuyano ... 📝 y el mundo de la PALEOGRAFÍA


Técnico especialista en transcripción de documento antiguos 
    
✅ ¿Qué es la paleografía?

  📌 “La paleografía es la disciplina que estudia la historia de la escritura (y en particular de la escritura a mano) en su diferentes fases, las técnicas empleadas para escribir en distintas épocas, el proceso de construcción de los testimonios escritos y, en fin, los productos mismos de tal proceso, particularmente en su aspecto gráfico, ya se trate de libros, inscripciones, documentos o escritos de naturaleza individual o privada”, Armando Petrucci. 

     Las grafías antiguas y su relación con el estudio de la historia”,  señalo que la paleografía debe ser entendida como la disciplina que estudia las escrituras antiguas, y con la cual se desentrañan no sólo la escritura ajena a nuestro tiempo sino que nos hace asequible el conocimiento para saber cómo se vivía en otra época.

     En palabras según mi criterio “ la paleografía de documentos –en esta ocasión, de los manuscritos novohispanos de índole administrativa, jurídica, política y religiosa–, permiten al investigador de la historia adentrarse y dilucidar ciertas prácticas sociales y culturales de la época virreinal, en otras palabras, al leer lo escrito en el pasado se genera conocimiento que se transforma en ventanas que permiten ver otros periodos y comprender y transformar nuestro presente. Asimismo, reiteró que al plantear la historia y la paleografía para interactuar en el presente y el pasado, se despierta en los estudiantes el interés por conocer cómo se vivió cierto proceso histórico y, sobre todo, descubrir por qué se vive actualmente de determinada manera, puesto que, mediante la historia se intenta explicar el presente”.

    En El Tocuyo tenemos una gran cantidad de manuscritos y varios volúmenes originales del ARCHIVO HISTORICO DEL REGISTRO PUBLICO DE LA CIUDAD, uno de las más antiguos del país  de la época colonial al resguardo del SAREN.

    Para hacer comprensible su contenido, hay que hacerse  una serie de preguntas: ¿Cuándo y dónde se escribió el documento? ¿Quién lo escribió? ¿Por qué se escribió? ¿Para qué se escribió? ¿Cuál es el discurso? Al contestar esas interrogantes –manifestó– se tiene un acercamiento inicial al corpus documental y una primera interpretación
La paleografía debe ser aplicada de manera interdisciplinaria; así, junto con la historia, la antropología, la sociología, la etnología, se tendrá un panorama completo de lo que acaeció en el periodo que se desea comprender.



✅ La transcripción documental y algunas técnica para trabajar 

    El desaliento de algunos investigadores al asumir la tarea de transcripción llega a tal intensidad, que muchos de ellos toman la decisión de desechar la fuente documental que consultan, habida cuenta de no poder acceder a su contenido; dado lo difícil y complejo que pueden resultar muchos manuscritos en términos de su correcta legibilidad. Hay quienes para solventar este escollo no rechazan el documento, sino que vista la imposibilidad de transcribirlo por sí mismos, recurren a la ayuda del especialista paleógrafo o del transcriptor experimentado. Otros investigadores –por fortuna los menos– sencillamente desisten del tema que escogieron inicialmente, y enfilan sus intenciones hacia otra área temática menos problemática y exigente en lo tocante al manejo de los manuscritos; principalmente los de vieja data (siglos XVI y XVII).

   Siendo la necesidad de comunicación algo inherente al ser humano en lo individual y en lo colectivo, parece obvio que se agenciaran por su parte los medios más expeditos para lograr la mayor fluidez en este propósito. Así, el afán de comunicación jalonará siempre el progreso, y el intento es fácil detectarlo: el pápiro, el cálamo y la tinta fueron ayer lo que es hoy el mensaje computarizado, y ambos medios con un mismo fin, según vemos.

  En cualquiera de estos casos, es evidente el cúmulo de problemas que debemos enfrentar y resolver en nuestra tarea de búsqueda de información documental; ya sea para corroborar datos ofrecidos por otros investigadores o para nuestro propio consumo, en la consecución de lo que nos pueda interesar en el desarrollo de nuestro tema de investigación. Ahora, tal conjunto de dificultades no siempre están presentes –con la misma intensidad– en una determinada colección documental que en otra, pues ello variará dependiendo del término cronológico del manuscrito, la escritura empleada, el estado de conservación de los folios y hasta la misma organización y servicio del archivo donde se localiza la fuente.
+  De tal manera que –en términos generales– se pueden estimar estas dificultades en dos tipos, a saber:
 A. Dificultades externas a la escritura.
 B. Dificultades internas a la escritura.

✅ DIFICULTADES EXTERNAS A LA ESCRITURA

     La escritura, considerada quizás el invento más grande del hombre, ha avanzado de manera vertiginosa en lo que concierne a los medios utilizados en su confección y en su difusión; a tal punto que la información escrita se transmite hoy día a velocidades que se miden en millonésimas de segundos entre el ente emisor y el receptor, lo cual no es otra cosa que una demostración palpable del avance científico alcanzado por el hombre en los años recientes. Esencialmente, tal comunicación fue siempre, desde los tiempos remotos, asunto de la mayor importancia, tal cual lo constituye hoy día, con la notable diferencia, comparativamente hablando, de lo complejo y dificultoso que debió resultar para el hombre en ese pasado remoto, el poder perpetuar su memoria con el empleo de signos ideográficos y posteriormente con la invención y adopción de sistemas de escrituras basados en abecedarios.


    Desde tiempos remotos, el hombre procuró perpetuar esa comunicación por vía de la exposición de escenas de caza y de guerra sobre piedra. Los egipcios, expertos en el uso de una extensa simbología, usaron como soportes para dejar memoria de sus vidas una amplia aplicación de jeroglíficos tanto en papiros, como esculpidos o pintados en sus palacios, templos y tumbas. Los romanos, por su parte, hicieron de las tablas de cera, delgadas pieles y el mármol, los materiales sobre los cuales reseñaron sus hechos. Dejando de lado toda consideración sobre el lenguaje escrito que no tenga como soporte el papel, conviene precisar cuáles son los elementos que constituyen lo que he dado en llamar dificultades externas a la escritura. Refieren al estado físico del documento, su debido resguardo y las posibilidades existentes en los repositorios para consultar sin mayores trabas las colecciones de manuscritos que queremos revisar.

    Vale decir, todos aquellos aspectos relacionados con el correcto resguardo de la fuente, en procura de ofrecer el mejor servicio a quien consulta. Es lógico pensar que luego de tantos años de haber sido producidos, los manuscritos antiguos se resientan y muestren, muchos de ellos, evidencias palpables del rigor del paso del tiempo, al observarse el estado material lamentable en el cual se encuentran; circunstancia esta que tiene como elemento catalizador el poco o ningún cuidado que los responsables de la custodia y preservación de estos papeles han demostrado, para la debida salvaguarda de estas colecciones. Manuscritos de los siglos XVI y XVII muestran tales signos de apolillamiento, al extremo de que valiosas piezas como el primer Libro de Actas del Cabildo de Caracas (años 1573-1602) deja ver un tremendo agujero al centro de sus folios, imagen más que demostrativa de cómo se fue dejando “para después” la solución al avance de este terrible flagelo documental. Obviamente, esta es una tremenda dificultad al momento de intentar la lectura y debida transcripción de un escrito como ese u otro en similar estado; dificultad que como podemos apreciar nada tiene que ver con la escritura allí elaborada, pues más bien forma parte de esos aspectos relacionados con el estado material del soporte de esa escritura.

