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domingo, 2 de febrero de 2020

Feria de Industrias Femeninas Regionales en El Tocuyo 1932; propuesta de eminente periodista Agustín Gil Gil

Agustin Gil Gil
PERIODISTA 
    Un 25 de septiembre de 1932, Agustín Gil Gil   periodista político y de gran representación de la    sociedad tocuyano ,muy poco nombrado y que fe miembro de varias comisiones y organizaciones municipales como la junta pro-celebración de cuatricentenario de la ciudad y de tambien la camara municipal; publico en el periódico “El Arado, escribió un articulo titulado “SEMBRANDO IDEAS”, donde le propone al Centro Social organizan una feria de industrias femeninas regionales. 

“...en el cual puedan concurrir todas las mujeres del distrito que elaboren algún producto de posible aprovechamiento comercial tales como amasijos, pastelería, confitería, frutas en conserva, flores naturales, de papel, tela y cera, tejidos, bordados, camisas, corbatas, etc. Conviene que todo se ofrezca en venta a precios regulares para poder conseguir fines prácticos...” 
(El Arado N.64.Año 1932) Periódico redactado en El Tocuyo

    Agustín Gil Gil, pensaba que la región tenía suficientes productos que podían ser aprovechadas para la comercialización en otras latitudes nacionales, y que dicho productos podían explotarse mediante compañías anónimas o con otros nombres.

      Pensaba además que, este tipo de mercancías podían llevarse a la capital o al Táchira por el sur con bastantes posibilidades de éxito. Todas estas ideas  tomadas por intuciones municipales locales y en especial  por el Centro Social de Damas que para esa fecha tenia un sentido de pertenencia y arraigo por novedosos proyecto de desarrollo local; y de u
na vez  dicho proyecto fueron comprometidos a diversos sectores de la sociedad morandina, pero muy especialmente a la población femenina.

lunes, 2 de diciembre de 2019

Licdo. Antonio J. Saldivia Landaeta; Un Tocuyano ... 📝 y el mundo de la PALEOGRAFÍA


Técnico especialista en transcripción de documento antiguos 
    
✅ ¿Qué es la paleografía?

  📌 “La paleografía es la disciplina que estudia la historia de la escritura (y en particular de la escritura a mano) en su diferentes fases, las técnicas empleadas para escribir en distintas épocas, el proceso de construcción de los testimonios escritos y, en fin, los productos mismos de tal proceso, particularmente en su aspecto gráfico, ya se trate de libros, inscripciones, documentos o escritos de naturaleza individual o privada”, Armando Petrucci. 

     Las grafías antiguas y su relación con el estudio de la historia”,  señalo que la paleografía debe ser entendida como la disciplina que estudia las escrituras antiguas, y con la cual se desentrañan no sólo la escritura ajena a nuestro tiempo sino que nos hace asequible el conocimiento para saber cómo se vivía en otra época.

     En palabras según mi criterio “ la paleografía de documentos –en esta ocasión, de los manuscritos novohispanos de índole administrativa, jurídica, política y religiosa–, permiten al investigador de la historia adentrarse y dilucidar ciertas prácticas sociales y culturales de la época virreinal, en otras palabras, al leer lo escrito en el pasado se genera conocimiento que se transforma en ventanas que permiten ver otros periodos y comprender y transformar nuestro presente. Asimismo, reiteró que al plantear la historia y la paleografía para interactuar en el presente y el pasado, se despierta en los estudiantes el interés por conocer cómo se vivió cierto proceso histórico y, sobre todo, descubrir por qué se vive actualmente de determinada manera, puesto que, mediante la historia se intenta explicar el presente”.

    En El Tocuyo tenemos una gran cantidad de manuscritos y varios volúmenes originales del ARCHIVO HISTORICO DEL REGISTRO PUBLICO DE LA CIUDAD, uno de las más antiguos del país  de la época colonial al resguardo del SAREN.

    Para hacer comprensible su contenido, hay que hacerse  una serie de preguntas: ¿Cuándo y dónde se escribió el documento? ¿Quién lo escribió? ¿Por qué se escribió? ¿Para qué se escribió? ¿Cuál es el discurso? Al contestar esas interrogantes –manifestó– se tiene un acercamiento inicial al corpus documental y una primera interpretación
La paleografía debe ser aplicada de manera interdisciplinaria; así, junto con la historia, la antropología, la sociología, la etnología, se tendrá un panorama completo de lo que acaeció en el periodo que se desea comprender.