    En ese mismo orden, cabe mencionar que al igual de lo pernicioso que resulta el trabajo de estos agentes animales al corroer con su acción depredadora al documento, también es de suma gravedad el resultado que en muchos manuscritos antiguos ha dejado el empleo de tintas con alto grado de acidez o alcalinidad, que al correr del tiempo han vulnerado fatalmente la consistencia del papel, dejando como resultado grandes “quemaduras” sobre este soporte y en consecuencia sobre lo escrito en él; al extremo de que solamente es posible observar grandes manchas oscuras en muchos renglones escritos, con mayor presencia en aquellas letras que presentan rasgos gruesos.

Documental durante el extenso período de dominación monárquica en América, e inmediatamente caeremos en cuenta de la diversidad de modos de escribir que coexistieron; aún tratándose de la utilización de tipos únicos de escritura, que como bien sabemos fueron tres: cortesana, procesal e itálica con las variantes correspondientes a cada una de ellas.

       De igual consideración y por tanto con la misma dificultad para su correcta lectura, en el traspaso de la tinta de un folio hacia otro, bien tratándose del anverso hacia el reverso, o de una página hacia otra, con la consecuencia de que los trazos de las letras de lo escrito en un lado, se confunden con los trazos de las grafías elaboradas en el otro lado. En sentido contrario, aunque también resulta un obstáculo para la debida comprensión de lo que está escrito, nos encontramos con grafías por demás débiles en su confección, entendiendo por ello la presencia de escrituras sumamente borrosas, huidas, de poca firmeza en su trazado, dado que para su elaboración probablemente se utilizaron tintas cuyos ingredientes carecían de la debida calidad de impresión, y por lo tanto no representaba ninguna garantía de perdurabilidad.

      También las roturas y mutilaciones de los documentos, hecha de manera intencionada o no, constituyen serios problemas para el transcriptor dado que ello no permite la comprensión cabal del texto, más aún si del legajo o expediente se han extraído o extraviado partes contentivas de información importante, como por ejemplo la fecha del escrito, firmas y nombres de personas o lugares, que probablemente no logremos ubicar en otra parte del texto. Queda a criterio del investigador, para solventar un tanto esta carencia, andar con mucho cuidado en el movedizo terreno de la especulación, pero siempre con las debidas advertencias del caso.


✅ DIFICULTADES INTERNAS A LA ESCRITURA

 El producto del acto de escribir está constituido por una especie de tarjeta de presentación, que refleja la característica resaltante de individualidad que identifica a la persona generadora del escrito. Salvo en los casos de aquellas escrituras sometidas a pautas precisas y únicas para su elaboración, lo que las hace siempre iguales aún en los casos de ser facturadas por personas distintas, ha de tenerse presente que este acto es muy personal y por tanto con peculiaridades muy propias de quien lo realiza.

Visto así, el análisis al cual deben ser sometidas estas grafías distintas para su debida comprensión y consecuente lectura, debe basarse principalmente en el estudio de las particularidades de cada caso, de cada escrito, pues sus características son únicas y dicen bastante del tipo de letra empleada, ya angulosa, ya redonda, de la firmeza del instrumento de escribir sobre el papel y de la dirección que se le imprime al manuscrito. A los efectos de esta valoración, y antes de exponer cuáles son las dificultades internas a la escritura, conviene señalar el significado de tres elementos que se aplican en la técnica paleográfica y que forman parte de su terminología:

  • Caja del renglón
  • Ducto 
  • Canon.

       Caja del Renglón
    Está constituida por dos líneas paralelas imaginarias, dentro de las cuales discurre la escritura. La aplicación de este medio de análisis nos permite precisar la dimensión de las letras, en el entendido de poder apreciar así, de una parte, la diferenciación de ellas entre minúsculas y mayúsculas, y de otra parte distinguir más efectivamente los trazos correspondientes de una o varias letras en específico. De este modo, será posible ver más claramente todos aquellos aspectos relacionados con la morfología de las letras, ligazón entre palabras y dirección de los rasgos ascendentes, descendentes o envolventes cuando estos afectan alguna palabra o palabras que se encuentren en los renglones precedentes o siguientes. Es decir, en muchos casos la lectura del manuscrito se torna mucho más difícil, si el ejecutante hizo uso de una escritura sobrecargada de trazos y rasgos a veces superfluos, que sólo con la suficiente paciencia podemos abordar con éxito su correcta lectura.

     
    En términos resumidos, de acuerdo con su dimensión o tamaño, encontramos que las letras están clasificadas en mayúsculas y minúsculas, entendiendo que las primeras son aquellas que conservan una misma altura con respecto a la caja del renglón, siendo su uso arbitrario en muchos documentos, al no sujetarse su aplicación a reglas fijas: “...En cuanto a su empleo, este se reserva, si nos atenemos a las actuales normas de ortografía al inicio de un escrito o después de un punto que cierre una oración, inclusive, tras el uso de los signos de interrogación o admiración. En los documentos antiguos donde no encontramos fijadas tales normas, las letras mayúsculas asumen generalmente la función de siglas; esto es la palabra o palabras consignadas sólo con su letra inicial, pero es de advertir, además, que este tipo de letras suelen aparecer caprichosamente en medio de una dicción dando lugar a confusiones, sobre todo en el modelo de letra procesal, cuya modalidad consiste en anular las diferencias arriba indicadas de los grafismos...”1

    En cuanto a las letras minúsculas, se les reconoce como bien sabemos por ser de menor entidad o tamaño que las mayúsculas. Estas letras poseen dos formas básicas: cortas y largas, siendo las primeras las que constituyen el llamado “cuerpo de la escritura”, el cual queda conformado por las letras que son trazadas dentro de las dos líneas paralelas imaginarias que forman la caja del renglón, por lo cual normalmente ninguno de sus trazos sobresale de esa dirección. Estas minúsculas cortas son las vocales a, e, i, o, u y las consonantes m, n, r, s, v, x.


     En cuanto a las formas de las letras estas dependerán totalmente, como es obvio suponer, del esmero o descuido que el ejecutante haya puesto en su elaboración. Igualmente se supone que este acto tiene como finalidad la de que se pueda leer lo que está escrito, mas pareciera no ser así en todos los casos, puesto que son innumerables los folios manuscritos donde se aprecia que la intención del que escribió hubiese sido la de presentar un escrito enrevesado, muy complejo y por tanto lleno de dificultades para su debida lectura. De acuerdo con el trazado de las letras, estas recibían el nombre de sentadas o redondas cuando su reproducción dejaba ver el mayor cuidado y atención, teniendo estos caracteres cierto grado de belleza y limpieza de lo escrito. En cambio, aquellas escrituras hechas descuidadamente, denotan apresuramiento en quienes las ejecutaron, siendo su característica resaltante el alto grado de cursividad aplicado, sobre estos dos tipos de letras, dice Agustín Millares Carlo que las primeras ”...corresponden a los códices o libros manuscritos, en tanto que las últimas son propias de documentos que se caracterizan por prevalecer en ellos los enlaces de letras...”, y agrega el citado autor: ”...que las influencias de un modelo escritural sobre otro, dio como resultado una escritura mixta que se le da el nombre de semicursiva, que también fue profusamente empleada en la producción de fuentes históricas”2.

    Respecto a las minúsculas largas, se denominan así porque sus trazos ascendentes o descendentes sobresalen de la caja del renglón, dándose el caso de letras de este tipo que pueden presentar en su elaboración ambos trazos, como es el caso de la letra f y a veces de la letra h. Se consideran en el grupo de las altas a las letras h, d, t, l, f, en tanto que las bajas son: y, p, f, z.

      Ducto:
  cuyo significado literalmente es el de guía o dirección. Así entendido, es claro que tal palabra también implica intencionalidad, propósito, es decir, hacia dónde se dirige la acción, que en nuestro caso alude al hecho de la elaboración de la escritura. Como componente de la terminología paleográfica, el ducto significa la manera particular que cada persona da a su propia escritura, es decir, sus peculiaridades, en el entendido de cómo se dirige su propia manera de escribir, la cual es una y única, asaz personal, y en cualquier caso, distinta en muchos aspectos con la producida por manos diferentes:

   Ello constituye una identificación particularísima, donde los giros, rasgos envolventes, trazos ascendentes y descendentes y tamaño de las letras, adquieren una facturación muy propia de quien elabora el escrito, se trata, en resumen: “...del carácter peculiar que cada persona da a sus escritos, que no es otra cosa que la morfología que tiene cada escritura, se pueden encontrar escrituras donde abundan los rasgueos iniciales o finales en cada renglón, otras cuyos elementos son menudos y apretados, también con sus letras muy inclinadas y por último, grafismos que no guardan un paralelismo uniforme dentro de la caja del renglón al acusar en su ejecución una asimetría degenerativa de los caracteres del alfabeto...”3.

   Tanto el término Ducto como el de Caja del Renglón, son expresiones técnicas usadas en Paleografía para precisar – según hemos visto – el movimiento, volumen y firmeza de cada escritura personalizada. Esto es, que lo tenue o fuerte de los rasgos y el uso de elementos decorativos o sin valor, se apreciarán mejor si tomamos en cuenta los términos ya enunciados.


    Canon :
    En la paleografía técnica se utiliza la expresión Canon para significar la existencia de una escritura que para su elaboración se siguieron pautas o normas precisas. De allí que cuando se emplea el término “escritura canonizada” se hace para señalar la presencia de un modelo escritural o modelos escriturales, que aún siendo ejecutados por manos diferentes expresan en la confección de sus grafismos similitudes notables. Se trata de seguir patrones únicos en la ejecución de lo escrito, es decir, siempre se empleará el mismo trazo para un determinado grafismo, lo que haría que el diseño de la letra conserve la misma relación modular (proporción entre altura y anchura), su firmeza y dirección. Generalmente, son tipos de escrituras muy bien cuidadas, resultantes de un tra bajo hecho con esmero, y sin apresuramiento; salvo en aquellos casos donde es observable el paso degenerativo de un modelo hacia otro, como ocurre en el tránsito de la escritura cortesana hacia la escritura procesal. Expuestos resumidamente estos tres elementos de análisis que forman parte de la terminología paleográfica, conviene ahora hacer referencia a lo que en su conjunto he denominado dificultades internas a la escritura, que en esencia representan los obstáculos más comunes que debemos solventar para lograr una efectiva lectura y consecuente transcripción de los documentos que consultamos. Tales dificultades internas se pueden apreciar en unos escritos más que en otros y ello obedecerá, sin dudas, al carácter particular que se imprimió a cada ejecución.
   De allí que podamos ver documentos donde abundan los enlaces indebidos entre palabras, lo que a su vez suprime el abuso en el empleo de abreviaturas; así como también habrá otros manuscritos donde serán escasos esos enlaces indebidos, pero en una elaboración donde se notará el empleo de rasgos inútiles, sin valor alguno, dentro de la escritura.

 Esencialmente, se pueden agrupar estas dificultades en:

 A. Exagerada presencia de abreviaturas.
 B. Enlaces indebidos entre palabras.
 C. Utilización de rasgos inútiles.
 D. Elaboración exagerada de las grafías (trazado exagerado de las letras).
 E. Similitud en el trazado de letras de distintos tipos. Cada uno de estos cinco puntos, representan particularmente una dificultad a superar en la tarea de transcripción, la cual se agudizará si dentro del escrito

miércoles, 13 de noviembre de 2019

Alcides Losada …Un Gran tocuyano …Poeta,Periodista y revolucionario a las causas sociales

ALCIDES LOSADA

     Hijo de Bartolomé Losada … Alcides Losada nace en El Tocuyo el 23 de Enero de 1894 fue el mayor de los dos hermanos : Hedilio y Alcides y siendo hijo naturales le dio el apellido .
     Alcides y su hermano Hedilio  llamado “Los hermanos armoniosos” por su finura en las letras poética y muy unidos n todo lo que hacían; Formaron parte de esa época estelar de desarrollo socio cultural y de auge económico y  de la cultura tocuyana, fueron miembros fundadores junto a Pío Tamayo, Roberto Montesinos, Ernesto Nordohof y Rafael Guédez del famoso centro literario denominado; "El Tonel de Diógenes", en 1917.

   Todos compartieron la efervescencia juvenil que los hizo destacar en los años 20 del siglo pasado. Sin duda el mayor aporte que los hermanos Losada dejaron a su ciudad natal fue la creación del periódico "El Tocuyo", que ha sido uno de los de mayor duración y regularidad de los que se hayan publicado en esta ciudad. Allí fungiendo como directores y redactores, y dieron cabida a la más amplia y diversidad de escritores dentro y fuera de El Tocuyo.

   "El Tocuyo" representó, sin la menor duda, en sus casi ocho años de permanencia (1921 - 1929), la expresión escrita más importante de la región.
   Con apenas 17 años (1911)  Alcides Losada trabajan en un Periódico en Carora y en 1913 dirigen "El Propulsor" órgano informativo y de promoción del prosapio y selecto centro social llamado “Club Recreativo y progresista” evocando las ideas del positivismo muy en boga para a época y era el  encargado de "La Imprenta Colmenares".

      En 1915, los dos hermanos Losada dirigen, junto a Carlos Zavarce, la revista "Cirano", que salía quincenalmente en Barquisimeto.
 
       Luego vendría "El Tocuyo" pero las labores de este periódico no imposibilitaría continuar con el trabajo por otros medios: en la revista "Juventud", en el "Diario de Carora", "El Impulso" de Barquisimeto, entre otros. Junto a "El Tocuyo", "La Quincena Literaria" serían las obras de mayor trascendencia de los Losada. "La Quincena Literaria", cuya primera etapa nace en 1925, expuso lo más exquisito de la poesía tocuyana y de la región.