✅ La transcripción documental y algunas técnica para trabajar 

    El desaliento de algunos investigadores al asumir la tarea de transcripción llega a tal intensidad, que muchos de ellos toman la decisión de desechar la fuente documental que consultan, habida cuenta de no poder acceder a su contenido; dado lo difícil y complejo que pueden resultar muchos manuscritos en términos de su correcta legibilidad. Hay quienes para solventar este escollo no rechazan el documento, sino que vista la imposibilidad de transcribirlo por sí mismos, recurren a la ayuda del especialista paleógrafo o del transcriptor experimentado. Otros investigadores –por fortuna los menos– sencillamente desisten del tema que escogieron inicialmente, y enfilan sus intenciones hacia otra área temática menos problemática y exigente en lo tocante al manejo de los manuscritos; principalmente los de vieja data (siglos XVI y XVII).

   Siendo la necesidad de comunicación algo inherente al ser humano en lo individual y en lo colectivo, parece obvio que se agenciaran por su parte los medios más expeditos para lograr la mayor fluidez en este propósito. Así, el afán de comunicación jalonará siempre el progreso, y el intento es fácil detectarlo: el pápiro, el cálamo y la tinta fueron ayer lo que es hoy el mensaje computarizado, y ambos medios con un mismo fin, según vemos.

  En cualquiera de estos casos, es evidente el cúmulo de problemas que debemos enfrentar y resolver en nuestra tarea de búsqueda de información documental; ya sea para corroborar datos ofrecidos por otros investigadores o para nuestro propio consumo, en la consecución de lo que nos pueda interesar en el desarrollo de nuestro tema de investigación. Ahora, tal conjunto de dificultades no siempre están presentes –con la misma intensidad– en una determinada colección documental que en otra, pues ello variará dependiendo del término cronológico del manuscrito, la escritura empleada, el estado de conservación de los folios y hasta la misma organización y servicio del archivo donde se localiza la fuente.
+  De tal manera que –en términos generales– se pueden estimar estas dificultades en dos tipos, a saber:
 A. Dificultades externas a la escritura.
 B. Dificultades internas a la escritura.

✅ DIFICULTADES EXTERNAS A LA ESCRITURA

     La escritura, considerada quizás el invento más grande del hombre, ha avanzado de manera vertiginosa en lo que concierne a los medios utilizados en su confección y en su difusión; a tal punto que la información escrita se transmite hoy día a velocidades que se miden en millonésimas de segundos entre el ente emisor y el receptor, lo cual no es otra cosa que una demostración palpable del avance científico alcanzado por el hombre en los años recientes. Esencialmente, tal comunicación fue siempre, desde los tiempos remotos, asunto de la mayor importancia, tal cual lo constituye hoy día, con la notable diferencia, comparativamente hablando, de lo complejo y dificultoso que debió resultar para el hombre en ese pasado remoto, el poder perpetuar su memoria con el empleo de signos ideográficos y posteriormente con la invención y adopción de sistemas de escrituras basados en abecedarios.


    Desde tiempos remotos, el hombre procuró perpetuar esa comunicación por vía de la exposición de escenas de caza y de guerra sobre piedra. Los egipcios, expertos en el uso de una extensa simbología, usaron como soportes para dejar memoria de sus vidas una amplia aplicación de jeroglíficos tanto en papiros, como esculpidos o pintados en sus palacios, templos y tumbas. Los romanos, por su parte, hicieron de las tablas de cera, delgadas pieles y el mármol, los materiales sobre los cuales reseñaron sus hechos. Dejando de lado toda consideración sobre el lenguaje escrito que no tenga como soporte el papel, conviene precisar cuáles son los elementos que constituyen lo que he dado en llamar dificultades externas a la escritura. Refieren al estado físico del documento, su debido resguardo y las posibilidades existentes en los repositorios para consultar sin mayores trabas las colecciones de manuscritos que queremos revisar.

    Vale decir, todos aquellos aspectos relacionados con el correcto resguardo de la fuente, en procura de ofrecer el mejor servicio a quien consulta. Es lógico pensar que luego de tantos años de haber sido producidos, los manuscritos antiguos se resientan y muestren, muchos de ellos, evidencias palpables del rigor del paso del tiempo, al observarse el estado material lamentable en el cual se encuentran; circunstancia esta que tiene como elemento catalizador el poco o ningún cuidado que los responsables de la custodia y preservación de estos papeles han demostrado, para la debida salvaguarda de estas colecciones. Manuscritos de los siglos XVI y XVII muestran tales signos de apolillamiento, al extremo de que valiosas piezas como el primer Libro de Actas del Cabildo de Caracas (años 1573-1602) deja ver un tremendo agujero al centro de sus folios, imagen más que demostrativa de cómo se fue dejando “para después” la solución al avance de este terrible flagelo documental. Obviamente, esta es una tremenda dificultad al momento de intentar la lectura y debida transcripción de un escrito como ese u otro en similar estado; dificultad que como podemos apreciar nada tiene que ver con la escritura allí elaborada, pues más bien forma parte de esos aspectos relacionados con el estado material del soporte de esa escritura.

    En ese mismo orden, cabe mencionar que al igual de lo pernicioso que resulta el trabajo de estos agentes animales al corroer con su acción depredadora al documento, también es de suma gravedad el resultado que en muchos manuscritos antiguos ha dejado el empleo de tintas con alto grado de acidez o alcalinidad, que al correr del tiempo han vulnerado fatalmente la consistencia del papel, dejando como resultado grandes “quemaduras” sobre este soporte y en consecuencia sobre lo escrito en él; al extremo de que solamente es posible observar grandes manchas oscuras en muchos renglones escritos, con mayor presencia en aquellas letras que presentan rasgos gruesos.

Documental durante el extenso período de dominación monárquica en América, e inmediatamente caeremos en cuenta de la diversidad de modos de escribir que coexistieron; aún tratándose de la utilización de tipos únicos de escritura, que como bien sabemos fueron tres: cortesana, procesal e itálica con las variantes correspondientes a cada una de ellas.

       De igual consideración y por tanto con la misma dificultad para su correcta lectura, en el traspaso de la tinta de un folio hacia otro, bien tratándose del anverso hacia el reverso, o de una página hacia otra, con la consecuencia de que los trazos de las letras de lo escrito en un lado, se confunden con los trazos de las grafías elaboradas en el otro lado. En sentido contrario, aunque también resulta un obstáculo para la debida comprensión de lo que está escrito, nos encontramos con grafías por demás débiles en su confección, entendiendo por ello la presencia de escrituras sumamente borrosas, huidas, de poca firmeza en su trazado, dado que para su elaboración probablemente se utilizaron tintas cuyos ingredientes carecían de la debida calidad de impresión, y por lo tanto no representaba ninguna garantía de perdurabilidad.

      También las roturas y mutilaciones de los documentos, hecha de manera intencionada o no, constituyen serios problemas para el transcriptor dado que ello no permite la comprensión cabal del texto, más aún si del legajo o expediente se han extraído o extraviado partes contentivas de información importante, como por ejemplo la fecha del escrito, firmas y nombres de personas o lugares, que probablemente no logremos ubicar en otra parte del texto. Queda a criterio del investigador, para solventar un tanto esta carencia, andar con mucho cuidado en el movedizo terreno de la especulación, pero siempre con las debidas advertencias del caso.


✅ DIFICULTADES INTERNAS A LA ESCRITURA

 El producto del acto de escribir está constituido por una especie de tarjeta de presentación, que refleja la característica resaltante de individualidad que identifica a la persona generadora del escrito. Salvo en los casos de aquellas escrituras sometidas a pautas precisas y únicas para su elaboración, lo que las hace siempre iguales aún en los casos de ser facturadas por personas distintas, ha de tenerse presente que este acto es muy personal y por tanto con peculiaridades muy propias de quien lo realiza.

Visto así, el análisis al cual deben ser sometidas estas grafías distintas para su debida comprensión y consecuente lectura, debe basarse principalmente en el estudio de las particularidades de cada caso, de cada escrito, pues sus características son únicas y dicen bastante del tipo de letra empleada, ya angulosa, ya redonda, de la firmeza del instrumento de escribir sobre el papel y de la dirección que se le imprime al manuscrito. A los efectos de esta valoración, y antes de exponer cuáles son las dificultades internas a la escritura, conviene señalar el significado de tres elementos que se aplican en la técnica paleográfica y que forman parte de su terminología:

  • Caja del renglón
  • Ducto 
  • Canon.