      Alcides Losada se convirtió en el cronista de El Tocuyo en los años 20, no solo por sus escritos en los que analizaba y diagnosticaba la situación de la ciudad de la época sino por el tratamiento de la historia, vertidas en sus ensayos y poemas. De los contemporáneos de Pío Tamayo, sin duda Alcides es el más parecido, fue un hombre vibrante, audaz, inquieto, extrovertido, difícilmente se producía algún acto público en cualquier orden, desde una reunión social en las más distinguidas casas de familias de la época, en los clubes sociales, en las actividades benéficas y hasta en una pelea de gallos, donde no estuviera presente. Por ello, al igual que Pío, no pudo soportar las injusticias de la época, lo que lo hizo ponerse en rebeldía en la revolución de Gabaldón en 1929.

     Sobre la personalidad de Alcides, nuestro más grande poeta, Andrés Eloy Blanco, dijo lo siguiente: Alcides era un punto de equilibrio entre el poeta y el paladín. Pero su equilibrio no significa estática. Era la inquietud metida en la serenidad. Aquel es la dedicación más completa que pueda darse a la belleza, al valor y a la preocupación. Y su muerte fue la plenitud. Se marchó dejándonos una palabra de aliento en nombre de la vida (Obras Completas, 1983, p. 416).

   A principios de 1929, supuestamente por problemas financieros, Alcides deja de publicar el periódico "El Tocuyo"; sin embargo, la verdadera causa, parece ser, la decisión tomada de participar activamente en la rebelión encabezada por el General Gabaldón, desde las tierras de Portuguesa, en abril de ese mismo año, pretendiendo tomar El Tocuyo para luego seguir a Barquisimeto. Esta no triunfó, pero luego lo harían en Guanare y durante meses fueron perseguidos en las montañas de Biscucuy. Allí, su inspiración creativa no dejó de funcionar pues en los albores del combate crea el periódico "La Libertad en Marcha". En dicho órgano, expresa las razones de la rebelión: No somos hombres de guerra, amantes del derramamiento de sangre de nuestros Hermanos, ni mucho menos ambiciosos del poder (...)

    Somos una agrupación de hombres de trabajo y estudio, que hasta ayer permaneció ajenos a todo debate y actividad política, pero que al fin, ante la necesidad suprema de la libertad y la prosperidad de la patria arruinada, pasamos a enarbolar la bandera de la rebelión y salir a buscar en el campo de batalla lo que no pudimos obtener en las heroicas batallas del civismo.

     Junto a Gabaldón, Alcides es hecho preso y llevado al Castillo de Puerto Cabello donde permanecería hasta su muerte, producida el 12 de Agosto de 1931, su cadáver por miedo a la propagación de la tifoidea es lanzado al Mar Caribe. La cárcel, tampoco terminó con sus ímpetus literarios. "El toque de Ave María", "El toque de Animas", "La Boina del Estudiante", son solo una demostración de ello. Este último, tal como él mismo lo dice "...es un canto de la nueva era, canto a la libertad"

sábado, 12 de octubre de 2019

Agustil Gil Gil Periodista y un gran tocuyano Don Francisco Suares y Don Arturo Tamayo Yepes fue la junta que organizo,selecciono y logro la creación de la célebre GALERÍA DE TOCUYANOS ILUSTRES 1945

   

  Una de las grandes  iniciativas de la  junta pro–celebración del Cuatricentenario de la ciudad en el año 1945 y su Presidente J. R. Colmenares fue la de crear en esta, Galería de Tocuyanos ilustres y meritorios.
    Con el fin de resaltar la obra de algunos eminentes hombres de esta tierra, citamos parte de las declaraciones suministradas por el Presidente de la Junta Pro–Tocuyo con motivo de las fiestas de la ciudad, aparecidas en la monografía de El Tocuyo en sus 400 años de su fundación:
   
 - "En medio de las muchas festividades no parece de justicia el que se dedique un día, que podría llamarse “Día del Homenaje”, para rendir admiración a los muchos tocuyanos ilustres ya desaparecidos.
Vale destacar que allí funcionó por más de 60 años la administración local de este Municipio; siendo este uno de las sedes de casas Municipales más hermosas del país.
Así lo reseña:
Y muy bien quedará en la sala del Consejo Municipal o la Casa de Cultura que recientemente y con gran acierto acaban de decretar el Ejecutivo Federal, se organizase una Galería de Tocuyanos Ilustres y Meritorios. Sería un claro exponente de Justicia y un elocuente ejemplo para las generaciones presentes y venideras".
   
    De los cuales después de aceptado el pedimento, se procedió a nombrar una comisión que se encargara del Estudio de los eminentes hombres tocuyanos que pertenecerían a tan importante galería. Dicha Comisión fue presidida por los señores Agustín Gíl Gíl, Francisco Suárez y Arturo Tamayo el cual elaboró un informe que presentaría a la Junta dando los nombres de los seleccionados para tan relevante posición.

El informe los transcribimos completo seguidamente:
Informe de la Comisión
El Tocuyo, 15 de Noviembre de 1945
    
Señor
Presidente de la Junta Pro–Tocuyo
Ciudad.
Los suscritos, integrantes de la Comisión encargada de hacer el estudio y de seleccionar a aquellos Tocuyanos que por sus obras sean dignos de figurar en la Galería de Tocuyanos Ilustres, rendimos nuestro informe en los siguientes términos:
A continuación damos a usted la nómina de los Tocuyanos que a nuestro Juicio deben ser llevados a la dicha Galería. Pudiera ser, por supuesto, que en esa lista se haya podido omitir el nombre de algún otro de tan iguales méritos como el de los aludidos. En tal caso, desde ahora advertimos que tal omisión deben interpretarse como un olvido involuntario, y, para ese caso, nos tranquiliza el pensar que un mañana muy próxima, cuando ya esa galería esté bajo el cuidado y vigencia del Ilustre Consejo Municipal, podrá haber oportunidad para enmendar cualquier falla. La lista a que hemos hecho mención es la siguiente:

Coronel Pedro Montesinos

General Trinidad Morán

Don Egidio Montesinos Canelón

Licenciado José María Lucena

Dr. Espíritu Santo Gíl

Dr. Gabriel Gíl

Dr. José Gíl Fortoul

Dr. Lisandro Alvarado

Pbro. Dr. José María Pérez Limardo

Dr. Egidio Montesinos Agüero

Dr. Carlos Yépez Borges

Dr. José María Rodríguez Garmendia

Dr. Juan de Jesús Rodríguez

Dr. Pedro Montesinos Agüero

Dr. Federico Yépez Peraza

Dr. Carlos Alberto Pérez

Dr. Hilario Luna y Luna

Dr. Jesús María Garmendia

Dr. Ricardo Ovidio Limardo

Dr. Cruz Limardo

Don Tomás Gíl de Yépez

Don Saturno Rodríguez

Don Pío Tamayo

Don Alcides Lozada

Dr. Juvenal Anzola

Dr. Juan Pablo Tamayo

     Luego de la celebración del Cuatricentenario de la ciudad y la inauguración de la galería de tocuyanos ilustres en este majestuoso edificio, en el año 1946 se le concede como nueva sede del Colegio Federal de El Tocuyo (hoy Liceo Eduardo Blanco) hasta 1967 que pasa a su nueva sede.