       Caja del Renglón
    Está constituida por dos líneas paralelas imaginarias, dentro de las cuales discurre la escritura. La aplicación de este medio de análisis nos permite precisar la dimensión de las letras, en el entendido de poder apreciar así, de una parte, la diferenciación de ellas entre minúsculas y mayúsculas, y de otra parte distinguir más efectivamente los trazos correspondientes de una o varias letras en específico. De este modo, será posible ver más claramente todos aquellos aspectos relacionados con la morfología de las letras, ligazón entre palabras y dirección de los rasgos ascendentes, descendentes o envolventes cuando estos afectan alguna palabra o palabras que se encuentren en los renglones precedentes o siguientes. Es decir, en muchos casos la lectura del manuscrito se torna mucho más difícil, si el ejecutante hizo uso de una escritura sobrecargada de trazos y rasgos a veces superfluos, que sólo con la suficiente paciencia podemos abordar con éxito su correcta lectura.

     
    En términos resumidos, de acuerdo con su dimensión o tamaño, encontramos que las letras están clasificadas en mayúsculas y minúsculas, entendiendo que las primeras son aquellas que conservan una misma altura con respecto a la caja del renglón, siendo su uso arbitrario en muchos documentos, al no sujetarse su aplicación a reglas fijas: “...En cuanto a su empleo, este se reserva, si nos atenemos a las actuales normas de ortografía al inicio de un escrito o después de un punto que cierre una oración, inclusive, tras el uso de los signos de interrogación o admiración. En los documentos antiguos donde no encontramos fijadas tales normas, las letras mayúsculas asumen generalmente la función de siglas; esto es la palabra o palabras consignadas sólo con su letra inicial, pero es de advertir, además, que este tipo de letras suelen aparecer caprichosamente en medio de una dicción dando lugar a confusiones, sobre todo en el modelo de letra procesal, cuya modalidad consiste en anular las diferencias arriba indicadas de los grafismos...”1

    En cuanto a las letras minúsculas, se les reconoce como bien sabemos por ser de menor entidad o tamaño que las mayúsculas. Estas letras poseen dos formas básicas: cortas y largas, siendo las primeras las que constituyen el llamado “cuerpo de la escritura”, el cual queda conformado por las letras que son trazadas dentro de las dos líneas paralelas imaginarias que forman la caja del renglón, por lo cual normalmente ninguno de sus trazos sobresale de esa dirección. Estas minúsculas cortas son las vocales a, e, i, o, u y las consonantes m, n, r, s, v, x.


     En cuanto a las formas de las letras estas dependerán totalmente, como es obvio suponer, del esmero o descuido que el ejecutante haya puesto en su elaboración. Igualmente se supone que este acto tiene como finalidad la de que se pueda leer lo que está escrito, mas pareciera no ser así en todos los casos, puesto que son innumerables los folios manuscritos donde se aprecia que la intención del que escribió hubiese sido la de presentar un escrito enrevesado, muy complejo y por tanto lleno de dificultades para su debida lectura. De acuerdo con el trazado de las letras, estas recibían el nombre de sentadas o redondas cuando su reproducción dejaba ver el mayor cuidado y atención, teniendo estos caracteres cierto grado de belleza y limpieza de lo escrito. En cambio, aquellas escrituras hechas descuidadamente, denotan apresuramiento en quienes las ejecutaron, siendo su característica resaltante el alto grado de cursividad aplicado, sobre estos dos tipos de letras, dice Agustín Millares Carlo que las primeras ”...corresponden a los códices o libros manuscritos, en tanto que las últimas son propias de documentos que se caracterizan por prevalecer en ellos los enlaces de letras...”, y agrega el citado autor: ”...que las influencias de un modelo escritural sobre otro, dio como resultado una escritura mixta que se le da el nombre de semicursiva, que también fue profusamente empleada en la producción de fuentes históricas”2.

    Respecto a las minúsculas largas, se denominan así porque sus trazos ascendentes o descendentes sobresalen de la caja del renglón, dándose el caso de letras de este tipo que pueden presentar en su elaboración ambos trazos, como es el caso de la letra f y a veces de la letra h. Se consideran en el grupo de las altas a las letras h, d, t, l, f, en tanto que las bajas son: y, p, f, z.

      Ducto:
  cuyo significado literalmente es el de guía o dirección. Así entendido, es claro que tal palabra también implica intencionalidad, propósito, es decir, hacia dónde se dirige la acción, que en nuestro caso alude al hecho de la elaboración de la escritura. Como componente de la terminología paleográfica, el ducto significa la manera particular que cada persona da a su propia escritura, es decir, sus peculiaridades, en el entendido de cómo se dirige su propia manera de escribir, la cual es una y única, asaz personal, y en cualquier caso, distinta en muchos aspectos con la producida por manos diferentes:

   Ello constituye una identificación particularísima, donde los giros, rasgos envolventes, trazos ascendentes y descendentes y tamaño de las letras, adquieren una facturación muy propia de quien elabora el escrito, se trata, en resumen: “...del carácter peculiar que cada persona da a sus escritos, que no es otra cosa que la morfología que tiene cada escritura, se pueden encontrar escrituras donde abundan los rasgueos iniciales o finales en cada renglón, otras cuyos elementos son menudos y apretados, también con sus letras muy inclinadas y por último, grafismos que no guardan un paralelismo uniforme dentro de la caja del renglón al acusar en su ejecución una asimetría degenerativa de los caracteres del alfabeto...”3.

   Tanto el término Ducto como el de Caja del Renglón, son expresiones técnicas usadas en Paleografía para precisar – según hemos visto – el movimiento, volumen y firmeza de cada escritura personalizada. Esto es, que lo tenue o fuerte de los rasgos y el uso de elementos decorativos o sin valor, se apreciarán mejor si tomamos en cuenta los términos ya enunciados.


    Canon :
    En la paleografía técnica se utiliza la expresión Canon para significar la existencia de una escritura que para su elaboración se siguieron pautas o normas precisas. De allí que cuando se emplea el término “escritura canonizada” se hace para señalar la presencia de un modelo escritural o modelos escriturales, que aún siendo ejecutados por manos diferentes expresan en la confección de sus grafismos similitudes notables. Se trata de seguir patrones únicos en la ejecución de lo escrito, es decir, siempre se empleará el mismo trazo para un determinado grafismo, lo que haría que el diseño de la letra conserve la misma relación modular (proporción entre altura y anchura), su firmeza y dirección. Generalmente, son tipos de escrituras muy bien cuidadas, resultantes de un tra bajo hecho con esmero, y sin apresuramiento; salvo en aquellos casos donde es observable el paso degenerativo de un modelo hacia otro, como ocurre en el tránsito de la escritura cortesana hacia la escritura procesal. Expuestos resumidamente estos tres elementos de análisis que forman parte de la terminología paleográfica, conviene ahora hacer referencia a lo que en su conjunto he denominado dificultades internas a la escritura, que en esencia representan los obstáculos más comunes que debemos solventar para lograr una efectiva lectura y consecuente transcripción de los documentos que consultamos. Tales dificultades internas se pueden apreciar en unos escritos más que en otros y ello obedecerá, sin dudas, al carácter particular que se imprimió a cada ejecución.
   De allí que podamos ver documentos donde abundan los enlaces indebidos entre palabras, lo que a su vez suprime el abuso en el empleo de abreviaturas; así como también habrá otros manuscritos donde serán escasos esos enlaces indebidos, pero en una elaboración donde se notará el empleo de rasgos inútiles, sin valor alguno, dentro de la escritura.

 Esencialmente, se pueden agrupar estas dificultades en:

 A. Exagerada presencia de abreviaturas.
 B. Enlaces indebidos entre palabras.
 C. Utilización de rasgos inútiles.
 D. Elaboración exagerada de las grafías (trazado exagerado de las letras).
 E. Similitud en el trazado de letras de distintos tipos. Cada uno de estos cinco puntos, representan particularmente una dificultad a superar en la tarea de transcripción, la cual se agudizará si dentro del escrito

miércoles, 2 de septiembre de 2015

El ser Cronista de la ciudad Una vocación...

Lic. Antonio J- Saldivia Landaeta

 ...Evocar el pasado
para comprender el futuro..

 El oficio del cronista 
concierne al mundo de lo  tradicional 
en el sorprendente contexto local de el hecho cotidiano,
 el suceso y lo socio cultural de un pueblo..
Consultando el diccionario de la enciclopedia Altlas Encarta 2005 encontramos que : 

Cronista 
 
Autor de una crónica o el que tiene por oficio escribirla.
Historiador, historiógrafo, si se trata de una crónica (historia).