jueves, 1 de agosto de 2019

LA RECONSTRUCCIÓN DE EL TOCUYO ; tras el terremoto José María Giménez

Jose Maria Gimenez
   
     Desconcertado por los contratiempos volví a El Tocuyo y cuando recorrí sus calles las encontré diferentes a las de mi infancia y con muy pocos amigos a los que dejé en mi ausencia. 
Encontré a El Tocuyo convertido en un hervidero de polémicas opiniones con respecto al destino de la ciudad.
     Unos aconsejaban mudar la urbe de su primitivo asiento y reedificarla al norte de la Quebrada de Barrera, para conservar las ruinas como atracción turística, en una burda imitación de Pompeya.
Las personas cuyas casas no sufrieron mayores daños alegaban que era un crimen destruir la ciudad porque la mayor parte de la población tenía muchas casas habitables.

     Y los viejos apegados a la tradición con criterio conservador opinaban que arrasar la ciudad era un atentado contra su fisonomía colonial que era el más caro orgullo de los tocuyanos.
Pero el Gobierno no atendió los razonamientos de la ciudadanía y decidió proceder de acuerdo con las recomendaciones de expertos urbanistas traídos de Caracas, quienes después de una serie de estudios planificaron construir una ciudad moderna y de estructuras antisísmicas por las características de la zona.

     Una protesta unánime surgió de las viejas generaciones que estaban dispuestas a reconstruir sus casas a expensas de su dinero.
El Gobierno creó una Junta Pro-Reconstrucción de El Tocuyo, la cual se encargó de administrar los considerables recursos aportados por Institutos Oficiales, empresas privadas y hasta donaciones que llegaron de los países vecinos.
     El Ministerio de Obras Públicas empezó a enviar tractores, grúas, palas mecánicas, etc. para los movimientos de tierra y empezaron la triste faena demoledora.

     Al empezar a derribar las casas se presentaron escenas impresionantes porque muchas familias eran obligadas a desalojar sus ruinosas viviendas que todavía utilizaban y salían llorando porque no tenían otro techo para guarecerse.
    Los tractores arrasaban cuanto encontraban a su paso y caravanas de camiones transportaban los escombros de la ciudad hacia un sitio llamado Las Llanadas.
Aquel movimiento de maquinarias hacía un ruido ensordecedor que aturdía a la gente.
       De inmediato el Gobierno empezó a construir barracas provisionales en las afueras de la ciudad para reubicar a los afectados por la tragedia, eran manzanas de viviendas contiguas con techos de láminas de zinc y armazones de tirantes de madera.

      A manera de que fueron construidas se ocuparon con los más urgidos de alojamiento. Al principio reinó una satisfactoria tranquilidad pero finalmente sus ocupantes se encontraban incómodos con el hacinamiento y empezaron a quejarse de tal incomodidad.

     Diariamente se formaban riñas entre los vecinos por los más insulsos motivos y los hombres nos hacíamos de la vista gorda porque para nosotros el caso tenía un aspecto diferente.
El terremoto había destruido nuestras fuentes de trabajo y la ociosidad nos inducía al consumo del licor.
      Por las noches nos reuníamos a tomar aguardiente en cualquier barraca vecina hasta el amanecer, pero un día nos informaron que el único edificio que había resistido a la sacudida del terremoto sin dañarse era el Club Concordia.
     El Comando de la Guardia Nacional instaló en el patio interior una enorme carpa de lona para los recursos de emergencia.
Se propagó la noticia y muchas personas sin ser miembros del Club empezaron a visitarlo con anuencia de la Directiva y al cabo de algún tiempo lo convertimos en lugar de tertulias donde pasábamos cordiales momentos improvisando sarcásticos epigramas, mordaces chistes y hasta coplas salpicadas de vulgaridades y ofensas.
     Yo fui el principal timonel de aquellas reuniones con las que tratábamos de mitigar la angustia en que vivíamos, los demás fueron los doctores José Rafael y Crispiniano Colmenares Peraza, Jesús María Montesinos, Carlos Rivero Carrasco, Chucito Colmenares, Jesús Morillo Díaz, Raúl Colmenares y José González.
      Muchos de ellos recuerdan con cariño aquellos simpáticos momentos y recitan de memoria los versos que improvisábamos en la euforia de la bohemia saboreando la nostalgia del pasado.
Nuestra asistencia nocturna era puntual y nos divertíamos hasta la hora de regresar a nuestras barracas.
     Un día se apareció José González llorando como un niño y nos participó que al día siguiente sería demolido el Templo de la Concepción y aquella noticia enardeció los ánimos de los presentes porque se trataba de la joya colonial más querida de la ciudad.
Para calmarnos nos informó que los ingenieros habían realizado un levantamiento de sus estructuras para reconstruir el Templo exactamente igual.
     Al calor de nuestro disgusto constituimos un Comité de Amigos de la Tradición de El Tocuyo presidido por José González que era el más ferviente celoso del patrimonio de la ciudad.
Nos trasladamos a la Iglesia, amarramos un cabestro del badajo de la campana mayor de la torre y pasamos tocando dobles, desde el suelo, en señal de duelo que significaba la desaparición del Templo Matriz.
     Era impresionante el tañer de la campana que repercutía en los ámbitos lejanos y las mujeres se ponían a llorar desconsoladamente.
     Al día siguiente, antes de la demolición de la Iglesia, hice un dibujo del Templo en ruinas y lo pegamos en la portada de un Libro de Actas que compramos para hacerlo firmar por los testigos presenciales del memorable acontecimiento, y al amanecer lo entregamos al Presidente del Concejo para que fuese conservado en los Archivos Municipales, el cual lamentablemente desapareció misteriosamente.
     Un grupo de bomberos llegó al Templo con sus equipos de trabajo y exigió a los curiosos retirarse para evitar tragedias.
    La multitud se divertía con las maniobras espectaculares de los bomberos saltando sobre las paredes ruinosas y amarrando cuerdas de acero en las cúpulas que al ser tiradas por los tractores caían al suelo como gigantescos pedazos de queso.

DESPUÉS DEL SISMO

Dedicado al Dr. Juan Ramón Barrios, con 
motivo de su sentido Vals “Pueblito Colonial”

El sol horrorizado en las colinas
se asoma a ver el trágico escenario,
es un montón de escombros y de ruinas
de un histórico pueblo centenario.

El río con sus corrientes cristalinas
corre igual por su cauce milenario
pues huyeron las pardas golondrinas
que rondaban tus viejos campanarios.

Pero a pesar de todo tú no has muerto,
surge del melancólico desierto
el brote azul de nuevas ilusiones.