    La primera Crónica escrita en lengua Castellana la ordena componer el rey Alfonso X “El Sabio”, un excelente obra literaria de valía excepcional por ser la primera historia de España escrita en lengua romance. Según nos refiere El Dr. Fortunato Gonzales el dice: “Esta crónica constituyen hoy la fuente principal de el conocimiento de los sucesos del pequeño mundo local y regional. 

    Los cronistas oficiales aparecen en las cortes españolas en el siglo XIV, pero es Jerónimo Zurita con su anales de la corona de Aragón en 1547; siete años después de la Fundación de la ciudad de El Tocuyo cuando se realizaron las primeras crónicas con manejos objetivo de la documentación que recopila...

La situación de los cronistas deben cabalgar entre la historia y la crónica como genero periodístico, porque comparte con la primera su evocación por lo acontecido y con la segunda su sensibilidad por la cotidiano... El cronista hace Historia porque se ocupa de narrar con respecto del orden de los tiempos y al tomar nota de lo que sucede en el presente lo hace con vocación de historiador, mas no le es permitido quedarse solo con  lo que a juicio merece conservarse en la memoria sino la visión critica y objetiva de los hechos..

La misión de el Cronista es la narración cronológica de los acontecimientos contemporáneos, Y además la evocación de lo que también fue suceso en el pasado que ahora es historia..El cronista tiene la mándala de la memoria colectiva..
Los pueblo y las ciudades tienen cada uno su acervo, un patrimonio que forma lo que se conoce como identidad y es el cronista que lo da a conocer y siembra ese amor ...para convertidlo en lo que se conoce como CULTURA...

La crónica municipal tiene ahora un papel universal  porque será la mejor garantía de la preservar la identidad cultura de nuestro pueblo, en contraposición de las transculturizacion de este mundo posmodernista que,  aniquilar la memoria y tradición colectiva local ...

ANTONIO JOSE SALDIVIA.
antoniojsaldivia@gmail.com
PUBLICADO EN EL DIARIO EL IMPULSO 2007

lunes, 28 de julio de 2014

Jose de la Cruz Limardo Medico y pintor, lucho en la guerra de la independencia en El Tocuyo

     
Jose de la Cruz Limardo Villanueva

  Reseña : Licdo Mg. Antonio Jose Saldivia Landaeta ®

  📌 Hijo de Jacinta Antonia Villanueva y Antonio José Limardo, ebanista de origen florentino que hizo trabajos para la Catedral, el Ayuntamiento, el Convento de Carmelitas y el Tribunal del Real Consulado de Caracas. Los primeros estudios de José de la Cruz los realiza en casa de la madre de José Manuel Zerazo. A los siete años, en 1794, entra en el colegio seminario que dirigía fray Francisco Andújar donde se distingue en dibujo. Limardo recuerda en sus Memorias que se ocupaba de copiar planos de casas que incluso llegaron a construirse, "me ensayé en el dibujo de arquitectura y quedó en mí con esto despierto el genio para este bello arte" (1949, p. 393). Camino a su colegio Limardo recuerda que pasaba por las "casas de los pintores", en el barrio de San Pablo, en la actual esquina de La Gorda: allí conoce al maestro Antonio José Landaeta, a su hermano, al maestro Juan José, al célebre Marcos [Pompa], a Maximiano Ochoa y a Ramón Zurita a quienes ayudó a preparar colores. Limardo asiste al maestro Landaeta en las pinturas de las Monjas Concepciones y San Pablo.

    En 1799 estudia latín como discípulo del vicerrector interino del Seminario, el Dr. José Antonio Montenegro, a quien solía "llevarle frutas pintadas del natural, pájaros en actitud de picar frutas, flores y además alguna lámina o cuadro sacado de las actuales traducciones de Virgilio u Horacio", como un cuadro de Títiro y Melibeo "según los pinta con sus ganados Virgilio en su égloga" (op. cit., p. 394). Escenas de gusto clásico como éstas sólo han sido encontradas en decoraciones murales como las realizadas en la Casa de Boves en Villa de Cura (Edo. Aragua), a finales del siglo XVIII. También realiza como parte de sus trabajos por esos años dibujos para bordados de trajes en muselina, sedas y paños de lana (op. cit., p. 396). En mayo de 1803 entra al curso de filosofía en la Universidad de Caracas, estudia física y matemáticas con instrumentos y dibuja un plano de Caracas que se adelanta al que realizará José Juan Franco para el Cabildo en 1811. Mientras sigue su carrera, Limardo entra con la ayuda del presbítero José Cecilio Ávila a la Academia de Dibujo de Onofre Padroni, "romano de mucha moral y de suma destreza y gusto en la pintura", a quien pagaba seis pesos mensuales. Al poco tiempo, Padroni lo deja continuar sin cobrarle y lo toma como ayudante en pinturas y dibujos. Ambos pintaron las casas de Urbina y del marqués del Toro. Posiblemente también sería llamado a pintar zócalos estarcidos en compañía de sus maestros los Landaeta y Padroni. Entre los condiscípulos de Padroni, Limardo menciona a Juan Lovera.