Y tienes que vivir mientras exista
el alma soñadora de este artista
que te arrulla con versos y canciones.
El Tocuyo, 1951

Aquella sucesión de acontecimientos adversos torpedearon el rumbo normal de mi vida y me dejaron un trauma psíquico que me afectó por muchos años. A pesar de que fueron restableciéndose las actividades de la ciudad, yo persistía vagabundeando como sonámbulo por los arrabales y fraternizaba con gente desconocida.
Me entregué a la bebida diaria irresponsablemente con el consiguiente sufrimiento de mi familia, sobre todo de mi esposa que asumía los deberes hogareños.
Ella soportaba en silencio mi reprochable conducta y trataba de disimular mi consuetudinaria bohemia.
A su familia le molestó tanto mi degenerada actitud que llegó el momento que fue aconsejada de que me planteara el divorcio porque me consideraban un caso perdido.
Por fortuna y para bien de nuestros hijos, esperó resignada mi regeneración.

lunes, 29 de julio de 2019

EL TERREMOTO DE EL TOCUYO ..“HOY LA LUNA PARECE UN DOBLÓN DE ORO…” Por José María Giménez

EL TERREMOTO DE EL TOCUYO
Autor : Jose Maria Jimenez
   
  En los apuntes autobiográficos del artista José María Giménez, el reconocido tocuyano narra con mucha intensidad los acontecimientos que rodearon ese suceso que trastocó su vida y la de muchos habitantes de esa colonial localidad. A partir de ese momento El Tocuyo cambió radicalmente y surgió prácticamente de entre las ruinas.
Compilado por Freddy Jiménez

EL TERREMOTO: “HOY LA LUNA PARECE UN DOBLÓN DE ORO…”
Por José María Giménez

     La tarde estrenaba un cielo tan profundamente azul que no había una nube que se atreviera a enturbiarlo. Un calor sofocante fermentaba del suelo y un silencio agorero rondaba por los cerros vecinos.
    El viejo reloj del Templo de San Francisco languidecía de angustia en su incansable contar de los minutos y las golondrinas se paraban sobre sus agujas adelantando la hora de las cinco de la tarde.
Hacía pocas horas mi esposa Carolina había llegado de Humocaro Alto con nuestros hijos para disfrutar en El Tocuyo las vacaciones escolares. Se alojó en una pequeña vivienda en el barrio El Calvario que yo le había comprado a mi madre cuando recibí la herencia de mi tío Altidoro para que contara donde vivir. Carolina me dijo que su propósito era aprovechar el tiempo visitando a nuestros amigos y hacer un recorrido por el pueblo conociendo los monumentos coloniales.
De acuerdo a nuestro itinerario bajamos la colina de El Calvario hacia la ciudad extendida en el valle, silenciosa y tranquila. 
    Fuimos a casa de don José Antonio “Toño” Tovar Lozada, mi amigo de la infancia con quien compartí los inocentes juegos infantiles en el Barrio Abajo. Hombre de empresa y de importantes iniciativas, quien prestó a la ciudad servicios invalorables como presidente del Concejo y fue útil a la comunidad como ciudadano trabajador.
     Después visitamos la casa de José González, un tocuyano de cepa, preocupado por las reliquias, tradiciones y fechas aniversarias de la ciudad, quien en su juventud se vio obligado a ayudar a sus padres con trabajos ordinarios, etapa que superó cuando fraternizó con los intelectuales, quienes despertaron su vocación periodística y fue corresponsal de “El Nacional” por muchos años.
Fuimos a la casa de Federico Peraza Yépez, mi inolvidable amigo de farras bohemia a quien aprecié mucho por su capacidad intelectual y su afecto por su ciudad nativa. Escritor de brillante inteligencia que tuvo el honor de acompañar al poeta Roberto Montesinos en sus labores en la Dirección de su famosa publicación “La Quincena Literaria” donde colaboraron los más importantes escritores de la nueva retoñada de intelectuales.

     Finalmente visitamos la casa de Robiro Asuaje, periodista de inagotable vena humorística, nativo de Boconó, arraigado a El Tocuyo como hijo adoptivo, donde fundó un honorable hogar, cuya capacidad intelectual llenó un largo período de gracia festiva y sana ironía con su célebre semanario “Morisquetas”, esperado con satisfacción por el público todos los domingos a las primeras horas de la mañana. Compartimos con él y nos contó chistes que tenía a flor de labios y al despedirnos nos aconsejó amarráramos a los muchachos que nos acompañaban a fin de no se nos extraviaran en el camino.

       En seguida comenzamos a visitar los lugares históricos y monumentos coloniales que mi esposa no conocía porque llegaba a El Tocuyo de paso.
El Convento de Los Ángeles, construido para sede de la Cofradía Religiosa de los Padres Franciscanos. Esta reliquia colonial ha servido, al pasar del tiempo, de asiento de diferentes instituciones: A inicios del siglo XIX se instaló allí el Colegio Nacional de El Tocuyo, luego sirvió de Cuartel Militar, posteriormente sede del Poder Civil; a partir de 1948 fue albergue del Colegio Federal, que luego sería llamado Liceo “Eduardo Blanco” y en la actualidad “Casa de la Cultura”, donde están instaladas varias instituciones culturales y artísticas que enaltecen la ciudad. Es un majestuoso edificio colonial que abarca media manzana y es la única reliquia cuatricentenaria que resistió la acometida impetuosa del terremoto, quedando intacta.
Fuimos a las Ruinas del Templo de Belén y mi esposa se impresionó por el estado de abandono en que se encontraba aquella reliquia colonial, siempre convertido en refugio de mendigos y dementes, abandonado a su suerte desde hace muchos años a pesar de haber sido declarado Monumento Nacional por Decreto del Gobierno Nacional.

      Al fin llegamos al Templo La Concepción, invalorable joya colonial de maravillosos altares labrados en madera dorada al fuego. En el centro del Altar Mayor reposa la imagen de la Sagrada Inmaculada Concepción, preciosa escultura tallada en España y donada por el Rey Felipe Segundo en la colonia a la ciudad de El Tocuyo en reconocimiento a su lealtad al reino.
Carolina llegó hasta el atrio del Templo porque sintió un vago temor de que las naves se les vinieran encima en un presentimiento de tragedia. De allí salió impresionada de ver aquella imponente construcción de calicanto y resolvimos salir presurosos a nuestra casa de El Calvario donde mi madre nos esperaba.