     Después de cerrarse la Academia, hacia 1805, Limardo sigue sus trabajos, ensaya el retrato en miniatura sobre marfil entre 1806 y 1810, copia el que el maestro Landaeta había realizado del padre Pedro Palacios y Sojo y realiza otros como el de la esposa de Isidoro Quintero, Miguel Barrera, y, en 1807, el de Mr. Punet, un comerciante de Saint Thomas (islas Vírgenes), y hace de memoria uno de Mr. Denker, un célebre flautista, también comerciante de la isla antillana. En 1808, también de memoria, retrata en una caja de rapé al gobernador de Curazao, lord Coburn, a quien había conocido en Maiquetía (Edo. Vargas). Limardo recibe el grado de filosofía el 20 de julio de 1807 y se matricula en medicina, carrera que concluye en mayo de 1810. Ese mes Limardo parte hacia Barquisimeto a encargarse de negocios familiares, pero los avances de Domingo Monteverde, ya en marzo de 1812, lo hacen retirarse a El Tocuyo. En diciembre va a Caracas y se une a las tropas de José Félix Ribas como edecán. Llega a ser secretario de Tomás Lander en Caracas. 
    
      En mayo de 1814 se embarca hacia Curazao, donde ejerce la medicina y realiza varios retratos, entre ellos el de Merced Jugo, Juanita Carvelo, Marthey Rap, la esposa de Juan Elizondo, Dolores Freites y los de algunas damas inglesas, entre ellos la Coronela y Miss Graen, a quien da clases de dibujo. En sus Memorias comenta que desde 1815 le habían sido ofrecidos salvoconductos que no había aceptado, pero la Gazeta de Caracas del 2 de agosto de ese año publica una carta que le envía a Lorenzo Lasa donde habla contra los "fanáticos republicanos" agregando su deseo de regresar. Sin embargo, Limardo sigue hacia Santo Domingo el 25 de noviembre, después que Curazao pasa a manos de los holandeses, allí realiza dibujos de plantas, que regala a Carlos Bertero y recibe el título de médico que no había podido formalizar en Caracas por los avatares de la guerra. Limardo ejerce en Santiago de los Caballeros, luego pasa a Jacmel y Los Cayos en 1821. En Jacmel retrata a Ignacio Ramón Briceño Méndez y, en Los Cayos, a Madama Núñez y a Ignacio Requena y su esposa en miniaturas para medallones. Limardo regresa al país en junio de 1822, llega a Maracaibo, se dirige a Escuque (Edo. Trujillo) y luego a Guanare. En El Tocuyo realiza algunos retratos. En 1829 acompaña a Agustín Codazzi por algunos pueblos y, en enero de 1834, se encuentra en Caracas y se ofrece como médico en la calle del Triunfo, 181 (Gaceta de Venezuela, 7 de junio de 1834).

      Limardo estrecha su amistad con el entonces presidente de la República, José María Vargas, su antiguo condiscípulo, pero después de la Revolución de las Reformas en 1835 que expulsa a Vargas del poder, regresa a Carora. Limardo herborizó muestras, como la Bignonia ophtalmica, que enviaba a Vargas, ya en Caracas, después de su breve exilio en Saint Thomas (islas Vírgenes). También clasifica y estudia especies como la Cinchona tocuyensis. En 1838 descubrió restos de un cuadrúpedo aparentemente antediluviano y envía a Vargas un diente. Hacia 1843 (dos años después de la muerte de Lovera), Limardo escribe sus Memorias. Jose de la Cruz Limardo fallece el 23 de mayo de 1851, en la ciudad que lo acogió El Tocuyo,

 Desafortunadamente ninguna de sus obras ha sido identificada o encontrada, pero el legado escrito de Limardo es de gran trascendencia para reconstruir la actividad artística venezolana de comienzos del siglo XIX.