     Nos encaminamos a nuestra casa y por la calle comentamos las diversas impresiones recibidas en nuestro trayecto. Cuando pasamos por la casa de mi amigo Rubén Lozada recordé que tenía que terminar de pintarle un paisaje empezado, en el día anterior, en un separador del corredor de la casa. Me despedí de mi señora y le dije que yo llegaría más tarde a la casa porque necesitaba terminar mi compromiso. 
       Allí me encontré con mi fraternal amigo Federico Peraza; Rubén salía de viaje para Acarigua para llevar unos encargos de cajas de cocuy, producto del alambique “San Antonio” que administraba propiedad de su suegro Don Juan Isidro Mambel. Antes de abordar la camioneta nos regaló un litro del famoso producto para que nos divirtiéramos mientras yo terminaba mi obra. Le exigí que me acompañara y entablamos una cordial charla amenizada de anécdotas y chistes mientras se deslizaba el tiempo sin darnos cuenta.
Al cabo de algún tiempo Federico se despidió de mí porque tenía otros compromisos que cumplir, lamentando su ausencia ya que “todavía nos quedaba mucha conversación”, refiriéndose al litro que estaba casi entero.
      Como a la media hora de encontrarme solo sentí un leve estremecimiento de tierra seguido de un sordo ruido subterráneo que parecía falsear los cimientos de la casa.
Previniendo lo que seguidamente acontecería salté al patio descubierto para protegerme de una nueva sacudida, cuando en efecto un temblor más prolongado que el primero me obligó a separar las piernas para no perder el equilibrio.
     Fue cuando presencié impávido que en un acto de heroísmo increíble una mujer del servicio atravesó el corredor dando traspiés, penetró en un cuarto y sacó entre sus brazos una niña llorando que dormía en una cuna. Había salvado una vida inocente porque al poco rato se vinieron abajo las techumbres estrepitosamente.
Yo por temor a un nuevo sacudimiento esperé un poco y de repente en una audaz determinación de vida o muerte brinqué el portón pasando el zaguán, descorrí el cerrojo y salí corriendo como alma que lleva el diablo.
Encontré mucha gente despavorida en sentido contrario, a quienes no hacía caso por la urgencia de saber de los míos.
En mi barrio encontré a mi madre, mi esposa y mis hijos sanos y salvos, sentí una gran alegría. Al llegar me derribé al suelo acezando de cansancio y mi esposa me trajo un vaso de agua que casi no podía tragar.
Cuando me serené dirigí una mirada a la ciudad duramente golpeada por la naturaleza y me impresionó ver que de los escombros de sus ruinas se levantaba una enorme columna de polvo que parecía un gigante hongo de una explosión atómica.
Desde temprano los hombres y las mujeres no cesaban de contarse mutuamente el sitio y lo que estaban haciendo en el momento que se sintió el terremoto.
Cuando el manto del obscuro anochecer cubrió la ciudad observamos que el servicio del alumbrado público había sido interrumpido porque los cables de los postes se reventaron cuando éstos se vinieron abajo.
Una menuda lluvia empezó a caer del encapotado cielo recrudeciendo la situación de angustia de la ciudadanía.
Yo me vi obligado a sacar de mi casa en ruinas una mesa de comer, la cubrimos por los lados con frazadas y metimos a nuestros hijos que titiritaban de frío.
Cuando escampó un poco una multitud de vecinos sacó de una Capilla cercana una Imagen de Santa María de la Cabeza y salió en romería por las calles del barrio, la gente se reunía a su alrededor ofreciéndole promesas y prendiéndole velas para que se aplacara los temblores que se repetían a cada momento.
Mi esposa se acercó a la Virgen, se santiguó y de rodillas le suplicó que interviniera ante el Todopoderoso y con voz alta le decía:
- Virgen Santísima, no lo haga por nosotros que somos pecadoras, hágalo por esos niños que son inocentes.
Y ellos asustados debajo de la mesa repetían:
- Nosotros somos inocentes, nosotros somos inocentes.
Cuando la romería se alejó con su séquito de devotos se escuchaba a lo lejos el rumor de las interminables oraciones y el barrio quedó desamparado de la protección divina.
A medianoche se acercó a nuestro grupo familiar un amigo borracho tambaleándose con un litro de cocuy en la mano, brindando a diestra y siniestra, y diciendo que era un aliciente para reconfortar el espíritu.
Yo me tomé varios tragos y cuando el licor me estaba haciendo efecto me acosté en el suelo, húmedo todavía, y me puse a mirar el cielo estrellado y tratando disimular el nerviosismo me puse hablar tonterías propias de mi estado.
Queriendo echar un chiste dije:
- Hoy la luna parece un doblón de oro con que nos paga la naturaleza los sustos que hemos pasado.
Alguien consideró de mal gusto el desplante mío y me dijo:
- Amigo, hay que conformarse con los designios de la naturaleza.
Al poco rato me dormí profundamente y por la madrugada me despertaron sobresaltado los gritos histéricos de mujeres que pregonaban en voz alta los detalles de la tragedia.
Yo fui de los primeros en abordar un Jeep de unos amigos con el que recorrimos las pocas calles que se podían transitar, porque estaban obstaculizadas por los escombros de las ruinas.
Muchas bodegas volcaron sus estanterías y armaduras sobre las aceras, donde se veían dispersos sus artículos de la venta diaria y sus dueños estaban empezando a recoger los regueros.
Muchas casas desplomadas fueron abandonadas por sus ocupantes por temor a nuevos movimientos de tierra. Esta circunstancia dio oportunidad a los rapaces que andaban apropiándose de lo ajeno y el Gobierno se vio precisado a ordenar estricta vigilancia en los lugares fáciles de robar.
A los pocos días empezó la emigración de las personas, cuyas viviendas quedaron inhabitables, a los pueblos vecinos.
Las Autoridades Sanitarias ordenaron la instalación de Alcabalas Móviles con brigadas de enfermeras que se ocupaban de vacunar a cuanto salían de El Tocuyo a objeto de controlar la propagación de epidemias.
Interminables colas de camiones y automóviles cargados de familias, útiles caseros y hasta animales domésticos salían en dolientes caravanas hacia otros lugares.
A nuestra casa en ruinas acudieron el día siguiente familiares que nos ofrecieron ayuda y alojo en Barquisimeto mientras se normalizara la situación.
Aceptamos la generosa sugerencia y nos sometimos a nuestra condición de tránsfugas de nuestra querida ciudad.
Para nosotros era un sacrificio acostumbrarnos a vivir bajo techo ajeno y soportar con paciencia las travesuras de nuestros pequeños hijos.
Cuando salíamos por las calles en grupos éramos objeto de la curiosidad pública y escuchábamos que la gente decía con lástima:
- Esos deben ser damnificados del terremoto de El Tocuyo.
Pasado algún tiempo mi esposa se fue a su trabajo docente en el campo en el caserío La Mesa y yo decidí regresar al foco de los acontecimientos.

domingo, 21 de julio de 2019

Las Pretensiones de Felipe Von Hutten de despoblar a El Tocuyo y el fatídico encuentro con fundador Juan de Carvajal 1546

   .El conquistador  Felipe Von Hutten pretendio  despoblar a El Tocuyo 
Felipe Von Hutten

 Felipe de Utre o bien Felipe von Hutten y en alemán: Philipp von Hutten fue un explorador, descubridor y conquistador que participó con el rango de capitán entre 1535 y 1538 en una exploración a Tierra Firme, financiada por la familia Welser en busca de oro

A finales de 1540 fue nombrado por Carlos I de España como teniente general de la Provincia de Venezuela y al mismo tiempo como teniente de gobernador de Coro. Al regresar de una segunda expedición que dirigió entre 1541 y 1546, fue derrotado, capturado y decapitado por su enemigo Juan de Carvajal que ocupara en forma interina como gobernador

El banquero y acreedor alemán Von Hutten al ver que España pretendía ponderase del territorio que España había dado en garantía a los alemanes ; dicho banquero  quería despoblar El Tocuyo y llevarse otra vez la gente a Coro. Juan de  Carvajal se opuso a las intenciones de Von Hutten, y mientras ambos discutían, Bartolomé Welser VI "el Joven" —hijo de Bartolomé Welser V "el Viejo"— quien acompañaba a Von Hutten, le dio a Carvajal con el palo de la lanza y lo tiró en el barro.

Acto seguido, los soldados expedicionarios desarmaron a los de Carvajal y se fueron a Coro, llevándose armas y caballos de aquellos que estaban con Carvajal. Este convocó a los suyos y salen contra von Hutten. Al caer la tarde, los alcanzaron en el camino en lo que hoy se conoce como cacerio “Aleman” cerca de Quibor Vuelven a producirse los insultos y las amenazas. Carvajal ordenó a sus hombres que decapiten a Von Hutten, a Bartolomé Welser y tres españoles más del escuadrón de los alemanes. Luego, Carvajal regresó a El Tocuyo.
Luego a Carvajal es arrestado y ajusticiado en la horca de lo que fue  un chivo expiatorio del imperio para quedar bien con los Welse aleman segun es injustamente por que para españa a parti de ese hecho historico retomo definitivamente el nominio del territorio d Venezuela hasta 1810 que se declara la independencia 


miércoles, 5 de diciembre de 2018

El Tocuyo en el lente de Elio Otaiza ...fotografo documentalista

  La fotografía larense tiene en Elio Atilano Otaiza Fuentes (Bejuma, estado Carabobo 1916-Caracas 1976), uno de los más importantes fotógrafos documentalistas y sociales del estado y de Venezuela. Su obra fotográfica la desarrolla entre 1936 y 1973. El periodo idílico de las interminables fiestas que deslumbraban a Barquisimeto, tiene en Elio Otaiza a su más preclaro documentador.

     Según me narró su hijo, el profesor Edgar Otaiza Vásquez, su familia se trasladó de Bejuma en la década de 1920 y aquí su padre realizó sus primeros estudios. Hijo de odontólogo, Elio Otaiza se hizo práctico dentista. Como plaza amorosa que Barquisimeto ha sido, en 1939 contrajo matrimonio con Ángela Vásquez y tuvieron seis hijos.



Antes del casorio, a la par de su desempeño como técnico dental en un dispensario cercano al Parque Ayacucho, se había hecho fotógrafo y tesorero de la Sociedad Divina Pastora.
En 1945 disponía de un foto estudio en su residencia ubicada en la calle 24 entre 20 y 21, el cual luego trasladó a la carrera 19 entre calles 30 y 31.
Elio Otaiza 
Fotógrafo Documentalista

Su dedicación lo llevó al desarrollo de una práctica y conocimiento del proceso fotográfico que depuró constantemente: existen copias de gelatina y bromuro de plata de su autoría, identificadas primeramente con su firma, luego con un sello, atribuido al consabido mediecito. Todos los originales permanecen impecables a pesar del tiempo, conservadas adecuadamente.

En 1949 trabaja como reportero gráfico en la corresponsalía de El Nacional junto a Arístides Bastidas y como tal realiza fotografías del terremoto que asoló a El Tocuyo en agosto de 1950. Junto a Francisco Villazán fueron los primeros en llegar a la ciudad devastada y juntos también, exhibirían con premura, poco más de una semana después, cien fotografías del suceso, exposición que tuvo lugar en los salones de la librería “Santos Luzardo” del poeta tocuyano Antonio Castellanos. Este evento fue reseñado en la edición del 12 de agosto del diario Última Hora.

En 1952, en ocasión de celebrarse el cuatricentenario de Barquisimeto, elaboró junto al maestro José Requena un gran mapa mural del estado Lara, expuesto en la feria de entonces, donde fotografía y pintura ilustraban regiones y lugares de la geografía larense.

Esta obra es de paradero desconocido, pero se encuentra documentada en la prensa local.
Ese año fue contratado por Taormina Guevara como fotógrafo de su naciente Academia de Arte y Ballet Infantil, ubicada frente al Parque Ayacucho, algunas de ellas coloreadas por el señor Arends, según dejan ver las originales que conservaba María Teresa Álvarez, madre de la bailarina, las cuales cedió en vida a la Fototeca de Barquisimeto.

La Academia siempre se preció de contar con fotógrafos “oficiales” o de planta, de la cual Otaiza sería el primero. Para el momento cambió la “i” latina de su apellido por una “y” que supongo artística: Otayza aparece rubricado al extremo izquierdo de la obra. Todas las fotografías realizadas por Otaiza del Ballet son extraordinarias.

En 1955, estuvo presente en el acto mediante el cual se creaba la Sociedad Amigos de Barquisimeto, registró el acontecimiento y realizó una impresión heroica que engalanó su sede.

Guillermo Morón recuerda el día que su madre rompió un prolongado luto y llamó a su amigo Otaiza, quien rememoraría el momento en un hermoso retrato familiar.

Sus fotografías sociales, englobando festejos de toda índole, el mundillo de los clubes sociales, la fotografía familiar, las bodas, los personajes de la farándula local y retratos, representan documentos invaluables para la historia regional. Quien quiera conocer cómo era Barquisimeto en la década de 1950, la puede conocer a través de la obra de Elio Otaiza.

Aparte de llevar una vida social cónsona con sus registros, fue rosacruz, masón, tesorero de la Sociedad Divina Pastora; miembro fundador del polígono de tiro y del Foto Cine Club Barquisimeto. Además de político. Recuerdo que caminando por los alrededores de mi casa materna, lo vi pasar, con dos parlantes sobre el techo de un escarabajo, convidando a votar por él y Cruzada Cívica Nacionalista, partido del pérezjimenismo.

En 1969 resultó electo diputado por el estado Lara al Congreso Nacional y formó parte de la Comisión de Asuntos Indígenas que presidía Germán Borregales. Esta comisión conformó un grupo expedicionario que recorrió el Amazonas. A su regreso a Caracas el “diputado-fotógrafo” como lo apodaban, presentó la exposición “Indígenas del Amazonas”, conformada por 127 originales, en blanco y negro, formato 50 x 60 centímetros, cuya inauguración tuvo lugar el miércoles 25 de junio de 1969, en el propio Congreso Nacional.
Una posterior muestra en 1972, le permitió exhibir una nueva selección de diversos lugares de la geografía nacional, compuesta por 76 originales en color que denominó “Elio Otaiza fotografías”. Esta sería una muestra excepcional puesto que indagaría con el color, ya que toda su obra fotográfica anterior había sido en blanco y negro.

Las fotografías presentadas para la venta fueron adquiridas en su totalidad por el propio presidente de la Comisión, Germán Borregales.

Disuelta Cruzada Cívica Nacionalista, se unió a las filas del MAN, pero problemas de salud lo llevaron a retirarse de la política y de la fotografía. Poco después, el 25 de diciembre de 1976 muere en Caracas.